9 de julio de 2026

TIPOS DE ARGUMENTOS , TÓPICOS Y FALACIAS.


TEMAS QUE VAMOS A DESARROLLAR
Argumentos lógico-racionales.
1. Argumento de autoridad.
2. Argumento de semejanza o analogía.
3. Argumento de caysa y efecto.
4. Argumento de ejemplificación.
5. Argumento por consecuencias.
Argumentos empiricos.
6. Argumento de hecho y datos estadísticos.
7. Argumento de experiencia personal o testimonio
Tópicos argumentativos o loci.
1. Tópico de utilidad o tópico preagmático.
2. Tópico de cantidad.
3. Tópico de calidad.
4. Tópico de tradición.
5. Tópico de progreso o de la novedad.
6. Tópico moral o ético.
7. Tópico de la justicia.
Apéndice. Falacias argumentativas comunes.
1. Falacia ad hominem o ataque personal.
2. Falacia ad populum o apelación emocional a la masa.
3. Falacia de la falsa causa.
4. Falacia de la generalización apresurada.
5. Falacia del muñeco de paja
6. Falacia del falso dilema.
7. Falacia desde la ignorancia (ad ignorantiam)
8. Falacia de la bola de nieve (pendiente deslizante).
9. Falacia de la cuestión compleja.
10. Falacia del recurso a la fuerza (ad baculum).
11. Falacia del recurso a la piedad (ad misericordiam).
12. Falacia por las consecuencias (ad consequentiam).
13. Falacia de autoridad (ad verecundiam).
14. Falacia de la falsa analogía.
15. Falacia de la correlación casual (post hoc ergo propter hoc). 16. Falacia de petición del principio (petitio principii).


Esta entrada está encaminada a los alumnos de bachillerato y su preparación para la PAU/EVAU.

Antes de establecer la clasificación de los argumentos, conviene precisar el criterio metodológico que la organiza. En primer lugar, distinguiremos entre argumentos lógico-racionales y empíricos, por un lado, y tópicos argumentativos o loci, por otro. Esta distinción se apoya, ante todo, en la teoría de Chaïm Perelman y Lucie Olbrechts-Tyteca, quienes en el “Tratado de la argumentación: la nueva retórica” (Madrid: Gredos, 1989) sostienen que ningún discurso argumentativo opera en el vacío, sino sobre un fondo de acuerdos previos compartidos por el auditorio, bien los acuerdos relativos a lo real, que sirven de base a los argumentos empíricos: hechos, verdades aceptadas, datos verificables, estadísticas o testimonios contrastables; o bien los acuerdos relativos a lo preferible, que sustentan los valores, las jerarquías y los tópicos: lo útil, lo justo, lo tradicional, lo novedoso, lo mayoritario, lo excelente o lo moralmente deseable.

De Perelman y Olbrechts-Tyteca tomamos directamente la idea de que los tópicos no son datos ni pruebas en sentido estricto, sino lugares de preferencia: principios culturales que permiten ordenar lo valioso y orientar la adhesión del auditorio. En este marco se sitúan, entre otros, el tópico de la cantidad —que prefiere lo mayoritario o comúnmente aceptado—, el tópico de la calidad —que privilegia lo único, selecto o excelente—, el tópico de la tradición, el del progreso, el de la utilidad o el de la justicia.

La tradición aristotélica permite completar esta base teórica. En la Retórica y en los Tópicos, Aristóteles distingue los topoi —lugares comunes, premisas generales o esquemas de razonamiento aceptados por una comunidad— de las formas lógico-dialécticas de la argumentación, como el silogismo dialéctico y el entimema. Esta distinción resulta útil porque separa dos planos: el marco cultural de creencias compartidas y la estructura racional mediante la cual se enlazan premisas y conclusión.

En segundo lugar, para sistematizar los argumentos lógico-racionales y los empíricos, recurrimos principalmente a Douglas Walton y a Vincenzo Lo Cascio, cuyas aportaciones permiten diferenciar con mayor precisión entre esquemas argumentativos, datos probatorios y reglas generales de inferencia.

Douglas Walton, uno de los autores fundamentales de la lógica informal contemporánea, estudia en “Argumentation Schemes” (Cambridge University Press, 2008) la estructura interna de numerosos razonamientos habituales en el discurso cotidiano, académico y periodístico. Sus esquemas de argumentación —como el argument from expert opinion o argumento de autoridad, el argument from analogy o argumento por analogía, y los argumentos causales o basados en indicios— muestran que estos razonamientos no se reducen a una simple acumulación de datos: poseen una organización propia de premisas, conclusión y preguntas críticas que permiten valorar su solidez.

Vincenzo Lo Cascio, en “Gramática de la argumentación” (Madrid: Alianza Editorial, 1998), aborda el texto argumentativo desde una perspectiva lingüística y comunicativa. Su interés reside en que permite distinguir entre las reglas generales o principios compartidos —que a menudo funcionan como tópicos— y los argumentos concretos que aparecen formulados en el texto como razones, ejemplos, datos, causas o pruebas. Esta separación justifica metodológicamente que nuestra clasificación diferencie los argumentos lógico-racionales y empíricos de los tópicos o lugares de preferencia.

Finalmente, añadiremos un apéndice dedicado a las falacias, apoyándonos en Frans H. van Eemeren y Rob Grootendorst, creadores de la teoría pragmadialéctica de la argumentación. En ”A Systematic Theory of Argumentation” (Cambridge University Press, 2004), ambos autores entienden la argumentación como un procedimiento orientado a resolver razonablemente una diferencia de opinión mediante una discusión crítica. Desde esta perspectiva, las falacias no son simplemente “argumentos falsos”, sino violaciones de las reglas que hacen posible una discusión racional. Así se explican, por ejemplo, la falacia ad hominem, que ataca a la persona en lugar de responder a sus razones; el muñeco de paja, que deforma la postura del adversario para refutarla con facilidad; o la falsa causa, que atribuye una relación causal sin justificación suficiente.

Con esta fundamentación, la clasificación que sigue no pretende ser una lista cerrada de etiquetas, sino una herramienta práctica para analizar textos argumentativos: permite reconocer si una razón se apoya en una estructura lógica, en una prueba empírica, en un valor compartido o en un razonamiento falaz. Establezcamos, pues, nuestra clasificación.

Clasificación práctica de los argumentos

La siguiente clasificación distingue tres grandes planos de la argumentación: los argumentos lógico-racionales, los argumentos empíricos y los tópicos argumentativos o loci. Los dos primeros funcionan como razones explícitas que pretenden demostrar, explicar o justificar una tesis; los terceros actúan como marcos de valores compartidos que orientan la interpretación del auditorio. A ellos se añade un apéndice de falacias, útil para reconocer razonamientos que parecen convincentes, pero que vulneran las reglas de una discusión crítica.

Argumentos lógico-racionales

Los argumentos lógico-racionales se basan en relaciones de pensamiento: semejanza, causa, consecuencia, oposición, inclusión, deducción o inferencia. Su fuerza no depende solo de que aporten información, sino de que exista un nexo coherente entre las premisas y la conclusión. Por eso conviene analizarlos preguntando si la relación que proponen es pertinente, suficiente y no contradictoria.

1. Argumento de autoridad

Definición. Se recurre al juicio de una persona experta, una institución solvente, una obra de referencia o un documento de prestigio para apoyar una tesis. La autoridad no sustituye al razonamiento, pero puede reforzarlo cuando la fuente es competente, imparcial y pertinente para el asunto tratado. En este apartado puede incluirse el llamado “argumento científico” cuando se apela al prestigio de la ciencia o de una comunidad investigadora reconocida.

Condiciones de validez.La autoridad debe ser especialista en la materia, la cita debe ser fiel, la fuente debe estar actualizada y no debe presentarse una opinión aislada como si fuera un consenso indiscutible.

Ejemplo. «Como señala la Real Academia Española en su informe sobre el uso del español, la lengua cambia de acuerdo con las necesidades expresivas de sus hablantes».

2. Argumento de semejanza o analogía

Definición. Defiende una conclusión trasladando la lógica de un caso conocido a otro que presenta una estructura semejante. No exige identidad absoluta entre los dos casos, sino una semejanza relevante para el punto que se discute.

Condiciones de validez. La comparación debe basarse en rasgos esenciales, no superficiales. Si las diferencias entre los casos son más importantes que las semejanzas, la analogía pierde fuerza.

Ejemplo.  «Si para dominar un instrumento musical se requieren años de práctica constante, tampoco puede esperarse que un alumno domine la sintaxis asistiendo a clase de forma intermitente».

3. Argumento de causa y efecto

Definición. Establece una relación causal entre dos hechos: uno se presenta como origen, condición o desencadenante del otro. Puede formularse de manera fuerte —cuando se afirma una relación necesaria— o de manera prudente —cuando se habla de influencia, tendencia o probabilidad.

Condiciones de validez. Debe evitarse confundir sucesión temporal con causalidad. Para que el argumento sea sólido, conviene aportar datos, mecanismos explicativos o indicios suficientes que justifiquen la relación propuesta.

Ejemplo. «La precarización del empleo juvenil y el encarecimiento de la vivienda dificultan de manera directa la emancipación antes de los treinta años».

4. Argumento de ejemplificación

Definición. Ilustra una tesis general mediante uno o varios casos concretos. El ejemplo puede servir para aclarar una idea, hacerla más visible o mostrar que la afirmación defendida tiene una realización efectiva.

Condiciones de validez. El caso elegido debe ser representativo. Un ejemplo aislado puede resultar expresivo, pero no basta por sí solo para demostrar una regla general.

Ejemplo. «Los movimientos migratorios enriquecen culturalmente a los países receptores; basta observar la huella del exilio español en el desarrollo universitario de México».

5. Argumento por consecuencias

Definición. Defiende o rechaza una medida atendiendo a los efectos previsibles que puede producir. Es frecuente en textos de opinión, debates políticos y ensayos escolares, porque permite valorar una propuesta por sus resultados prácticos.

Condiciones de validez. Las consecuencias previstas deben ser verosímiles, relevantes y estar razonablemente justificadas. El argumento gana fuerza si explica el mecanismo que conduce de la medida propuesta a sus efectos y si considera consecuencias positivas y negativas, directas e indirectas. Pierde validez cuando exagera los resultados, presenta efectos meramente posibles como inevitables o incurre en una pendiente resbaladiza sin pruebas suficientes.

Ejemplo. «Si se reduce la lectura obligatoria a fragmentos inconexos, el alumnado perderá la capacidad de seguir una obra extensa y de interpretar su arquitectura global».

Argumentos empíricos

Los argumentos empíricos se apoyan en la constatación de hechos observables, datos verificables, documentos, testimonios o experiencias. Su fuerza persuasiva depende de la calidad de la prueba y de la fiabilidad de la fuente. No son irrefutables por naturaleza: pueden discutirse si los datos son incompletos, están descontextualizados o proceden de una fuente dudosa.

6. Argumento de hecho y datos estadísticos

Definición. Se fundamenta en acontecimientos comprobables, documentos, cifras, porcentajes, estudios o datos cuantitativos. Es uno de los argumentos más sólidos cuando los datos son fiables y se interpretan correctamente.

Condiciones de validez. Debe indicarse la fuente, el periodo de referencia y el contexto de los datos. Una cifra aislada puede ser persuasiva, pero también puede inducir a error si no se compara adecuadamente.

Ejemplo. «La tasa de abandono escolar prematuro en España sigue siendo un indicador relevante para evaluar la eficacia del sistema educativo y compararlo con otros países europeos».

7. Argumento de experiencia personal o testimonio

Definición. El emisor se presenta como testigo directo de lo que afirma. La experiencia personal aporta cercanía, verosimilitud y fuerza expresiva, pero tiene menor rigor demostrativo que un dato contrastado o un estudio amplio.

Condiciones de validez. Debe evitarse convertir una vivencia particular en regla universal. Funciona mejor como apoyo complementario que como prueba principal.

Ejemplo. «Tras años de docencia en Bachillerato, he observado que el comentario de texto mejora cuando se trabaja de forma gradual y no solo mediante ejercicios aislados antes del examen».

Tópicos argumentativos o loci

Los tópicos argumentativos no son pruebas en sentido estricto, sino lugares comunes de valoración. Funcionan como premisas implícitas que una comunidad suele aceptar: lo útil es preferible a lo inútil, lo justo a lo injusto, lo probado a lo incierto, lo nuevo a lo viejo o lo tradicional a lo improvisado. Su eficacia depende del auditorio, de la época y del sistema de valores compartido.

1. Tópico de la utilidad o tópico pragmático

Definición. Valora lo útil, eficaz, práctico, necesario o beneficioso frente a lo inútil, ineficaz, perjudicial o peligroso.

Condiciones de pertinencia. Resulta eficaz cuando la utilidad invocada es real, proporcionada y relevante para la tesis. Pierde fuerza si reduce toda valoración a la eficacia inmediata o si ignora dimensiones éticas, culturales o educativas que no pueden medirse solo por su rendimiento práctico.

Ejemplo. «Fomentar la comprensión lectora en Secundaria no es un lujo cultural, sino una herramienta necesaria para interpretar contratos, instrucciones, noticias y discursos públicos».

2. Tópico de la cantidad

Definición. Presenta como preferible lo mayoritario, frecuente, común o ampliamente aceptado. En esta variante se incluye a menudo la apelación al “sentido común”.

Condiciones de pertinencia. Es pertinente cuando la opinión o práctica mayoritaria constituye un indicio relevante para valorar una situación social. Pierde validez si se confunde lo frecuente con lo verdadero, lo mayoritario con lo justo o el consenso aparente con una prueba suficiente.

Ejemplo. «La mayoría de las familias considera que el hábito lector debe formarse desde edades tempranas; por eso la escuela no puede desentenderse de esa tarea».

3. Tópico de la calidad

Definición. Prioriza lo excelente, selecto, singular o bien elaborado frente a lo abundante, repetitivo o masivo. Funciona como reverso del tópico de la cantidad.

Condiciones de pertinencia. Funciona cuando la excelencia, la profundidad o la singularidad son criterios relevantes para el asunto tratado. Pierde fuerza si se convierte en elitismo injustificado o si desprecia sin razones lo común, lo accesible o lo compartido por muchos.

Ejemplo. «Es preferible que un alumno lea con profundidad tres obras fundamentales a que acumule resúmenes superficiales de veinte libros».

4. Tópico de la tradición

Definición. Defiende una práctica, institución o idea por su permanencia histórica, su continuidad cultural o su arraigo en la comunidad.

Condiciones de pertinencia. Es convincente cuando la permanencia histórica demuestra estabilidad, eficacia o valor cultural. Pierde fuerza si presupone que algo es válido únicamente porque siempre se ha hecho así, o si impide revisar prácticas injustas, ineficaces o anacrónicas.

Ejemplo. «La lectura pública y la recitación han formado parte de la enseñanza literaria durante siglos; recuperarlas puede reforzar la relación entre oralidad, memoria y comprensión».

5. Tópico del progreso o de la novedad

Definición. Valora positivamente lo nuevo, innovador, original o actualizado por considerarlo una mejora respecto de lo antiguo.

Condiciones de pertinencia. Resulta adecuado cuando la novedad implica una mejora demostrable, una adaptación necesaria o una solución más eficaz. Pierde fuerza si identifica lo nuevo con lo bueno de manera automática o si desprecia lo anterior sin analizar su valor.

Ejemplo. «La didáctica de la literatura debe incorporar entornos digitales si quiere dialogar con los hábitos culturales de los estudiantes actuales».

6. Tópico moral o ético

Definición. Presenta lo justo, digno, honesto o solidario como superior a lo meramente rentable, cómodo o conveniente.

Condiciones de pertinencia. Es pertinente cuando el valor moral invocado guarda relación directa con la tesis y responde a principios reconocibles de dignidad, responsabilidad o solidaridad. Pierde fuerza si se usa de forma moralizante, sentimental o dogmática, sin atender a la complejidad del caso.

Ejemplo. «El acceso a una educación pública de calidad no puede depender únicamente de criterios económicos, porque constituye una exigencia de justicia social».

7. Tópico de la justicia

Definición. Se apoya en la idea de equilibrio, igualdad de trato, proporcionalidad o reparación de una desigualdad. Aunque se relaciona con el tópico moral, se centra más específicamente en la equidad.

Condiciones de pertinencia. Funciona cuando permite mostrar una desigualdad, una desproporción o una falta de equidad claramente relacionada con la tesis. Pierde fuerza si simplifica conflictos complejos o si invoca la justicia sin explicar qué criterio de igualdad, proporcionalidad o reparación se está aplicando.

Ejemplo. «Si todos los alumnos son evaluados con los mismos criterios, también deben recibir las mismas oportunidades de preparación y acceso a los materiales».

Apéndice. Falacias argumentativas comunes

Las falacias son quiebras de la argumentación, razonamientos que parecen válidos, pero que contienen un error formal, semántico, pragmático o dialéctico. En el análisis de textos de opinión conviene identificarlas no solo para nombrarlas, sino para explicar por qué debilitan la tesis que pretenden defender.

1. Falacia ad hominem o ataque personal

Mecánica. Se intenta desacreditar una tesis atacando a la persona que la defiende —su carácter, biografía, intereses o circunstancias— en lugar de responder a sus razones.
Puede ser:

Abusivo: cuando directamente se insulta o descalifica a la persona.
Circunstancial: cuando se señala que tiene interés en defender esa postura.
Tu quoque:cuando se le reprocha que no practica lo que predica.
Ejemplo. «No podemos tomar en serio las críticas de ese columnista sobre el sistema educativo porque estudió en un centro privado de élite».

2. Falacia ad populum o apelación emocional a la masa

Mecánica. Busca la adhesión del público apelando a emociones colectivas, miedos, prejuicios o entusiasmos compartidos, en lugar de ofrecer razones suficientes. Es decir, se sostiene que un enunciado es verdadero o correcto porque mucha gente lo cree, lo practica o está a favor.

Ejemplo. «Prohibir los teléfonos móviles en los institutos es un ataque intolerable a la libertad de nuestros hijos».

3. Falacia de la falsa causa

Mecánica. Atribuye una relación causal sin pruebas suficientes, a menudo porque un hecho ocurre antes que otro. Su forma clásica es post hoc ergo propter hoc: “después de esto, luego a causa de esto”.

Ejemplo. «Desde que se implantaron las pizarras digitales, bajaron las notas; por tanto, la tecnología es la causa del fracaso escolar».

4. Falacia de la generalización apresurada

Mecánica. Extrae una regla general a partir de un número insuficiente de casos, de ejemplos atípicos o de experiencias personales no representativas.

Ejemplo. «He tenido dos alumnos que no sabían colocar las tildes; es evidente que la ortografía ya no se enseña en Primaria».

5. Falacia del muñeco de paja

Mecánica. Consiste en deformar, exagerar o simplificar la postura del adversario para que resulte más fácil de atacar.

Ejemplo. «Quienes defienden la memoria histórica en las aulas solo quieren reabrir heridas y dividir a los ciudadanos».

6. Falacia del falso dilema

Mecánica. Se presentan solo dos alternativas posibles cuando en realidad existen tres o más opciones, forzando una elección artificial.

Ejemplo. «O apoyas esta reforma educativa sin reservas o estás contra la calidad de la enseñanza».

7. Falacia desde la ignorancia (ad ignorantiam)

Mecánica. Se concluye que algo es verdadero porque no se ha demostrado que sea falso, o viceversa.

Ejemplo. «Nadie ha demostrado que los extraterrestres no existan, por lo tanto existen».

8. Falacia de la bola de nieve (pendiente deslizante)

Mecánica. Se afirma que aceptar una medida razonable llevará inevitablemente a una cadena de consecuencias cada vez más extremas y negativas, sin demostrar ese encadenamiento.

Ejemplo. «Si legalizamos la eutanasia para enfermos terminales, pronto acabaremos matando a cualquier persona mayor o dependiente».

9. Falacia de la cuestión compleja

Mecánica. Se formulan dos afirmaciones o preguntas distintas como si fueran una sola, de modo que aceptar o rechazar una implica aceptar o rechazar la otra.

Ejemplo. «¿Apoyas la libertad de enseñanza y el derecho de los padres a castigar físicamente a sus hijos?».

10. Falacia del recurso a la fuerza (ad baculum)

Mecánica. Se intenta convencer no con razones, sino con una amenaza o la insinuación de consecuencias negativas para quien no acepte la conclusión.

Ejemplo. «Lo más inteligente que puedes hacer es aceptar estas nuevas condiciones laborales si quieres seguir en la empresa».

11. Falacia del recurso a la piedad (ad misericordiam)

Mecánica. Se pide aceptar una conclusión apelando a la compasión, lástima o situación personal del emisor, en lugar de a razones.

Ejemplo. «Debéis aprobar mi proyecto, aunque no cumpla todos los requisitos, porque llevo tres meses trabajando en él sin dormir».

12. Falacia por las consecuencias (ad consequentiam)

Mecánica. Se rechaza o se acepta una afirmación atendiendo únicamente a lo desagradables o agradables que serían sus consecuencias, no a su verdad.

Ejemplo. «No puedes estar de acuerdo con la teoría de la evolución, porque si fuera cierta nuestra vida no tendría más sentido que la de los animales».

13. Falacia de autoridad (ad verecundiam)

Mecánica. Se acepta o se rechaza una afirmación solo porque la dice una persona presentada como autoridad, sin examinar si es realmente experta, si hay consenso o si su opinión es fiable.

Ejemplo. «Este suplemento mejora la memoria porque lo recomienda un famoso presentador de televisión».

14. Falacia de la falsa analogía

Mecánica. Se establece una comparación entre dos realidades diferentes como si fueran equivalentes en lo esencial, para trasladar una propiedad de una a otra.

Ejemplo. «El gobierno es como una empresa familiar: si no da beneficios, hay que cerrarlo».

15. Falacia de la correlación casual (Post hoc ergo propter hoc)

Mecánica. Se supone que, porque un hecho ocurre después de otro, el primero es la causa del segundo, sin más pruebas.

Ejemplo. «Se aprobó la ley de deberes y, al año siguiente, subieron las notas en PISA; la ley ha mejorado la educación».

16. Falacia de petición del principio (Petitio principii)

Mecánica. La conclusión que se quiere probar ya se da por supuesta en las premisas, de forma explícita o disfrazada.

Ejemplo. ««Sabemos que este método de enseñanza es el mejor porque es el más eficaz de todos».




BIBLIOGRAFÍA.-

Adam, Jean Michel, y Marc Bonhomme. La argumentación publicitaria: retórica del elogio y de la persuasión. Madrid: Cátedra, 2000.

Aristóteles (Introducción, traducción y notas de Alberto Bernabé). Retórica. Madrid: Alianza Editorial, 1998.
________ (Introducción, traducción y notas de Miguel Candel San Martín). Tópicos. En Tratados de lógica (Órganon). I. Categorías, Tópicos, Refutaciones sofísticas Madrid: Gredos, 1932.

Bermejo Luque, Lilian. Falacias y argumentación. Plaza y Valdés, 2025.

Bordallo, Montserrat. Las trampas de Circe: falacias lógicas y argumentación informal. Madrid: Cátedra, 2011. (Colección Teorema. Serie mayor).

Eemeren, Frans H. van (coord.). Argumentación: análisis, evaluación, presentación. Buenos Aires: Biblos, 2006.

Fuentes Rodríguez, Catalina, y Esperanza R. Alcalde. La argumentación lingüística y sus medios de expresión. Madrid: Arco, 2007.

Hamblin, Charles L. Falacias. Lima: Palestra Editores, 2017.

Lo Cascio, Vincenzo. Gramática de la argumentación: estrategias y estructuras. Madrid: Alianza Editorial, 1998.

Perelman, Chaïm, y Lucie Olbrechts-Tyteca. Tratado de la argumentación: la nueva retórica. Madrid: Gredos, 1989.

Toulmin, Stephen. Los usos de la argumentación. Barcelona: Península, 2007.

van Eemeren, Frans H., et Rob Grootendorst. A Systematic Theory of Argumentation: The Pragma-Dialectical Approach. Cambridge: Cambridge University Press, 2004.

Walton, Douglas; Christopher Reed; et Fabrizio Macagno. Argumentation Schemes. Cambridge: Cambridge University Press, 2008.

Weston, Anthony. Las claves de la argumentación. Barcelona: Ariel, 1994







MINILECTURA. "LA CALAVERA DEL MARQUÉS DE SADE", de ROBERT BLOCH (EE.UU., 1917-1994 d.n.e.)


Esta narración de terror gótico presenta a Christopher Maitland, un coleccionista de objetos macabros que adquiere, por medio del turbio traficante Marco, una reliquia atribuida al Marqués de Sade: su supuesta calavera. Pese a las advertencias sobre la maldición que la rodea y sobre los rituales perversos vinculados a ella, Maitland sucumbe a una obsesión cada vez más intensa. El relato sugiere que el objeto no es una mera pieza de colección, sino una presencia dotada de voluntad propia, maligna y depredadora, responsable de las desgracias sufridas por sus antiguos poseedores. Tras hallar el cadáver de Marco, el protagonista se apropia definitivamente de la calavera y comienza a padecer pesadillas que pronto invaden la realidad hasta volverse mortales. En el desenlace, la reliquia confirma su autonomía monstruosa al provocar la muerte de Maitland, cuya expresión severa queda transformada en una mueca de satisfacción sádica. La fuente plantea así una reflexión inquietante sobre cómo la fascinación por la crueldad histórica y el deseo de poseer sus vestigios pueden desembocar en una autodestrucción tanto física como espiritual.
Imagen creada con IA NotebookKLM

LA CALAVERA DEL MARQUÉS DE SADE (1945)

publicado originalmente en la revista Weird Tales


1.

Christopher Maitland se sentó de nuevo en su silla frente a la chimenea y acarició la encuadernación de un viejo libro. Su rostro delgado, modelado por la parpadeante luz del fuego, mostraba una característica expresión de reflexión erudita.

La curiosidad intelectual de Maitland se concentraba en el volumen que tenía en las manos. Brevemente, se preguntaba si la piel humana que encuadernaba el libro procedía de un hombre, una mujer o un niño.

El librero le había asegurado que el tomo estaba encuadernado con una porción de piel de mujer, pero Maitland, por mucho que deseara creerlo, era escéptico por naturaleza. Por lo general, los libreros que comercian con este tipo de curiosidades no gozan de demasiada reputación, y los años que Christopher Maitland llevaba tratando con este tipo de gente habían hecho mucho por destruir la fe en su veracidad.

Aun así, esperaba que la historia fuera cierta. Era agradable tener un libro encuadernado en la piel de una mujer. Era agradable tener una crux ansata fabricada a partir de un fémur; una colección de cabezas de Dyack; una arrugada Mano de la Gloria robada de un cementerio de Mainz. Maitland poseía todos estos objetos y muchos más. Porque era un coleccionista de lo extraño.

Maitland sostuvo el libro al trasluz y trató de distinguir la formación de los poros bajo la superficie curtida de la encuadernación. Las mujeres tenían poros más finos que los hombres, ¿no?

—Disculpe, señor.

Maitland se volvió al entrar Hume.

—¿Qué ocurre? — preguntó.

—Esa persona está aquí de nuevo.

—¿Persona?

—El Sr. Marco.

—Oh

Maitland se levantó, ignorando la expresión casi grotesca de desagrado del mayordomo. Reprimió una risita. Al pobre Hume no le gustaba Marco, ni ninguno de los rufianes que suministraban a Maitland objetos para su colección. A Hume tampoco le gustaba la colección en sí: Maitland recordaba vívidamente el temblor aprensivo del viejo criado cuando desempolvó el estuche que contenía la momia del sacerdote de Horus decapitado por brujería.

—Marco, ¿eh? Me pregunto qué se trae—. musitó Maitland. —Bueno, será mejor que le haga pasar.

Hume se dio la vuelta y se marchó con una notable falta de entusiasmo. En cuanto a Maitland, su interés aumentó. Pasó la mano por el dorso reticulado de un tao-tieh de Jade y se lamió los labios con una expresión muy parecida a la que adornaba el rostro de la imagen china de la glotonería.

El viejo Marco estaba aquí. Eso significaba algo realmente especial en materia de adquisiciones. Tal vez Marco no era exactamente el tipo de persona a la que se invitaba al Club, pero tenía su utilidad. De dónde sacaba algunas de las cosas que ponía a la venta, Maitland no lo sabía; no le importaba demasiado. Eso era cosa de Marco. Lo que interesaba a Christopher Maitland era la rareza de lo que ofrecía. Si uno quería un libro encuadernado en piel humana, el viejo Marco era el tipo adecuado para conseguirlo, aunque tuviera que desollarlo y encuadernarlo él mismo. ¡Gran personaje, el viejo Marco!

—El Sr. Marco, señor.

Hume se retiró con discreción, y Maitland hizo un gesto a su visitante para que se acercara.

El Sr. Marco se deslizó en la habitación. El hombrecillo era gordo, grasiento; su carne grumosa, como el sebo coagulándose alrededor del muñón de una vela. Su palidez de cera acentuaba el símil. Parecía que sólo faltaba que brotara una mecha de la bola calva de grasa que servía de cabeza al señor Marco.

9 de junio de 2026

EVAU. LITERATURA. TEMA 9. La narrativa española posterior a 1936: tendencias, rasgos principales, autores y obras más significativas.


Dependiendo de la comunidad autónoma, los temas se estructuran completos o en epígrafes.

Aquí te ofrecemos este tema bajo el formato de 3 epígrafes, como se hace en Castilla La Mancha, listo para que lo imprimas y puedas estudiártelo.

TEMAS QUE VAMOS A DESARROLLAR
9.1. La novela en los años cuarenta: novela nacionalista, existencial y tremendista.
9.2. La novela de los años cincuenta: el realismo social (Camilo José Cela y Rafael Sánchez Ferlosio).
9.3. La novela de los sesenta y principios de los setenta (Luis Martín-Santos y Miguel Delibes)


9.1. La novela en los años cuarenta: novela nacionalista, existencial y tremendista

La Guerra Civil (1936-1939) marcó una fractura traumática en la narrativa española. La desaparición de maestros como Unamuno o Valle-Inclán y el exilio de figuras como Sender o Max Aub condenaron al país a un "páramo literario" definido por la censura y el aislamiento. La producción de esta década bascula entre la propaganda del régimen y una respuesta subjetiva que retrata la miseria espiritual de la posguerra.

  1. La novela nacionalista y de la Falange

Surge para legitimar el nuevo orden mediante un maniqueísmo radical y una prosa que recupera el realismo decimonónico o la épica imperial.

  • Ideología: Exalta la guerra como "Cruzada" y defiende los valores del nacional-catolicismo. Es una narrativa de certezas y colectividad que ignora deliberadamente la realidad social.
  • Autores y obras: Destacan La fiel infantería de García Serrano (que combina la exaltación falangista de la guerra con un estilo fragmentario y vanguardista, en el que la violencia se presenta como experiencia heroica y fundacional) y Madrid, de corte a checa de Agustín de Foxá (que ofrece una crónica ideologizada del conflicto, en la que la caída del viejo Madrid aristocrático se narra con una prosa esteticista y un marcado maniqueísmo político). Cabe señalar que autores como Gonzalo Torrente Ballester (con Javier Mariño) intentaron inicialmente una épica falangista que pronto derivaría hacia el escepticismo ante el vacío creativo del entorno.
  1. Camilo José Cela y la estética del tremendismo

En 1942, la publicación de La familia de Pascual Duarte rompe la atonía literaria. Cela inaugura el tremendismo, una selección estética de la fealdad que entronca con la tradición más negra de España: desde la picaresca y las Pinturas Negras de Goya hasta el esperpento de Valle-Inclán.

  • Técnica y determinismo: Mediante el recurso del manuscrito hallado, el autor se distancia de la moral de su protagonista. Pascual, un campesino que narra su vida (en primera persona) desde la cárcel (bajo el marco de la memoria confesional), actúa bajo un determinismo biológico y social del que no puede escapar. El tremendismo hace una selección deliberada de lo más cruel y degradante de la realidad, encarnada en personajes gobernados por el instinto y el fatalismo, que revela una concepción pesimista de la condición humana.
  • Estilo: Su prosa destaca por una aspereza léxica rica en términos rurales, convirtiendo la violencia en una lupa microscópica sobre una realidad deformada.
  1. Carmen Laforet y la novela existencial

En 1944, Nada (Premio Nadal) desplaza el foco de la violencia externa a la angustia interior.

30 de mayo de 2026

SINTAXIS. ORACIONES COMPLEJAS (COMPUESTAS). ORACIONES SUBORDINADAS SUSTANTIVAS. TIPOS.


Vamos a estudiar en esta entrada las estructuras que la Real Academia Española, en su Manual de la Nueva Gramática de la Lengua Española (Manual NGLE, §43.1.1a), denomina oraciones complejas por subordinación sustantiva, una denominación académica necesaria que reemplaza definitivamente a la vieja y confusa etiqueta escolar de "oración compuesta".

¿Qué es una oración compleja por subordinación sustantiva?

Según señala el Manual NGLE (§43.1.1b), estas construcciones consisten en la incrustación de una oración subordinada dentro de una oración principal. La característica fundamental es que la oración incrustada desempeña las funciones propias de un sustantivo o, con mayor precisión, de un Sintagma Nominal (SN) (43.1c).

Las subordinadas sustantivas son argumentales (43.1c).

Para averiguar si es una oración subordinada sustantiva seguiremos empleando el recurso clásico de la sustitución: si el segmento puede reemplazarse por un pronombre demostrativo neutro (eso, esto, aquello), por el pronombre átono lo, o por un plural genérico (esas cosas), estamos, sin lugar a dudas, ante una subordinada sustantiva:

Quiero que vengas pronto → Quiero eso (o Lo quiero).

Me disgusta que mientas → Me disgusta eso (o Me disgustan esas cosas).

1 de abril de 2026

La formación de palabras: procedimientos de reducción y mecanismos de préstamo.


En el estudio de la lengua, no solo analizamos la creación de términos mediante la combinación de morfemas (derivación y composición). Existe un conjunto de mecanismos, motivados principalmente por la economía del lenguaje o por el contacto entre culturas, que enriquecen nuestro léxico de forma constante: las siglas, los acrónimos, los acortamientos, las abreviaturas, los préstamos y las locuciones.

ÍNDICE DEL CONTENIDO
1. Siglas
2, Acrónimos.
3. Acortamiento.
4. Abreviatura.
5. Préstamo linguïstico.
6. Locuciones

La economía gráfica y fónica

Las siglas

Las siglas se utilizan para referirse de forma abreviada a organismos, instituciones, empresas, objetos, sistemas, asociaciones, etc. Se crean con los primeros caracteres o letras de varias palabras, organizadas en origen como un sintagma, y cuyo conjunto sirve para denominar abreviadamente una realidad: DGT (Dirección general de tráfico), PYME (Pequeñas y medianas empresas). 

Pueden a veces incorporar números, que se leen tal y como suenan. 11-M (/once eme/).

Las letras que forman siglas se escriben con mayúscula y sin puntos. 

Se pronuncian deletreándolas ((ONG sonaría /o-ene-gé/) . 

Nunca toman en cuenta los acentos de las letras iniciales de las palabras, ni añaden tildes a la sílaba tónica correspondiente cuando se las pronuncia. Así, por ejemplo, las siglas CIA (Central de Inteligencia Americana) se pronuncian /cía,/ pero no se escriben con tilde.
[Para más detalles sobre las siglas, puede leer nuestra entrada: "Algunas de las siglas más empleadas en España"].

Los acrónimos.

Se puede dar el caso de que unas siglas tengan varias letras de las palabras del elemento que se está abreviando, en este caso a esto se le denomina acrónimo: UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas). 

También se consideran acrónimos las palabras que se han formado a partir de siglas y que pueden pronunciarse: RENFE (Red Nacional de Ferrocarriles Españoles), UNED (Universidad nacional de educación a distancia), ESO (Enseñanza Secundaria Obligatoria). 

La generalización de los acrónimos puede incluso permitir escribirlos con minúscula, total o parcialmente (uvi, láser, ovni, Talgo, Ave, sida, Unesco). 

Son acrónimos las voces nuevas formadas mediante unión del comienzo y el final de de dos términos de una palabra compuesta; o mediante una palabra entera y un segmento de otra: ofimática (oficina + informática), bonobús (abono + autobús), frontenis (frontón + tenis), eurodiputado (Europa + diputado), autobús (automóvil + omnibus), motel (motor + hotel), informática (información + automática)…

27 de marzo de 2026

GARCILASO DE LA VEGA. COMENTARIO Y ANÁLISIS DEL Soneto IV: "Un rato se levanta mi esperanza".


Esta entrada realizará un exhaustivo análisis del soneto IV: "Un rato se levanta mi esperanza" de Garcilaso de la Vega, uno de los sonetos más esenciales para entender su obra y el propio Renacimiento español.
En este sentido, es interesante detenerse en él porque se trata de un pequeño manifiesto de lo que será este período: en apenas catorce versos, Garcilaso de la Vega logra capturar el tránsito del hombre medieval, resignado a su suerte bajo un prisma teocentrista, al hombre moderno, de filosofía antropocentrista, capaz de desafiar al mundo con su propia determinación, fruto de una introspección agónica. Por eso la crítica establece que el soneto desarrolla el triunfo de la voluntad del poeta sobre el destino o Fortuna, es la cristalización de una subjetividad moderna que lucha entre la voluntad y el destino.
Dentro de este marco, siguiendo las tesis de Rafael Lapesa en "La trayectoria poética de Garcilaso" [Madrid: Alianza Universidad, 1986, pp. 58-63 y 172], en este soneto se observa que el poeta toledano introduce una novedad fundamental en la lírica castellana: la observación del yo, la autoscopia espiritual. Lapesa explica que Garcilaso inaugura en castellano la capacidad de dividir al "yo": uno que sufre y otro que analiza ese sufrimiento. Así es, aquí el sujeto lírico no solo padece el vaivén emocional, sino que lo razona. Esto lo toma de Francesco Petrarca, quien se examina a sí mismo, valorando su experiencia subjetiva bajo la técnica denominada "esame de conciencia" (examen de conciencia), pero eliminando la angustia religiosa y sustituyéndola por una melancolía puramente humana y laica. Y también vincula Lapesa esta observación del yo con el ideal de Castiglione en "El Cortesano", donde el dominio de uno mismo pasa por el conocimiento exhaustivo de las propias pasiones. De este modo, ese "rato" de esperanza con el que se inicia el verso y el poema es una tregua mínima que la fortuna concede al amante para reflexionar, teniendo como fruto el reconocimiento de un "cansancio" metafísico, de una fatiga del espíritu: ese "hallo luego el camino tan cansado" no se referirá a una distancia física, sino a la extenuación de una voluntad que ha repetido el mismo error demasiadas veces. Es lo que la crítica especializada define como la paradoja del amante petrarquista: la necesidad de seguir adelante sabiendo que el final es el "daño". Esta paradoja, que autores como Mario Praz [The Flaming Heart; essays on Crashaw, Machiavelli, and other studies in the relations between Italian and English literature from Chaucer to T. S. Eliot. New York: Doubleday Anchor Books, 1958] detallan como la estetización del conflicto y Rafael Lapesa como la lucha de una voluntad agotada, encuentran en el primer cuarteto del Soneto IV su expresión más depurada. No estamos ante un lamento, sino ante la exposición de una contradicción ontológica: el sujeto se sabe condenado al desengaño, pero la arquitectura de su deseo le impone un nuevo e inútil intento de ascenso.
Por otro lado, siguiendo a E. Garin, con Ficino el yo deja de ser solo introspección moral y se convierte en alma activa dentro de un cosmos vivo. El hombre participa de las fuerzas del universo; puede elevarse hacia lo divino mediante el amor y la contemplación, pues es un microcosmos que refleja el macrocosmos. De esta manera se hace un yo espiritual, mágico, simbólico, pero también profundamente activo: puede armonizarse con el cosmos y transformarse. Ficino propondrá la dignificación filosófica del individuo como ser intermedio entre lo material y lo divino. Por eso, Garcilaso beberá la idea del deseo como ascenso (Platón/Ficino), lo que le añade una capa de escepticismo vital que algunos estudiosos, como Rivers, vinculan con su propia experiencia como hombre de armas y letras: alguien que conoce la brevedad de la vida y la fragilidad de las promesas.
Recordemos que para Ficino (como para Garcilaso):
"Sólo al hombre le es dado en suerte tomar angustiosa conciencia de su limitación, de la imposibilidad de superarla, de la miseria de su finitud. A la imbecillitas corporis, que comparte con todos los demás seres vivos, el hombre, y sólo él, añade una espasmódica inquietudo animi, una anxietas que se manifiesta como sed imposible de saciar en las fuentes terrenales. Ficino insiste sin descanso en las amenazas del dolor y la muerte, así como en algo más sutil todavía: la sensación de una vanidad radical de las cosas, la sensación de que vivimos en un mundo falaz de sombras e ilusiones, de que nos movemos por la superficie de una realidad cuyo secreto último se nos escapa.
Ahora bien, dos pueden ser las vías de salida para esta dolorosa conciencia de incompletitud propia de nuesta naturaleza, de esta necesidad de no se sabe muy bien qué, de esta punzante y amarga desesperación que nunca abandona al filósofo serio. De un lado, el reconocimiento explícito y la aceptación de una situación bloqueada, sin salida; de otro, la esperanza de que en este mundo no sea todo más que un mal sueño, que la manifiesta insignificancia de las cosas sea indicio de que por encima de estas cosas insignificantes existe el plano de los significados, la luz que no se extingue y todo lo ilumina, la fuente que puede de verdad saciar toda sed
".
[Garin, Eugenio. La revolución cultural del Renacimiento. Barcelona: Crítica, 1984, pp. 143-144]

Consecuentemente, al abordar el estudio del célebre inicio «un rato se levanta mi esperanza», no deberá verse solo un verso endecasílabo, sino la representación gráfica de un movimiento anímico: la ascensión y la caída, un eje vertical que define toda la lírica amorosa del Renacimiento. Conviértese por ello el elemento temporal "rato" en el núcleo del escepticismo garcilasiano, acotando el bienestar a la insignificancia cronológica de un instante, preparando al oyente para la caída inmediata. Es la brevedad del tempus fugit aplicada al sentimiento amoroso.
Teniendo en consideración estas cuestiones, habría que considerar que, para comentar este soneto con rigor, es imperativo aludir a la base ideológica que lo sustenta. No se entiende el conflicto de Garcilaso sin la tensión neoplatónica: el deseo como ascenso hacia la belleza y la realidad material como lastre. En efecto, Garcilaso heredó la noción petrarquista del error consentido: el amante sabe que el camino conduce al "daño", pero la inercia de su propio "cuidado" (la obsesión amorosa) le impide detenerse. Y esta lucha entre lo que el alma desea (el ascenso hacia la Belleza/Esperanza) y lo que la realidad impone (la caída/Cansancio) remite directamente a las teorías de Marsilio Ficino. Sin embargo, Garcilaso aporta un matiz de realismo psicológico propio del caballero renacentista: la aceptación de la derrota. Es lo que señala Elias Rivers: el poeta no busca una solución mística, sino que se limita a dar testimonio de su "estado", una palabra clave que define la fijeza del sufrimiento frente a la mutabilidad de la alegría.
Imagen generada con IA Gemini
Así, siguiendo la estructura interna del contenido, el poema se construye sobre la dialéctica de la esperanza y el cansancio, casi como un viaje psicológico, que comienza con la postración (la esperanza que "torna a caer") para culminar en una resolución heroica y afirmativa. La modernidad de Garcilaso, entonces, reside en esa autoconciencia: el poeta no solo sufre, sino que observa su propio sufrimiento con un escepticismo casi clínico.. Y es este recorrido el que separa a Garcilaso de sus antecesores, uniendo lo espiritual y lo tangible, de forma que el amor no es solo un ideal platónico de "desnudo espíritu", sino una fuerza que reside en el hombre de "carne y hueso": es la reivindicación de la humanidad completa. 
Y, fiel al ideal de su tiempo, Garcilaso escribirá su poema con una sencillez aparente que esconde un dominio técnico absoluto (ajustándose a la "sprezzatura" o elegancia natural" expuesta por Castiglione). Y, a la par, desarrollará una tensión dinámica que define su texto, pasando de la languidez inicial de los cuartetos a la energía asertiva de los tercetos, ajustando la forma al contenido. Ejemplo de ello es el uso del encabalgamiento (especialmente entre los versos 5 y 6), que no es un adorno métrico, sino una herramienta para que el oyente sienta físicamente la "áspera mudanza" del dolor, o el desarrollo de los tópicos formulados, no como un motivo literario recurrente más, sino como una metáfora de su pasión interna. Así, el tópico de la Fortuna (la suerte que sube y baja en un rueda de incesante movimiento) es empleado para subvertirlo, destacando la lucha del individuo (él mismo) contra los obstáculos (los "mil inconvenientes"), y terminando taxativo con la idea de que el compromiso amoroso es un desafio, es más fuerte que la "prisión", que los "montes" e incluso que la propia "muerte" (idea que evolucionará luego al "amor constante más allá de la muerte".




SONETO IV: “Un rato se levanta mi esperanza”, de Garcilaso de la Vega 

 

Un rato se levanta mi esperanza;
mas, cansada de haberse levantado,
torna a caer, que deja, a mal mi grado,                                a mal mi grado = a mi pesar 
libre el lugar a la desconfianza.

¿Quién sufrirá tan áspera mudanza
del bien al mal? ¡Oh, corazón cansado,
esfuerza en la miseria de tu estado,                                      esfuerza = saca fuerzas, anímate
que tras fortuna suele haber bonanza!                                 fortuna = adversidad

Yo mismo emprenderé, a fuerza de brazos,
romper un monte que otro no rompiera,
de mil inconvenientes muy espeso.

Muerte, prisión no pueden, ni embarazos,                           embarazos = obstáculos
quitarme de ir a veros como quiera,                                      quitarme = impedirme
desnudo espíritu o hombre en carne y hueso.                Este verso es traducción de otro de Petrarca                            

  Garcilaso de la Vega

 

Para la realización de este comentario seguiremos el modelo establecido por José María Díez Borque [Comentario de textos literarios. Método y práctica. Madrid: Playor, 1985].




ÍNDICE DEL COMENTARIO DEL SONETO
1. Adecuación,
a. Localización y contexto.
b. El texto en sociedad.
I. El texto como producto de una clase social.
II. El texto como reflejo de la mentalidad y la cosmovisión (ideología).
III. El texto y su relación con el sistema de valores (éthos).
IV. El público receptor y el consumo literarios.
c. Análisis de los elementos de la comunicación.
d. Intencionalidad comunicativa y funciones del lenguaje.
2. Coherencia.
a. Tipología.
b. Resumen.
c. Argumento.
d. Tema.
e. Subtemas o motivos.
f. Estructura externa.
I. Rirmo de cantidad.
II. Ritmo de intensidad.
III. Rirmo de timbre.
IV. Ritmo de tono.
g. Estructura interna.
3 Cohesión.
a. Léxico.
b. Análisis de figuras literarias.
I. En el plano fónico-fonológico.
II.En el plano morfosintáctico
III. En el plano semántico.

1. ADECUACIÓN.

 

    a. Localización y contexto.


Este poema es un soneto de Garcilaso de la Vega (15011536), una de las figuras fundamentales del Renacimiento español. Su relevancia literaria se debe, en gran medida, a su decisiva contribución a la renovación de la lírica castellana, al incorporar de manera sistemática el endecasílabo italiano en diversas variantes y formaciones estróficas y los principios estéticos del petrarquismo, que transformaron de forma duradera la tradición poética castellana. 

Como indicó el profesor Antonio Prieto [Ferreras, Juan Ignacio (dir.) Historia crítica de la literatura hispánica. Vol. 4. La poesía en la Edad de Oro (Renacimiento). Madrid: Taurus, 1988], Garcilaso trasciende la tradición del Cancionero para instaurar una nueva sensibilidad. Garcilaso no solo copia metros (endecasílabo, soneto, lira...), sino que importa una nueva cosmovisión: el Neoplatonismo (esa visión del amor como una fuerza que eleva el alma, pero que también genera melancolía por la inalcanzabilidad del objeto amado -Isabel Freyre como trasunto poético-); junto a una conciencia de la fugacidad del tiempo (Carpe Diem) y la presencia constante de la muerte. Por eso afirma que Garcilaso es el primer poeta español que logra una lengua poética que no parece lengua de laboratorio, sino expresión natural del sentimiento:

"Si con Boscán estábamos en los principios de una ejemplar aclimatación de la nueva poesía, con su amigo Garcilaso hallamos la evocación de un mundo lírico y de una lengua poética a cuyo paso caminará largamente la poesía española. Era una lengua personal (su cancionero) y que como arte podía heredarse, con lo que los poetas españoles encontraron una lengua garcilasiana que unir a la petrarquista para dar uno de los más bellos sentidos al siglo XVI" (pág. 27).

Desde el punto de vista histórico y artístico, esta composición podemos situarla en el primer tercio del siglo XVI, en el contexto del reinado de Carlos V, etapa marcada por la difusión del Humanismo y el Renacimiento. Este movimiento propició una síntesis entre determinados valores heredados de la tradición medieval y una nueva concepción neoplatónica del amor y del ser humano, plenamente asumida por la lírica renacentista.

5 de febrero de 2026

MINILECTURA: "EL MIEDO", de RAMÓN MARÍA DEL VALLE-INCLÁN


EL MIEDO


de Ramón María del Valle-Inclán (1866-1936)
publicado el 27 de enero de 1902 en el periódico “El Imparcial”.

(Fragmento de "Sonata de Otoño").


Ese largo y angustioso escalofrío que parece mensajero de la muerte, el verdadero escalofrío del miedo, sólo lo he sentido una vez. Fue hace muchos años, en aquel hermoso tiempo de los mayorazgos, cuando se hacía información de nobleza para ser militar. Yo acababa de obtener los cordones de Caballero Cadete. Hubiera preferido entrar en la Guardia de la Real Persona; pero mi madre se oponía, y siguiendo la tradición familiar, fui granadero en el Regimiento del Rey. No recuerdo con certeza los años que hace, pero entonces apenas me apuntaba el bozo y hoy ando cerca de ser un viejo caduco. Antes de entrar en el Regimiento mi madre quiso echarme su bendición. La pobre señora vivía retirada en el fondo de una aldea, donde estaba nuestro pazo solariego, y allá fui sumiso y obediente. La misma tarde que llegué mandó en busca del Prior de Brandeso para que viniese a confesarme en la capilla del Pazo. Mis hermanas María Isabel y María Fernanda, que eran unas niñas, bajaron a coger rosas al jardín, y mi madre llenó con ellas los floreros del altar. Después me llamó en voz baja para darme su devocionario y decirme que hiciese examen de conciencia:
-Vete a la tribuna, hijo mío. Allí estarás mejor…
La tribuna señorial estaba al lado del Evangelio y comunicaba con la biblioteca. La capilla era húmeda, tenebrosa, resonante. Sobre el retablo campeaba el escudo concedido por ejecutorias de los Reyes Católicos al señor de Bradomín, Pedro Aguiar de Tor, llamado el Chivo y también el Viejo. Aquel caballero estaba enterrado a la derecha del altar. El sepulcro tenía la estatua orante de un guerrero. La lámpara del presbiterio alumbraba día y noche ante el retablo, labrado como joyel de reyes. Los áureos racimos de la vid evangélica parecían ofrecerse cargados de fruto. El santo tutelar era aquel piadoso Rey Mago que ofreció mirra al Niño Dios. Su túnica de seda bordada de oro brillaba con el resplandor devoto de un milagro oriental. La luz de la lámpara, entre las cadenas de plata, tenía tímido aleteo de pájaro prisionero como si se afanase por volar hacia el Santo.
Mi madre quiso que fuesen sus manos las que dejasen aquella tarde a los pies del Rey Mago los floreros cargados de rosas como ofrenda de su alma devota. Después, acompañada de mis hermanas, se arrodilló ante el altar. Yo, desde la tribuna, solamente oía el murmullo de su voz, que guiaba moribunda las avemarías; pero cuando a las niñas les tocaba responder, oía todas las palabras rituales de la oración. La tarde agonizaba y los rezos resonaban en la silenciosa oscuridad de la capilla, hondos, tristes y augustos, como un eco de la Pasión. Yo me adormecía en la tribuna. Las niñas fueron a sentarse en las gradas del altar. Sus vestidos eran albos como el lino de los paños litúrgicos. Ya sólo distinguía una sombra que rezaba bajo la lámpara del presbiterio. Era mi madre, que sostenía entre sus manos un libro abierto y leía con la cabeza inclinada. De tarde en tarde, el viento mecía la cortina de un alto ventanal. Yo entonces veía en el cielo, ya oscura, la faz de la luna, pálida y sobrenatural como una diosa que tiene su altar en los bosques y en los lagos…

21 de noviembre de 2025

MINILECTURA."VAMPIRO" de EMILIA PARDO BAZÁN (1851-1921).


«Vampiro»


de EMILIA PARDO BAZÁN,
publicado en "Blanco y Negro" en 1901.



La crítica especializada sobre Emilia Pardo Bazán ha destacado especialmente sus cuentos de corte feminista y naturalista, donde el matrimonio se presenta como espacio de desigualdad de poder y de instrumentalización de la mujer. Son varios los estudios que analizan la condición femenina en relatos de matrimonio desigual (por ejemplo, "Feminista, un cuento radical de Pardo Bazán", de Amélie Florenchie, o "Emilia Pardo Bazán. ‘Feminista’: desigualdad intergenérica y violencia doméstica”, de , pero escasos los que analizan este cuento. Leámoslo.



No se hablaba en el país de otra cosa. ¡Y qué milagro! ¿Sucede todos los días que un setentón vaya al altar con una niña de quince?

Así, al pie de la letra: quince y dos meses acababa de cumplir Inesiña, la sobrina del cura de Gondelle, cuando su propio tío, en la iglesia del santuario de Nuestra Señora del Plomo —distante tres leguas de Vilamorta— bendijo su unión con el señor don Fortunato Gayoso, de setenta y siete y medio, según rezaba su partida de bautismo. La única exigencia de Inesiña había sido casarse en el santuario; era devota de aquella Virgen y usaba siempre el escapulario del Plomo, de franela blanca y seda azul. Y como el novio no podía, ¡qué había de poder, malpocadiño!, subir por su pie la escarpada cuesta que conduce al Plomo desde la carretera entre Cebre y Vilamorta, ni tampoco sostenerse a caballo, se discurrió que dos fornidos mocetones de Gondelle, hechos a cargar el enorme cestón de uvas en las vendimias, llevasen a don Fortunato a la silla de la reina hasta el templo. ¡Buen paso de risa!

Sin embargo, en los casinos, boticas y demás círculos, digámoslo así, de Vilamorta y Cebre, como también en los atrios y sacristías de las parroquiales, se hubo de convenir en que Gondelle cazaba muy largo, y en que a Inesiña le había caído el premio mayor. ¿Quién era, vamos a ver, Inesiña? Una chiquilla fresca, llena de vida, de ojos brillantes, de carrillos como rosas; pero qué demonio, ¡hay tantas así desde el Sil al Avieiro! En cambio, caudal como el de don Fortunato no se encuentra otro en toda la provincia. Él sería bien ganado o mal ganado, porque esos que vuelven del otro mundo con tantísimos miles de duros, sabe Dios qué historia ocultan entre las dos tapas de la maleta; sólo que… ¡pchs!, ¿quién se mete a investigar el origen de un fortunón? Los fortunones son como el buen tiempo: se disfrutan y no se preguntan sus causas.

Que el señor Gayoso se había traído un platal, constaba por referencias muy auténticas y fidedignas; sólo en la sucursal del Banco de Auriabella dejaba depositados, esperando ocasión de invertirlos, cerca de dos millones de reales (en Cebre y Vilamorta se cuenta por reales aún). Cuantos pedazos de tierra se vendían en el país, sin regatear los compraba Gayoso; en la misma plaza de la Constitución de Vilamorta había adquirido un grupo de tres casas, derribándolas y alzando sobre los solares nuevo y suntuoso edificio.

—¿No le bastarían a ese viejo chocho siete pies de tierra? —preguntaban entre burlones e indignos los concurrentes al Casino.

Júzguese lo que añadirían al difundirse la extraña noticia de la boda, y al saberse que don Fortunato, no sólo dotaba espléndidamente a la sobrina del cura, sino que la instituía heredera universal. Los berridos de los parientes, más o menos próximos, del ricachón, llegaron al cielo: hablóse de tribunales, de locura senil, de encierro en el manicomio. Mas como don Fortunato, aunque muy acabadito y hecho una pasa seca, conservaba íntegras sus facultades y discurría y gobernaba perfectamente, fue preciso dejarle, encomendando su castigo a su propia locura.

Lo que no se evitó fue la cencerrada monstruo. Ante la casa nueva, decorada y amueblada sin reparar en gastos, donde se habían recogido ya los esposos, juntáronse, armados de sartenes, cazos, trípodes, latas, cuernos y pitos, más de quinientos bárbaros. Alborotaron cuanto quisieron sin que nadie les pusiese coto; en el edificio no se entreabrió una ventana, no se filtró luz por las rendijas: cansados y desilusionados, los cencerreadores se retiraron a dormir ellos también. Aun cuando estaban conchavados para cencerrar una semana entera, es lo cierto que la noche de tornaboda ya dejaron en paz a los cónyuges y en soledad la plaza.

Entre tanto, allá dentro de la hermosa mansión, abarrotada de ricos muebles y de cuanto pueden exigir la comodidad y el regalo, la novia creía soñar; por poco, y a sus solas, capaz se sentía de bailar de gusto. El temor, más instintivo que razonado, con que fue al altar de Nuestra Señora del Plomo, se había disipado ante los dulces y paternales razonamientos del anciano marido, el cual sólo pedía a la tierna esposa un poco de cariño y de calor, los incesantes cuidados que necesita la extrema vejez. Ahora se explicaba Inesiña los reiterados «No tengas miedo, boba»; los «Cásate tranquila», de su tío el abad de Gondelle. Era un oficio piadoso, era un papel de enfermera y de hija el que le tocaba desempeñar por algún tiempo…, acaso por muy poco. La prueba de que seguiría siendo chiquilla, eran las dos muñecas enormes, vestidas de sedas y encajes, que encontró en su tocador, muy graves, con caras de tontas, sentadas en el confidente de raso. Allí no se concebía, ni en hipótesis, ni por soñación, que pudiesen venir otras criaturas más que aquellas de fina porcelana.