Esta entrada realizará un exhaustivo análisis del soneto IV: "
Un rato se levanta mi esperanza" de Garcilaso de la Vega, uno de los sonetos más esenciales para entender su obra y el propio Renacimiento español.
En este sentido, es interesante detenerse en él porque se trata de un pequeño manifiesto de lo que será este período: en apenas catorce versos, Garcilaso de la Vega logra capturar el tránsito del hombre medieval, resignado a la suerte bajo un prisma teocentrista, al hombre moderno, de filosofía antropocentrista, capaz de desafiar al mundo con su propia determinación, fruto de una introspección agónica. Por eso la crítica establece que el soneto desarrolla el triunfo de la voluntad del poeta sobre el destino o Fortuna, es la cristalización de una subjetividad moderna que lucha entre la voluntad y el destino.
Dentro de este marco, siguiendo las tesis de Rafael Lapesa en "
La trayectoria poética de Garcilaso"
[Madrid: Alianza Universidad, 1986, pp. 58-63 y 172], en este soneto se observa que el poeta toledano introduce una novedad fundamental en la lírica castellana:
la observación del yo, la
autoscopia espiritual. Lapesa explica que Garcilaso inaugura en castellano la capacidad de dividir al "yo": uno que sufre y otro que analiza ese sufrimiento. Así es, aquí el sujeto lírico no solo padece el vaivén emocional, sino que lo razona. Esto lo toma de Francesco Petrarca, de la técnica denominada "
esame de conciencia" (examen de conciencia), pero eliminando la angustia religiosa y sustituyéndola por una melancolía puramente humana y laica. Y también vincula Lapesa esta observación del yo con el ideal de Castiglione en "
El Cortesano", donde el dominio de uno mismo pasa por el conocimiento exhaustivo de las propias pasiones. De este modo, ese "rato" de esperanza con el que se inicia el verso y el poema es una tregua mínima que la fortuna concede al amante para reflexionar, teniendo como fruto el reconocimiento de un "
cansancio" metafísico, de una fatiga del espíritu: ese
"hallo luego el camino tan cansado" no se refiere a una distancia física, sino a la extenuación de una voluntad que ha repetido el mismo error demasiadas veces. Es lo que la crítica especializada define como la
paradoja del amante petrarquista: la necesidad de seguir adelante sabiendo que el final es el "
daño". Esta paradoja, que autores como Mario Praz
[The Flaming Heart; essays on Crashaw, Machiavelli, and other studies in the relations between Italian and English literature from Chaucer to T. S. Eliot. New York: Doubleday Anchor Books, 1958] detallan como la estetización del conflicto y Rafael Lapesa como la lucha de una voluntad agotada, encuentran en el primer cuarteto del Soneto IV su expresión más depurada. No estamos ante un lamento, sino ante la exposición de una contradicción ontológica: el sujeto se sabe condenado al desengaño, pero la arquitectura de su deseo le impone un nuevo e inútil intento de ascenso.
Por otro lado, aunque es cierto que Garcilaso bebe de la idea del deseo como ascenso (Platón/Ficino), este le añade una capa de
escepticismo vital que algunos estudiosos, como Rivers, vinculan con su propia experiencia como hombre de armas y letras: alguien que conoce la brevedad de la vida y la fragilidad de las promesas.
Consecuentemente, al abordar el estudio del célebre inicio «
un rato se levanta mi esperanza», no deberá verse solo un verso endecasílabo, sino la representación gráfica de un movimiento anímico: la ascensión y la caída, un eje vertical que define toda la lírica amorosa del Renacimiento. Conviértese por ello el elemento temporal "
rato" en el núcleo del escepticismo garcilasiano, acota el bienestar a la insignificancia cronológica, preparando al oyente para la caída inmediata. Es la brevedad del
tempus fugit aplicada al sentimiento amoroso.
Teniendo en consideración estas cuestiones, habría que considerar que, para comentar este soneto con rigor, es imperativo aludir a la base ideológica que lo sustenta. No se entiende el conflicto de Garcilaso sin
la tensión neoplatónica: el deseo como ascenso hacia la belleza y la realidad material como lastre. En efecto, Garcilaso heredó la noción petrarquista del error consentido: el amante sabe que
el camino conduce al "daño", pero la inercia de su propio "cuidado" (la obsesión amorosa) le impide detenerse. Y esta lucha entre lo que el alma desea (el ascenso hacia la Belleza/Esperanza) y lo que la realidad impone (la caída/Cansancio) remite directamente a las teorías de Marsilio Ficino. Sin embargo, Garcilaso aporta un matiz de realismo psicológico propio del caballero renacentista: la aceptación de la derrota. Es lo que señala Elias Rivers: el poeta no busca una solución mística, sino que se limita a dar testimonio de su "
estado", una palabra clave que define la fijeza del sufrimiento frente a la mutabilidad de la alegría.
 |
| Imagen generada con IA Gemini |
Así, siguiendo la estructura interna del contenido, el poema se construye sobre la dialéctica de la esperanza y el cansancio, casi como un viaje psicológico, que comienza con la postración (la esperanza que "
torna a caer") para culminar en una resolución heroica y afirmativa.
La modernidad de Garcilaso, entonces, reside en esa autoconciencia: el poeta no solo sufre, sino que observa su propio sufrimiento con un escepticismo casi clínico.. Y es este recorrido el que separa a Garcilaso de sus antecesores, uniendo lo espiritual y lo tangible, de forma que el amor no es solo un ideal platónico de "
desnudo espíritu", sino una fuerza que reside en el hombre de "
carne y hueso": es la reivindicación de la humanidad completa.
Y, fiel al ideal de su tiempo, Garcilaso escribirá su poema con una sencillez aparente que esconde un dominio técnico absoluto (ajustándose a la "
sprezzatura" o elegancia natural" expuesta por Castiglione). Y, a la par, desarrollará una tensión dinámica que define su texto, pasando de la languidez inicial de los cuartetos a la energía asertiva de los tercetos, ajustando la forma al contenido. Ejemplo de ello es el uso del encabalgamiento (especialmente entre los versos 5 y 6), que no es un adorno métrico, sino una herramienta para que el oyente sienta físicamente la "
áspera mudanza" del dolor, o el desarrollo de los tópicos formulados, no como un motivo literario recurrente más, sino como una metáfora de su pasión interna. Así, el tópico de la Fortuna (la suerte que sube y baja en un rueda de incesante movimiento) es empleado para subvertirlo, destacando la lucha del individuo (él mismo) contra los obstáculos (los "
mil inconvenientes"), y terminando taxativo con la idea de que el compromiso amoroso es un desafio, es más fuerte que la "
prisión", que los "
montes" e incluso que la propia "
muerte" (idea que evolucionará luego al "
amor constante más allá de la muerte".
SONETO IV: “Un rato se levanta mi esperanza”, de Garcilaso de la Vega
Un rato se levanta mi esperanza;
mas, cansada de haberse levantado,
torna a caer, que deja, a mal mi grado, a mal mi grado = a mi pesar
libre el lugar a la desconfianza.
¿Quién sufrirá tan áspera mudanza
del bien al mal? ¡Oh, corazón cansado,
esfuerza en la miseria de tu estado, esfuerza = saca fuerzas, anímate
que tras fortuna suele haber bonanza! fortuna = adversidad
Yo mismo emprenderé, a fuerza de brazos,
romper un monte que otro no rompiera,
de mil inconvenientes muy espeso.
Muerte, prisión no pueden, ni embarazos, embarazos = obstáculos
quitarme de ir a veros como quiera, quitarme = impedirme
desnudo espíritu o hombre en carne y hueso. Este verso es traducción de otro de Petrarca
Garcilaso de la Vega
Para la realización de este comentario seguiremos el modelo establecido por José María Díez Borque
[Comentario de textos literarios. Método y práctica. Madrid: Playor, 1985].
ÍNDICE DEL COMENTARIO DEL SONETO |
1. Adecuación,
a. Localización y contexto.
b. El texto en sociedad.
I. El texto como producto de una clase social.
II. El texto como reflejo de la mentalidad y la cosmovisión (ideología).
III. El texto y su relación con el sistema de valores (éthos).
IV. El público receptor y el consumo literarios.
c. Análisis de los elementos de la comunicación.
d. Intencionalidad comunicativa y funciones del lenguaje.
2. Coherencia.
a. Tipología.
b. Resumen.
c. Argumento.
d. Tema.
e. Subtemas o motivos.
f. Estructura externa.
I. Rirmo de cantidad.
II. Ritmo de intensidad.
III. Rirmo de timbre.
IV. Ritmo de tono.
g. Estructura interna.
3 Cohesión.
a. Léxico.
b. Análisis de figuras literarias.
I. En el plano fónico-fonológico.
II.En el plano morfosintáctico
III. En el plano semántico.
|
1. ADECUACIÓN.
a. Localización y contexto.
Este poema es un soneto de Garcilaso de la Vega (1501‑1536), una de las figuras fundamentales del Renacimiento español. Su relevancia literaria se debe, en gran medida, a su decisiva contribución a la renovación de la lírica castellana, al incorporar de manera sistemática el endecasílabo italiano en diversas variantes y formaciones estróficas y los principios estéticos del petrarquismo, que transformaron de forma duradera la tradición poética castellana.
Como indicó el profesor Antonio Prieto [Ferreras, Juan Ignacio (dir.) Historia crítica de la literatura hispánica. Vol. 4. La poesía en la Edad de Oro (Renacimiento). Madrid: Taurus, 1988], Garcilaso trasciende la tradición del Cancionero para instaurar una nueva sensibilidad. Garcilaso no solo copia metros (endecasílabo, soneto, lira...), sino que importa una nueva cosmovisión: el Neoplatonismo (esa visión del amor como una fuerza que eleva el alma, pero que también genera melancolía por la inalcanzabilidad del objeto amado -Isabel Freyre como trasunto poético-); junto a una conciencia de la fugacidad del tiempo (Carpe Diem) y la presencia constante de la muerte. Por eso afirma que Garcilaso es el primer poeta español que logra una lengua poética que no parece lengua de laboratorio, sino expresión natural del sentimiento: "Si con Boscán estábamos en los principios de una ejemplar aclimatación de la nueva poesía, con su amigo Garcilaso hallamos la evocación de un mundo lírico y de una lengua poética a cuyo paso caminará largamente la poesía española. Era una lengua personal (su cancionero) y que como arte podía heredarse, con lo que los poetas españoles encontraron una lengua garcilasiana que unir a la petrarquista para dar uno de los más bellos sentidos al siglo XVI" (pág. 27).
Desde el punto de vista histórico y artístico, esta composición podemos situarla en el primer tercio del siglo XVI, en el contexto del reinado de Carlos V, etapa marcada por la difusión del Humanismo y el Renacimiento. Este movimiento propició una síntesis entre determinados valores heredados de la tradición medieval y una nueva concepción neoplatónica del amor y del ser humano, plenamente asumida por la lírica renacentista.