TEMAS QUE VAMOS A DESARROLLAR |
Argumentos lógico-racionales.1. Argumento de autoridad.Argumentos empiricos. 6. Argumento de hecho y datos estadísticos.Tópicos argumentativos o loci. 1. Tópico de utilidad o tópico preagmático.Apéndice. Falacias argumentativas comunes. 1. Falacia ad hominem o ataque personal. |
Esta entrada está encaminada a los alumnos de bachillerato y su preparación para la PAU/EVAU.
Antes de establecer la clasificación de los argumentos, conviene precisar el criterio metodológico que la organiza. En primer lugar, distinguiremos entre argumentos lógico-racionales y empíricos, por un lado, y tópicos argumentativos o loci, por otro. Esta distinción se apoya, ante todo, en la teoría de Chaïm Perelman y Lucie Olbrechts-Tyteca, quienes en el “Tratado de la argumentación: la nueva retórica” (Madrid: Gredos, 1989) sostienen que ningún discurso argumentativo opera en el vacío, sino sobre un fondo de acuerdos previos compartidos por el auditorio, bien los acuerdos relativos a lo real, que sirven de base a los argumentos empíricos: hechos, verdades aceptadas, datos verificables, estadísticas o testimonios contrastables; o bien los acuerdos relativos a lo preferible, que sustentan los valores, las jerarquías y los tópicos: lo útil, lo justo, lo tradicional, lo novedoso, lo mayoritario, lo excelente o lo moralmente deseable.
De Perelman y Olbrechts-Tyteca tomamos directamente la idea de que los tópicos no son datos ni pruebas en sentido estricto, sino lugares de preferencia: principios culturales que permiten ordenar lo valioso y orientar la adhesión del auditorio. En este marco se sitúan, entre otros, el tópico de la cantidad —que prefiere lo mayoritario o comúnmente aceptado—, el tópico de la calidad —que privilegia lo único, selecto o excelente—, el tópico de la tradición, el del progreso, el de la utilidad o el de la justicia.
La tradición aristotélica permite completar esta base teórica. En la Retórica y en los Tópicos, Aristóteles distingue los topoi —lugares comunes, premisas generales o esquemas de razonamiento aceptados por una comunidad— de las formas lógico-dialécticas de la argumentación, como el silogismo dialéctico y el entimema. Esta distinción resulta útil porque separa dos planos: el marco cultural de creencias compartidas y la estructura racional mediante la cual se enlazan premisas y conclusión.
En segundo lugar, para sistematizar los argumentos lógico-racionales y los empíricos, recurrimos principalmente a Douglas Walton y a Vincenzo Lo Cascio, cuyas aportaciones permiten diferenciar con mayor precisión entre esquemas argumentativos, datos probatorios y reglas generales de inferencia. Douglas Walton, uno de los autores fundamentales de la lógica informal contemporánea, estudia en “Argumentation Schemes” (Cambridge University Press, 2008) la estructura interna de numerosos razonamientos habituales en el discurso cotidiano, académico y periodístico. Sus esquemas de argumentación —como el argument from expert opinion o argumento de autoridad, el argument from analogy o argumento por analogía, y los argumentos causales o basados en indicios— muestran que estos razonamientos no se reducen a una simple acumulación de datos: poseen una organización propia de premisas, conclusión y preguntas críticas que permiten valorar su solidez. Vincenzo Lo Cascio, en “Gramática de la argumentación” (Madrid: Alianza Editorial, 1998), aborda el texto argumentativo desde una perspectiva lingüística y comunicativa. Su interés reside en que permite distinguir entre las reglas generales o principios compartidos —que a menudo funcionan como tópicos— y los argumentos concretos que aparecen formulados en el texto como razones, ejemplos, datos, causas o pruebas. Esta separación justifica metodológicamente que nuestra clasificación diferencie los argumentos lógico-racionales y empíricos de los tópicos o lugares de preferencia. Finalmente, añadiremos un apéndice dedicado a las falacias, apoyándonos en Frans H. van Eemeren y Rob Grootendorst, creadores de la teoría pragmadialéctica de la argumentación. En ”A Systematic Theory of Argumentation” (Cambridge University Press, 2004), ambos autores entienden la argumentación como un procedimiento orientado a resolver razonablemente una diferencia de opinión mediante una discusión crítica. Desde esta perspectiva, las falacias no son simplemente “argumentos falsos”, sino violaciones de las reglas que hacen posible una discusión racional. Así se explican, por ejemplo, la falacia ad hominem, que ataca a la persona en lugar de responder a sus razones; el muñeco de paja, que deforma la postura del adversario para refutarla con facilidad; o la falsa causa, que atribuye una relación causal sin justificación suficiente. Con esta fundamentación, la clasificación que sigue no pretende ser una lista cerrada de etiquetas, sino una herramienta práctica para analizar textos argumentativos: permite reconocer si una razón se apoya en una estructura lógica, en una prueba empírica, en un valor compartido o en un razonamiento falaz. Establezcamos, pues, nuestra clasificación.Clasificación práctica de los argumentos
La siguiente clasificación distingue tres grandes planos de la argumentación: los argumentos lógico-racionales, los argumentos empíricos y los tópicos argumentativos o loci. Los dos primeros funcionan como razones explícitas que pretenden demostrar, explicar o justificar una tesis; los terceros actúan como marcos de valores compartidos que orientan la interpretación del auditorio. A ellos se añade un apéndice de falacias, útil para reconocer razonamientos que parecen convincentes, pero que vulneran las reglas de una discusión crítica.
Argumentos lógico-racionales
Los argumentos lógico-racionales se basan en relaciones de pensamiento: semejanza, causa, consecuencia, oposición, inclusión, deducción o inferencia. Su fuerza no depende solo de que aporten información, sino de que exista un nexo coherente entre las premisas y la conclusión. Por eso conviene analizarlos preguntando si la relación que proponen es pertinente, suficiente y no contradictoria.
1. Argumento de autoridad
Definición. Se recurre al juicio de una persona experta, una institución solvente, una obra de referencia o un documento de prestigio para apoyar una tesis. La autoridad no sustituye al razonamiento, pero puede reforzarlo cuando la fuente es competente, imparcial y pertinente para el asunto tratado. En este apartado puede incluirse el llamado “argumento científico” cuando se apela al prestigio de la ciencia o de una comunidad investigadora reconocida.
Condiciones de validez.La autoridad debe ser especialista en la materia, la cita debe ser fiel, la fuente debe estar actualizada y no debe presentarse una opinión aislada como si fuera un consenso indiscutible. Ejemplo. «Como señala la Real Academia Española en su informe sobre el uso del español, la lengua cambia de acuerdo con las necesidades expresivas de sus hablantes».2. Argumento de semejanza o analogía
Definición. Defiende una conclusión trasladando la lógica de un caso conocido a otro que presenta una estructura semejante. No exige identidad absoluta entre los dos casos, sino una semejanza relevante para el punto que se discute.
Condiciones de validez. La comparación debe basarse en rasgos esenciales, no superficiales. Si las diferencias entre los casos son más importantes que las semejanzas, la analogía pierde fuerza. Ejemplo. «Si para dominar un instrumento musical se requieren años de práctica constante, tampoco puede esperarse que un alumno domine la sintaxis asistiendo a clase de forma intermitente».3. Argumento de causa y efecto
Definición. Establece una relación causal entre dos hechos: uno se presenta como origen, condición o desencadenante del otro. Puede formularse de manera fuerte —cuando se afirma una relación necesaria— o de manera prudente —cuando se habla de influencia, tendencia o probabilidad.
Condiciones de validez. Debe evitarse confundir sucesión temporal con causalidad. Para que el argumento sea sólido, conviene aportar datos, mecanismos explicativos o indicios suficientes que justifiquen la relación propuesta.
Ejemplo. «La precarización del empleo juvenil y el encarecimiento de la vivienda dificultan de manera directa la emancipación antes de los treinta años».
4. Argumento de ejemplificación
Definición. Ilustra una tesis general mediante uno o varios casos concretos. El ejemplo puede servir para aclarar una idea, hacerla más visible o mostrar que la afirmación defendida tiene una realización efectiva.
Condiciones de validez. El caso elegido debe ser representativo. Un ejemplo aislado puede resultar expresivo, pero no basta por sí solo para demostrar una regla general.
Ejemplo. «Los movimientos migratorios enriquecen culturalmente a los países receptores; basta observar la huella del exilio español en el desarrollo universitario de México».
5. Argumento por consecuencias
Definición. Defiende o rechaza una medida atendiendo a los efectos previsibles que puede producir. Es frecuente en textos de opinión, debates políticos y ensayos escolares, porque permite valorar una propuesta por sus resultados prácticos.
Condiciones de validez. Las consecuencias previstas deben ser verosímiles, relevantes y estar razonablemente justificadas. El argumento gana fuerza si explica el mecanismo que conduce de la medida propuesta a sus efectos y si considera consecuencias positivas y negativas, directas e indirectas. Pierde validez cuando exagera los resultados, presenta efectos meramente posibles como inevitables o incurre en una pendiente resbaladiza sin pruebas suficientes.
Ejemplo. «Si se reduce la lectura obligatoria a fragmentos inconexos, el alumnado perderá la capacidad de seguir una obra extensa y de interpretar su arquitectura global».
Argumentos empíricos
Los argumentos empíricos se apoyan en la constatación de hechos observables, datos verificables, documentos, testimonios o experiencias. Su fuerza persuasiva depende de la calidad de la prueba y de la fiabilidad de la fuente. No son irrefutables por naturaleza: pueden discutirse si los datos son incompletos, están descontextualizados o proceden de una fuente dudosa.
6. Argumento de hecho y datos estadísticos
Definición. Se fundamenta en acontecimientos comprobables, documentos, cifras, porcentajes, estudios o datos cuantitativos. Es uno de los argumentos más sólidos cuando los datos son fiables y se interpretan correctamente.
Condiciones de validez. Debe indicarse la fuente, el periodo de referencia y el contexto de los datos. Una cifra aislada puede ser persuasiva, pero también puede inducir a error si no se compara adecuadamente.
Ejemplo. «La tasa de abandono escolar prematuro en España sigue siendo un indicador relevante para evaluar la eficacia del sistema educativo y compararlo con otros países europeos».
7. Argumento de experiencia personal o testimonio
Definición. El emisor se presenta como testigo directo de lo que afirma. La experiencia personal aporta cercanía, verosimilitud y fuerza expresiva, pero tiene menor rigor demostrativo que un dato contrastado o un estudio amplio.
Condiciones de validez. Debe evitarse convertir una vivencia particular en regla universal. Funciona mejor como apoyo complementario que como prueba principal.
Ejemplo. «Tras años de docencia en Bachillerato, he observado que el comentario de texto mejora cuando se trabaja de forma gradual y no solo mediante ejercicios aislados antes del examen».
Tópicos argumentativos o loci
Los tópicos argumentativos no son pruebas en sentido estricto, sino lugares comunes de valoración. Funcionan como premisas implícitas que una comunidad suele aceptar: lo útil es preferible a lo inútil, lo justo a lo injusto, lo probado a lo incierto, lo nuevo a lo viejo o lo tradicional a lo improvisado. Su eficacia depende del auditorio, de la época y del sistema de valores compartido.
1. Tópico de la utilidad o tópico pragmático
Definición. Valora lo útil, eficaz, práctico, necesario o beneficioso frente a lo inútil, ineficaz, perjudicial o peligroso.
Condiciones de pertinencia. Resulta eficaz cuando la utilidad invocada es real, proporcionada y relevante para la tesis. Pierde fuerza si reduce toda valoración a la eficacia inmediata o si ignora dimensiones éticas, culturales o educativas que no pueden medirse solo por su rendimiento práctico.
Ejemplo. «Fomentar la comprensión lectora en Secundaria no es un lujo cultural, sino una herramienta necesaria para interpretar contratos, instrucciones, noticias y discursos públicos».
2. Tópico de la cantidad
Definición. Presenta como preferible lo mayoritario, frecuente, común o ampliamente aceptado. En esta variante se incluye a menudo la apelación al “sentido común”.
Condiciones de pertinencia. Es pertinente cuando la opinión o práctica mayoritaria constituye un indicio relevante para valorar una situación social. Pierde validez si se confunde lo frecuente con lo verdadero, lo mayoritario con lo justo o el consenso aparente con una prueba suficiente.
Ejemplo. «La mayoría de las familias considera que el hábito lector debe formarse desde edades tempranas; por eso la escuela no puede desentenderse de esa tarea».
3. Tópico de la calidad
Definición. Prioriza lo excelente, selecto, singular o bien elaborado frente a lo abundante, repetitivo o masivo. Funciona como reverso del tópico de la cantidad.
Condiciones de pertinencia. Funciona cuando la excelencia, la profundidad o la singularidad son criterios relevantes para el asunto tratado. Pierde fuerza si se convierte en elitismo injustificado o si desprecia sin razones lo común, lo accesible o lo compartido por muchos.
Ejemplo. «Es preferible que un alumno lea con profundidad tres obras fundamentales a que acumule resúmenes superficiales de veinte libros».
4. Tópico de la tradición
Definición. Defiende una práctica, institución o idea por su permanencia histórica, su continuidad cultural o su arraigo en la comunidad.
Condiciones de pertinencia. Es convincente cuando la permanencia histórica demuestra estabilidad, eficacia o valor cultural. Pierde fuerza si presupone que algo es válido únicamente porque siempre se ha hecho así, o si impide revisar prácticas injustas, ineficaces o anacrónicas.
Ejemplo. «La lectura pública y la recitación han formado parte de la enseñanza literaria durante siglos; recuperarlas puede reforzar la relación entre oralidad, memoria y comprensión».
5. Tópico del progreso o de la novedad
Definición. Valora positivamente lo nuevo, innovador, original o actualizado por considerarlo una mejora respecto de lo antiguo.
Condiciones de pertinencia. Resulta adecuado cuando la novedad implica una mejora demostrable, una adaptación necesaria o una solución más eficaz. Pierde fuerza si identifica lo nuevo con lo bueno de manera automática o si desprecia lo anterior sin analizar su valor.
Ejemplo. «La didáctica de la literatura debe incorporar entornos digitales si quiere dialogar con los hábitos culturales de los estudiantes actuales».
6. Tópico moral o ético
Definición. Presenta lo justo, digno, honesto o solidario como superior a lo meramente rentable, cómodo o conveniente.
Condiciones de pertinencia. Es pertinente cuando el valor moral invocado guarda relación directa con la tesis y responde a principios reconocibles de dignidad, responsabilidad o solidaridad. Pierde fuerza si se usa de forma moralizante, sentimental o dogmática, sin atender a la complejidad del caso.
Ejemplo. «El acceso a una educación pública de calidad no puede depender únicamente de criterios económicos, porque constituye una exigencia de justicia social».
7. Tópico de la justicia
Definición. Se apoya en la idea de equilibrio, igualdad de trato, proporcionalidad o reparación de una desigualdad. Aunque se relaciona con el tópico moral, se centra más específicamente en la equidad.
Condiciones de pertinencia. Funciona cuando permite mostrar una desigualdad, una desproporción o una falta de equidad claramente relacionada con la tesis. Pierde fuerza si simplifica conflictos complejos o si invoca la justicia sin explicar qué criterio de igualdad, proporcionalidad o reparación se está aplicando.
Ejemplo. «Si todos los alumnos son evaluados con los mismos criterios, también deben recibir las mismas oportunidades de preparación y acceso a los materiales».
Apéndice. Falacias argumentativas comunes
Las falacias son quiebras de la argumentación, razonamientos que parecen válidos, pero que contienen un error formal, semántico, pragmático o dialéctico. En el análisis de textos de opinión conviene identificarlas no solo para nombrarlas, sino para explicar por qué debilitan la tesis que pretenden defender.
1. Falacia ad hominem o ataque personal
Mecánica. Se intenta desacreditar una tesis atacando a la persona que la defiende —su carácter, biografía, intereses o circunstancias— en lugar de responder a sus razones.
Puede ser:
Abusivo: cuando directamente se insulta o descalifica a la persona.Ejemplo. «No podemos tomar en serio las críticas de ese columnista sobre el sistema educativo porque estudió en un centro privado de élite».
Circunstancial: cuando se señala que tiene interés en defender esa postura.
Tu quoque:cuando se le reprocha que no practica lo que predica.
2. Falacia ad populum o apelación emocional a la masa
Mecánica. Busca la adhesión del público apelando a emociones colectivas, miedos, prejuicios o entusiasmos compartidos, en lugar de ofrecer razones suficientes. Es decir, se sostiene que un enunciado es verdadero o correcto porque mucha gente lo cree, lo practica o está a favor.
Ejemplo. «Prohibir los teléfonos móviles en los institutos es un ataque intolerable a la libertad de nuestros hijos».
3. Falacia de la falsa causa
Mecánica. Atribuye una relación causal sin pruebas suficientes, a menudo porque un hecho ocurre antes que otro. Su forma clásica es post hoc ergo propter hoc: “después de esto, luego a causa de esto”.
Ejemplo. «Desde que se implantaron las pizarras digitales, bajaron las notas; por tanto, la tecnología es la causa del fracaso escolar».
4. Falacia de la generalización apresurada
Mecánica. Extrae una regla general a partir de un número insuficiente de casos, de ejemplos atípicos o de experiencias personales no representativas.
Ejemplo. «He tenido dos alumnos que no sabían colocar las tildes; es evidente que la ortografía ya no se enseña en Primaria».
5. Falacia del muñeco de paja
Mecánica. Consiste en deformar, exagerar o simplificar la postura del adversario para que resulte más fácil de atacar.
Ejemplo. «Quienes defienden la memoria histórica en las aulas solo quieren reabrir heridas y dividir a los ciudadanos».
6. Falacia del falso dilema
Mecánica. Se presentan solo dos alternativas posibles cuando en realidad existen tres o más opciones, forzando una elección artificial.
Ejemplo. «O apoyas esta reforma educativa sin reservas o estás contra la calidad de la enseñanza».
7. Falacia desde la ignorancia (ad ignorantiam)
Mecánica. Se concluye que algo es verdadero porque no se ha demostrado que sea falso, o viceversa.
Ejemplo. «Nadie ha demostrado que los extraterrestres no existan, por lo tanto existen».
8. Falacia de la bola de nieve (pendiente deslizante)
Mecánica. Se afirma que aceptar una medida razonable llevará inevitablemente a una cadena de consecuencias cada vez más extremas y negativas, sin demostrar ese encadenamiento.
Ejemplo. «Si legalizamos la eutanasia para enfermos terminales, pronto acabaremos matando a cualquier persona mayor o dependiente».
9. Falacia de la cuestión compleja
Mecánica. Se formulan dos afirmaciones o preguntas distintas como si fueran una sola, de modo que aceptar o rechazar una implica aceptar o rechazar la otra.
Ejemplo. «¿Apoyas la libertad de enseñanza y el derecho de los padres a castigar físicamente a sus hijos?».
10. Falacia del recurso a la fuerza (ad baculum)
Mecánica. Se intenta convencer no con razones, sino con una amenaza o la insinuación de consecuencias negativas para quien no acepte la conclusión.
Ejemplo. «Lo más inteligente que puedes hacer es aceptar estas nuevas condiciones laborales si quieres seguir en la empresa».
11. Falacia del recurso a la piedad (ad misericordiam)
Mecánica. Se pide aceptar una conclusión apelando a la compasión, lástima o situación personal del emisor, en lugar de a razones.
Ejemplo. «Debéis aprobar mi proyecto, aunque no cumpla todos los requisitos, porque llevo tres meses trabajando en él sin dormir».
12. Falacia por las consecuencias (ad consequentiam)
Mecánica. Se rechaza o se acepta una afirmación atendiendo únicamente a lo desagradables o agradables que serían sus consecuencias, no a su verdad.
Ejemplo. «No puedes estar de acuerdo con la teoría de la evolución, porque si fuera cierta nuestra vida no tendría más sentido que la de los animales».
13. Falacia de autoridad (ad verecundiam)
Mecánica. Se acepta o se rechaza una afirmación solo porque la dice una persona presentada como autoridad, sin examinar si es realmente experta, si hay consenso o si su opinión es fiable.
Ejemplo. «Este suplemento mejora la memoria porque lo recomienda un famoso presentador de televisión».
14. Falacia de la falsa analogía
Mecánica. Se establece una comparación entre dos realidades diferentes como si fueran equivalentes en lo esencial, para trasladar una propiedad de una a otra.
Ejemplo. «El gobierno es como una empresa familiar: si no da beneficios, hay que cerrarlo».
15. Falacia de la correlación casual (Post hoc ergo propter hoc)
Mecánica. Se supone que, porque un hecho ocurre después de otro, el primero es la causa del segundo, sin más pruebas.
Ejemplo. «Se aprobó la ley de deberes y, al año siguiente, subieron las notas en PISA; la ley ha mejorado la educación».
16. Falacia de petición del principio (Petitio principii)
Mecánica. La conclusión que se quiere probar ya se da por supuesta en las premisas, de forma explícita o disfrazada.
Ejemplo. ««Sabemos que este método de enseñanza es el mejor porque es el más eficaz de todos».
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