Dependiendo de la comunidad autónoma, los temas se estructuran completos o en epígrafes.
Aquí te ofrecemos este tema bajo el formato de 3 epígrafes, como se hace en Castilla La Mancha, listo para que lo imprimas y puedas estudiártelo.
TEMAS QUE VAMOS A DESARROLLAR |
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9.1. La novela en los años cuarenta: novela nacionalista, existencial y tremendista. 9.2. La novela de los años cincuenta: el realismo social (Camilo José Cela y Rafael Sánchez Ferlosio). 9.3. La novela de los sesenta y principios de los setenta (Luis Martín-Santos y Miguel Delibes) |
9.1. La novela en los años cuarenta: novela nacionalista, existencial y tremendista
La Guerra Civil (1936-1939) marcó una fractura traumática en la narrativa española. La desaparición de maestros como Unamuno o Valle-Inclán y el exilio de figuras como Sender o Max Aub condenaron al país a un "páramo literario" definido por la censura y el aislamiento. La producción de esta década bascula entre la propaganda del régimen y una respuesta subjetiva que retrata la miseria espiritual de la posguerra.
- La novela nacionalista y de la Falange
Surge para legitimar el nuevo orden mediante un maniqueísmo radical y una prosa que recupera el realismo decimonónico o la épica imperial.
- Ideología: Exalta la guerra como "Cruzada" y defiende los valores del nacional-catolicismo. Es una narrativa de certezas y colectividad que ignora deliberadamente la realidad social.
- Autores y obras: Destacan La fiel infantería de García Serrano (que combina la exaltación falangista de la guerra con un estilo fragmentario y vanguardista, en el que la violencia se presenta como experiencia heroica y fundacional) y Madrid, de corte a checa de Agustín de Foxá (que ofrece una crónica ideologizada del conflicto, en la que la caída del viejo Madrid aristocrático se narra con una prosa esteticista y un marcado maniqueísmo político). Cabe señalar que autores como Gonzalo Torrente Ballester (con Javier Mariño) intentaron inicialmente una épica falangista que pronto derivaría hacia el escepticismo ante el vacío creativo del entorno.
- Camilo José Cela y la estética del tremendismo
En 1942, la publicación de La familia de Pascual Duarte rompe la atonía literaria. Cela inaugura el tremendismo, una selección estética de la fealdad que entronca con la tradición más negra de España: desde la picaresca y las Pinturas Negras de Goya hasta el esperpento de Valle-Inclán.
- Técnica y determinismo: Mediante el recurso del manuscrito hallado, el autor se distancia de la moral de su protagonista. Pascual, un campesino que narra su vida (en primera persona) desde la cárcel (bajo el marco de la memoria confesional), actúa bajo un determinismo biológico y social del que no puede escapar. El tremendismo hace una selección deliberada de lo más cruel y degradante de la realidad, encarnada en personajes gobernados por el instinto y el fatalismo, que revela una concepción pesimista de la condición humana.
- Estilo: Su prosa destaca por una aspereza léxica rica en términos rurales, convirtiendo la violencia en una lupa microscópica sobre una realidad deformada.
- Carmen Laforet y la novela existencial
En 1944, Nada (Premio Nadal) desplaza el foco de la violencia externa a la angustia interior.
- El realismo de la desolación: Andrea, la protagonista, llega a una Barcelona fantasmagórica, marcada por la pobreza, la degradación moral y la falta de sentido. Frente a la crudeza de Cela, Laforet emplea una prosa impresionista y un tono melancólico para retratar la degradación de la pequeña burguesía. La novela destaca por su solipsismo, entendido como el repliegue del individuo en su propia conciencia, incapaz de establecer una relación auténtica con el mundo exterior, lo que se traduce en la sensación de extrañeza, aislamiento y vacío vital. Así, Andrea vive una existencia dominada por la atonía y la pasividad, en la que, finalmente, no ocurre nada significativo.
- Contexto europeo: Esta corriente, en la que se inscribe también La sombra del ciprés es alargada de Miguel Delibes, conecta con el existencialismo de Sartre o Camus: el individuo se siente un extraño en un mundo absurdo.
- La censura y el tránsito al realismo social
Resulta esencial entender que estas novelas funcionaron como críticas indirectas del sistema. Al poner el acento en la marginación y la fragilidad del individuo, desmentían implícitamente la imagen triunfalista que el régimen pretendía imponer. Por ello, la censura —en especial la de carácter eclesiástico— las hostigó por su supuesto inmoralismo y por un pesimismo incompatible con el ideal de la llamada “España azul” (La familia de Pascual Duarte fue censura, provocando la “auocensura”, introduciendo Cela la figura del narrador‑editor, que afirma haber eliminado fragmentos del manuscrito por resultar “demasiado repugnantes”, o haciendo que el propio Pascual reconozca que omite hechos que le provocan “arcadas en el alma”).
Conclusión
La narrativa de los cuarenta comienza con el autoengaño de la novela nacionalista, pero claudica ante la realidad a través del enfoque subjetivo de la novela tremendista. Esta década actúa como un eslabón imprescindible: la novela existencial descubre la angustia del "yo", y sentará las bases para que el Realismo Social de los cincuenta denuncie la injusticia del "nosotros".
9.2. La novela de los años cincuenta: el realismo social (Camilo José Cela y Rafael Sánchez Ferlosio)
La década de los cincuenta marca el tránsito del "yo" angustiado de la posguerra al compromiso ético con el "nosotros". En un contexto de leve apertura exterior (entrada en la ONU) y una censura que se vuelve más previsible, surge la novela social. El escritor abandona la introspección para convertirse en testigo o "notario" de una realidad marcada por la pobreza, la injusticia, la falta de libertad y la parálisis social.
- La obra puente: La colmena (1951) de Camilo José Cela
Publicada inicialmente en Buenos Aires para sortear la censura española, La colmena es el eslabón imprescindible entre el existencialismo y el realismo social. Ambientada en el Madrid de la inmediata posguerra, refleja una sociedad marcada por la miseria, la falta de libertad y la parálisis moral.
Mediante la técnica del caleidoscopio (visión fragmentaria y múltiple de la sociedad a través de escenas y personajes diversos), con un protagonista colectivo (más de trescientos personajes) y una estructura fragmentaria en “celdillas” (escenas breves y fragmentadas que construyen el relato como un mosaico), Cela retrata la mediocridad, el egoísmo y el hambre del Madrid de 1943.
Como innovación, introduce una reducción temporal (apenas tres días) y espacial, donde el individuo se diluye en la masa. El narrador adopta una mirada aparentemente objetivista, aunque a menudo irónica y cruel, que refuerza la denuncia social. Por su técnica, lenguaje coloquial y voluntad crítica, la obra inaugura el realismo social en la narrativa española.
- Las dos vertientes del realismo social
La crítica distingue dos actitudes fundamentales ante el hecho narrativo:
- El Realismo Objetivista o neorrealista (conductismo): El autor actúa como una cámara cinematográfica que registra solo lo externo (comportamientos y palabras), sin juicios ni análisis psicológicos, lo que implica la desaparición del narrador omnisciente tradicional. El referente absoluto es El Jarama (1955) de Rafael Sánchez Ferlosio. Su gran hallazgo es el diálogo magnetofónico, una reproducción fiel del habla coloquial que, a través de la aparente intrascendencia de una excursión de unos jóvenes al río Jarama, culminada con la muerte accidental de una de las chicas, revela el vacío vital, la falta de horizontes y el estancamiento de la juventud de la época.
- El Realismo Crítico (compromiso): Aquí la denuncia es explícita y clara la intención de transformar la sociedad. Esta narrativa se centra en el mundo del trabajo y el suburbio, abordando las injusticias económicas y sociales con una finalidad de concienciación. Obras como Central eléctrica (1958), de López Pacheco, que crítica el falso mito del progreso industrial y de la deshumanización del trabajador, o La mina (1960) de López Salinas. que denuncia la explotación y las duras condiciones de vida de los mineros, ejemplifican esta voluntad de utilizar la literatura como un instrumento de denuncia social y de concienciación política.
- Estética y referentes internacionales
Esta narrativa se aleja del "bello estilo" en favor de la eficacia comunicativa. Los autores de la llamada Generación del Medio Siglo recibieron influencias decisivas del neorrealismo italiano (la mirada hacia lo popular) y de la técnica norteamericana del punto de vista objetivo de Hemingway y el montaje colectivo de Dos Passos.
Junto a los autores citados, este grupo se completa con figuras de enorme calidad técnica:
- Ignacio Aldecoa: maestro del relato breve y la novela social, destacó por retratar los oficios y la dignidad de los humildes con un estilo sobrio y de gran precisión. Obras como El fulgor y la sangre (1954) o Gran sol (1957) muestran una mirada humanizadora sobre soldados, marineros o trabajadores anónimos.
- Carmen Martín Gaite: En Entre visillos (1958, Premio Nadal), analiza con agudeza la opresión y el vaciamiento vital de la mujer en la burguesía de provincias, mediante una prosa contenida y una atención especial al diálogo cotidiano.
- Juan García Hortelano: En Nuevas amistades (1959), disecciona el vacío moral y la falta de compromiso de la juventud acomodada, con un predominio del diálogo y una mirada crítica que se desprende sin intervenciones explícitas del narrador.
- Características técnicas transversales
Conclusión
La novela de los cincuenta supuso la socialización de la literatura. El escritor asumió una responsabilidad moral ante una sociedad silenciada, utilizando el realismo como testimonio ético. Este ciclo se cerraría en 1962 con la publicación de Tiempo de silencio, de Luis Martín-Santos, que demostraría que para denunciar una realidad compleja no basta con fotografiarla, sino que es necesario reinventar el lenguaje narrativo.
9.3. La novela de los sesenta y principios de los setenta (Luis Martín-Santos y Miguel Delibes)
En la década de los sesenta y primeros años de la del setenta, la narrativa española abandona el realismo social, agotado por su sencillez técnica, para iniciar una etapa de experimentación formal, que busca representar la complejidad de la conciencia y la realidad, no solo innovar formalmente. Este cambio está impulsado por el "desarrollismo" económico, la apertura del régimen y, fundamentalmente, por el impacto del "Boom" de la novela hispanoamericana (Vargas Llosa, García Márquez) y la influencia de autores europeos como Joyce, Proust o Kafka. La novela deja de ser un documento social para convertirse en un artefacto estructural complejo.
- El hito fundacional: Tiempo de silencio (1962)
La publicación de la obra de Luis Martín-Santos marca un antes y un después. Aunque mantiene un trasfondo de crítica social (el chabolismo, la mediocridad científica), lo revolucionario es su estilo culturalista y su ironía demoledora y ciertas innovaciones, como el monólogo interior, la digresión ensayística, el perspectivismo y un léxico riquísimo que parodia los registros épicos y científicos para retratar la degradación de la España del momento. El protagonista de la obra, Pedro, es un antihéroe derrotado por un entorno asfixiante.
- La experimentación técnica y estructural
La novela de esta etapa se define por la destrucción de la linealidad narrativa:
- Perspectivismo y voces: Se rompe la voz del narrador único. Aparece el uso de la segunda persona (narrador autodiegético) y el contrapunto, donde varias historias se cruzan sin previo aviso.
- Tiempo y estructura: El tiempo se fragmenta mediante el flashback y la elipsis, estableciendo estructuras circulares, de contrapunto (historias simultáneas) o caleidoscópicas, con múltiples personajes e historias entrelazadas. Las obras suelen presentarse en secuencias o bloques, sin capítulos tradicionales, prescinden de un desenlace cerrado.
- Los personajes suelen ser antihéroes, individuos en conflicto consigo mismos y con el mundo que les rodea, que buscan su identidad en una sociedad hostil. A menudo aparecen desorientados, frustrados o derrotados, lo que refleja la crisis existencial del ser humano en esta etapa.
- El lenguaje se vuelve autorreferencial: el autor experimenta con la sintaxis, elimina signos de puntuación y mezcla géneros (informes, publicidad)
- El lector cómplice: siguiendo la tesis de Julio Cortázar, la novela experimental exige un lector activo que debe reconstruir el "rompecabezas" de la trama.
- La evolución de los maestros: Miguel Delibes
Uno de los rasgos más interesantes de este periodo es cómo autores consagrados se suman a la renovación. Miguel Delibes alcanza la cumbre con Cinco horas con Mario (1966). Aquí podemos observar el empleo del monólogo interior (falsa segunda persona), a través del velatorio de Carmen a su marido Mario, Delibes despliega un flujo de conciencia que revela la mentalidad cerrada y puritana de la burguesía frente a los ideales de libertad de Mario. Es el retrato de las "dos Españas" en conflicto desde una técnica magistral. Luego, le seguirán otras obras interesantes, como Parábola del náufrago (que es una crítica a la deshumanización) o Los santos inocentes (donde funde la denuncia social con una estructura de salmo rítmico).
- La consolidación del modelo
En 1966, la renovación es total con obras como Señas de identidad de Juan Goytisolo, que destruye la estructura lógica del relato para buscar la identidad personal, o Últimas tardes con Teresa de Juan Marsé, que parodia los mitos de la burguesía catalana y el compromiso intelectual mediante una ironía brillante. No podemos olvidar a Juan Benet, quien en Volverás a Región lleva la experimentación al extremo, creando un universo mítico de gran complejidad lingüística.
Conclusión
La novela de los sesenta y principios de los setenta supone la mayoría de edad de la narrativa española contemporánea. Al recuperar la libertad formal y la profundidad psicológica, los autores demostraron que la crítica a la realidad era más eficaz cuando se hacía desde la complejidad artística. Este ciclo de "barroquismo" técnico empezará a declinar a mediados de los setenta, buscando una narrativa más centrada de nuevo en la historia.