9 de julio de 2026

LA ARGUMENTACIÓN. FORMAS Y TIPOS DE ARGUMENTOS , TÓPICOS. FALACIAS.


TEMAS QUE VAMOS A DESARROLLAR
A. ¿Qué es un texto argumentativo?.
B. ¿Cuáles son las estructuras que puede adoptar un texto argumentativo?
Tres modelos o estrategias de disposición argumentativa:
1. Disposición lineal o clásica.
2. Disposición contraargumentativa o de oposición.
3. Disposición dialéctica o de síntesis.
Según la fuerza y el orden de los argumentos:
Orden creciente (o de fuerza ascendente).
Orden decreciente (o de fuerza descendente).
Orden homérico o nestoriano.
Según el lugar de colocación de la tesis:
Estructura deductiva o analizante.
Estructura inductiva o sintetizante.
Estructura encuadrada o circular.
Estructura dialéctica.
Estructura comparativa.
Estructura repetitiva o reiterativa.
Estructura paralela.
Estructura interrogante o problematizadora.
Estructura enumerativa o acumulativa.
Estructura causal.
Estructura consecutiva.
Estructura de problema-solución.
Estructura concesiva.
Estructura refutativa.
Estructura cronológica o secuencial.
Estructura mixta o combinada.
C. Características lingüísticas de los textos argumentativos.
D. Clasificación.
Argumentos lógico-racionales.
1. Argumento de autoridad.
2. Argumento de semejanza o analogía (a simili, a pari).
3. Argumento de caysa y efecto.
4. Argumento de ejemplificación.
5. Argumento por consecuencias.
6. Argumento por generalización.
7. Argumento por signos o indicios.
8. Argumento por definición.
9. Argumento deductivo o silogístico.
10. Argumento pragmático o por utilidad, calidad o necesidad.
Argumentos empíricos.
11. Argumento de hecho y datos estadísticos.
12. Argumento de experiencia personal o testimonio.
13. Argumento por observación sistemática o inductivo-empírico.
Tópicos argumentativos o loci.
1. Tópico de utilidad o tópico preagmático.
2. Tópico de cantidad.
3. Tópico de calidad.
4. Tópico de tradición.
5. Tópico de progreso o de la novedad.
6. Tópico moral o ético.
7. Tópico de la justicia.
Apéndice. Falacias argumentativas comunes.
1. Falacia ad hominem o ataque personal.
2. Falacia ad populum o apelación emocional a la masa.
3. Falacia de la falsa causa.
4. Falacia de la generalización apresurada.
5. Falacia del muñeco de paja
6. Falacia del falso dilema.
7. Falacia desde la ignorancia (ad ignorantiam)
8. Falacia de la bola de nieve (pendiente deslizante).
9. Falacia de la cuestión compleja.
10. Falacia del recurso a la fuerza (ad baculum).
11. Falacia del recurso a la piedad (ad misericordiam).
12. Falacia por las consecuencias (ad consequentiam).
13. Falacia de autoridad (ad verecundiam).
14. Falacia de la falsa analogía.
15. Falacia de la correlación casual (post hoc ergo propter hoc).
16. Falacia de petición del principio (petitio principii).


Nota: esta entrada está encaminada, fundamentalmente, a los alumnos de bachillerato y su preparación para la PAU/EVAU.

A. ¿Qué es un texto argumentativo?

Un texto argumentativo es aquel cuya finalidad principal consiste en defender, justificar, matizar o refutar una idea, una opinión o un punto de vista acerca de un tema discutible. A diferencia de los textos meramente expositivos, que se limitan a informar o explicar una realidad, el texto argumentativo pretende intervenir en una controversia: parte de una cuestión sobre la que pueden existir distintas posturas y trata de conseguir que el destinatario acepte, al menos parcialmente, la posición defendida por el emisor. Por ejemplo, no es lo mismo explicar qué es la lectura digital que defender la tesis de que “la lectura digital no debe sustituir por completo a la lectura en papel en el ámbito educativo”. En el primer caso predomina la exposición; en el segundo, la argumentación.

No obstante, debemos distinguir entre opinión, postura o punto de vista y tesis.

La opinión es subjetiva (lo pienso yo) y no requiere de fundamentación alguna. Por regla general, no busca convencer al oyente, pues solo se quiere manifestar el propio punto de vista.
La postura o punto de vista es subjetiva (lo pienso yo), pero requiere fundamentación (por esto, lo otro...). Busca convencer al otro a través de sólidas argumentaciones.
La tesis suele ser objetiva, fundamentándose en razonamientos sólidos y en evidencias. Busca convencer, persuadir.
Hay textos que presentan opiniones sin que lleguen a ser una postura concreta del emisor (pues no se han fundamentado ni se busca convencer de nada, simplemente compartir un punto de vista). Y hay posturas, que se basan en hechos contrastables, que no son tesis, porque no son puntos de vista objetivos.

Los dos objetivos o finalidades de la argumentación, según el "Tratado de la argumentación" de Perelman y Olbrechts-Tyteca, son:

«persuadir y convencer (...). Mientras la persuasión connota la consecución de un resultdo práctico, la adopción de una actitud determinada o su puesta en práctica en la acción, el convencimiento no trasciende la esfera mental. Por otra parte, mientras la ciencia se basa en lo evidente, en precisas verdades y necesarias, en pruebas irrefutables y racionales, la filosofía y la retórica replantean siempre los problemas desde el comienzo, aportando pruebas solamente probables, razonables, preferibles, que hab de ser aceptadas responsablemente».
[Perelman, Chaïm, y Lucie Olbrechts-Tyteca. Tratado de la argumentación: la nueva retórica. Madrid: Gredos, 1989, pág. 16]

Para cumplir esa doble finalidad, el emisor aporta razones, pruebas, datos, ejemplos, comparaciones, testimonios o argumentos de autoridad con los que intenta sostener su tesis o debilitar una opinión contraria. Así, ante la tesis “conviene limitar el uso del teléfono móvil en las aulas”, podrían emplearse, por ejemplo, argumentos causales —“su uso constante dispersa la atención”—, argumentos de autoridad —“diversos informes pedagógicos advierten sobre la relación entre distracción digital y bajo rendimiento”— o argumentos por consecuencias —“si se reduce su presencia durante las clases, puede mejorar la concentración y la participación del alumnado”. La fuerza del texto argumentativo depende, por tanto, de la calidad, pertinencia y organización de esas razones.

La argumentación ha venido siendo estudiada desde dos ámbitos, el de la lógica y el de la retórica. Pero actualmente hay que añadir otros focos de interés, como el de la neoretórica, el de la teoría de la comunicación, de la pragmática, la argumentación como forma textual, como textocy como texto en situación. Vamos a exponerlo.

① Desde el punto de vista de la lógica, un argumento se concibe como un razonamiento compuesto por una o varias premisas y una conclusión. Las premisas son los enunciados que sirven de punto de partida, mientras que la conclusión es la afirmación que se pretende demostrar, justificar o inferir a partir de ellas. En este marco, lo fundamental no es tanto persuadir a un auditorio concreto como determinar si la conclusión se sigue correctamente de las premisas. Por ejemplo, en el razonamiento clásico “todos los seres humanos son mortales; Sócrates es un ser humano; por tanto, Sócrates es mortal”, la conclusión deriva necesariamente de las premisas, de modo que el argumento presenta una estructura válida.

La lógica distingue entre la verdad de los enunciados y la validez de la inferencia. Un argumento puede tener premisas verdaderas o falsas, pero será válido si la conclusión se desprende necesariamente de ellas según una forma correcta de razonamiento. Así, en los argumentos deductivos, si las premisas son verdaderas y la estructura es válida, la conclusión no puede ser falsa. En cambio, si la relación entre premisas y conclusión es defectuosa, el argumento será inválido, aunque pueda parecer convincente. Por ello, la lógica se ocupa principalmente de la coherencia interna del razonamiento y de la corrección formal del paso de unas proposiciones a otras.
Además de la deducción, la lógica y la teoría de la argumentación reconocen otros modos de razonamiento, como la inducción y la abducción. En la inducción, se parte de casos particulares para formular una conclusión general probable: “varios alumnos que leen con frecuencia obtienen mejores resultados de comprensión; por tanto, la lectura habitual favorece la competencia lectora”. En la abducción, se propone una hipótesis explicativa ante un hecho observado: “si muchos estudiantes fallan en preguntas inferenciales, quizá no se haya trabajado suficientemente la interpretación implícita”. A diferencia de la deducción, estos razonamientos no garantizan una conclusión necesaria, sino más o menos probable según la cantidad y calidad de las pruebas.

En consecuencia, desde una perspectiva lógica, un argumento se evalúa atendiendo a criterios como la validez, la consistencia, la ausencia de contradicción, la pertinencia de las premisas y la suficiencia de las pruebas. Un razonamiento es más sólido cuanto mejor conectadas están sus premisas con la conclusión y cuanto menos depende de ambigüedades, saltos injustificados o falacias. Por eso, la lógica proporciona instrumentos para analizar si un argumento está bien construido, si incurre en contradicciones o si la conclusión excede lo que las premisas permiten afirmar.
[Vega Reñón, Luis. Si de argumentar se trata. Barcelona: Montesinos, 2003.
Weston, Anthony. Las claves de la argumentación. Barcelona: Ariel, 2001].

Esta perspectiva permite establecer una primera distinción entre lógica y retórica: mientras que la lógica se centra en la corrección racional del razonamiento, la retórica atiende también a su eficacia persuasiva en una situación comunicativa concreta. Dicho de otro modo, para la lógica interesa si la conclusión se sigue adecuadamente de las premisas; para la retórica, además, importa si ese razonamiento resulta convincente para un auditorio determinado. A partir de esta diferencia puede entenderse mejor la relación, y también la tensión, entre validez lógica y fuerza persuasiva.

② Desde el punto de vista de la retórica, los argumentos no se valoran únicamente en términos de verdad o falsedad, como ocurre en la lógica formal, sino en función de su probabilidad, plausibilidad o verosimilitud dentro de un determinado contexto comunicativo. Un argumento retórico pretende obtener la adhesión de un auditorio concreto y, por ello, depende en gran medida del sistema de creencias, valores, conocimientos previos y expectativas que ese auditorio comparte —o no— con el emisor. Así, un razonamiento puede resultar convincente para un grupo de lectores/oyentes porque apela a valores que consideran legítimos, como la justicia, la utilidad, la tradición o el progreso, y ser, en cambio, poco persuasivo para otro auditorio/lector que ordena esos valores de manera distinta.

MINILECTURA. "LA CALAVERA DEL MARQUÉS DE SADE", de ROBERT BLOCH (EE.UU., 1917-1994 d.n.e.)


Esta narración de terror gótico presenta a Christopher Maitland, un coleccionista de objetos macabros que adquiere, por medio del turbio traficante Marco, una reliquia atribuida al Marqués de Sade: su supuesta calavera. Pese a las advertencias sobre la maldición que la rodea y sobre los rituales perversos vinculados a ella, Maitland sucumbe a una obsesión cada vez más intensa. El relato sugiere que el objeto no es una mera pieza de colección, sino una presencia dotada de voluntad propia, maligna y depredadora, responsable de las desgracias sufridas por sus antiguos poseedores. Tras hallar el cadáver de Marco, el protagonista se apropia definitivamente de la calavera y comienza a padecer pesadillas que pronto invaden la realidad hasta volverse mortales. En el desenlace, la reliquia confirma su autonomía monstruosa al provocar la muerte de Maitland, cuya expresión severa queda transformada en una mueca de satisfacción sádica. La fuente plantea así una reflexión inquietante sobre cómo la fascinación por la crueldad histórica y el deseo de poseer sus vestigios pueden desembocar en una autodestrucción tanto física como espiritual.
Imagen creada con IA NotebookKLM

LA CALAVERA DEL MARQUÉS DE SADE (1945)

publicado originalmente en la revista Weird Tales


1.

Christopher Maitland se sentó de nuevo en su silla frente a la chimenea y acarició la encuadernación de un viejo libro. Su rostro delgado, modelado por la parpadeante luz del fuego, mostraba una característica expresión de reflexión erudita.

La curiosidad intelectual de Maitland se concentraba en el volumen que tenía en las manos. Brevemente, se preguntaba si la piel humana que encuadernaba el libro procedía de un hombre, una mujer o un niño.

El librero le había asegurado que el tomo estaba encuadernado con una porción de piel de mujer, pero Maitland, por mucho que deseara creerlo, era escéptico por naturaleza. Por lo general, los libreros que comercian con este tipo de curiosidades no gozan de demasiada reputación, y los años que Christopher Maitland llevaba tratando con este tipo de gente habían hecho mucho por destruir la fe en su veracidad.

Aun así, esperaba que la historia fuera cierta. Era agradable tener un libro encuadernado en la piel de una mujer. Era agradable tener una crux ansata fabricada a partir de un fémur; una colección de cabezas de Dyack; una arrugada Mano de la Gloria robada de un cementerio de Mainz. Maitland poseía todos estos objetos y muchos más. Porque era un coleccionista de lo extraño.

Maitland sostuvo el libro al trasluz y trató de distinguir la formación de los poros bajo la superficie curtida de la encuadernación. Las mujeres tenían poros más finos que los hombres, ¿no?

—Disculpe, señor.

Maitland se volvió al entrar Hume.

—¿Qué ocurre? — preguntó.

—Esa persona está aquí de nuevo.

—¿Persona?

—El Sr. Marco.

—Oh

Maitland se levantó, ignorando la expresión casi grotesca de desagrado del mayordomo. Reprimió una risita. Al pobre Hume no le gustaba Marco, ni ninguno de los rufianes que suministraban a Maitland objetos para su colección. A Hume tampoco le gustaba la colección en sí: Maitland recordaba vívidamente el temblor aprensivo del viejo criado cuando desempolvó el estuche que contenía la momia del sacerdote de Horus decapitado por brujería.

—Marco, ¿eh? Me pregunto qué se trae—. musitó Maitland. —Bueno, será mejor que le haga pasar.

Hume se dio la vuelta y se marchó con una notable falta de entusiasmo. En cuanto a Maitland, su interés aumentó. Pasó la mano por el dorso reticulado de un tao-tieh de Jade y se lamió los labios con una expresión muy parecida a la que adornaba el rostro de la imagen china de la glotonería.

El viejo Marco estaba aquí. Eso significaba algo realmente especial en materia de adquisiciones. Tal vez Marco no era exactamente el tipo de persona a la que se invitaba al Club, pero tenía su utilidad. De dónde sacaba algunas de las cosas que ponía a la venta, Maitland no lo sabía; no le importaba demasiado. Eso era cosa de Marco. Lo que interesaba a Christopher Maitland era la rareza de lo que ofrecía. Si uno quería un libro encuadernado en piel humana, el viejo Marco era el tipo adecuado para conseguirlo, aunque tuviera que desollarlo y encuadernarlo él mismo. ¡Gran personaje, el viejo Marco!

—El Sr. Marco, señor.

Hume se retiró con discreción, y Maitland hizo un gesto a su visitante para que se acercara.

El Sr. Marco se deslizó en la habitación. El hombrecillo era gordo, grasiento; su carne grumosa, como el sebo coagulándose alrededor del muñón de una vela. Su palidez de cera acentuaba el símil. Parecía que sólo faltaba que brotara una mecha de la bola calva de grasa que servía de cabeza al señor Marco.