TEMAS QUE VAMOS A DESARROLLAR |
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A. ¿Qué es un texto argumentativo?. B. ¿Cuáles son las estructuras que puede adoptar un texto argumentativo? Tres modelos o estrategias de disposición argumentativa: 1. Disposición lineal o clásica.Según la fuerza y el orden de los argumentos: Orden creciente (o de fuerza ascendente).Según el lugar de colocación de la tesis: Estructura deductiva o analizante.C. Características lingüísticas de los textos argumentativos. D. Clasificación. Argumentos lógico-racionales. 1. Argumento de autoridad.Argumentos empíricos. 11. Argumento de hecho y datos estadísticos.Tópicos argumentativos o loci. 1. Tópico de utilidad o tópico preagmático.Apéndice. Falacias argumentativas comunes. 1. Falacia ad hominem o ataque personal. |
Nota: esta entrada está encaminada, fundamentalmente, a los alumnos de bachillerato y su preparación para la PAU/EVAU.
A. ¿Qué es un texto argumentativo?
Un texto argumentativo es aquel cuya finalidad principal consiste en defender, justificar, matizar o refutar una idea, una opinión o un punto de vista acerca de un tema discutible. A diferencia de los textos meramente expositivos, que se limitan a informar o explicar una realidad, el texto argumentativo pretende intervenir en una controversia: parte de una cuestión sobre la que pueden existir distintas posturas y trata de conseguir que el destinatario acepte, al menos parcialmente, la posición defendida por el emisor. Por ejemplo, no es lo mismo explicar qué es la lectura digital que defender la tesis de que “la lectura digital no debe sustituir por completo a la lectura en papel en el ámbito educativo”. En el primer caso predomina la exposición; en el segundo, la argumentación.
No obstante, debemos distinguir entre opinión, postura o punto de vista y tesis.
La opinión es subjetiva (lo pienso yo) y no requiere de fundamentación alguna. Por regla general, no busca convencer al oyente, pues solo se quiere manifestar el propio punto de vista.
La postura o punto de vista es subjetiva (lo pienso yo), pero requiere fundamentación (por esto, lo otro...). Busca convencer al otro a través de sólidas argumentaciones.
La tesis suele ser objetiva, fundamentándose en razonamientos sólidos y en evidencias. Busca convencer, persuadir.
Hay textos que presentan opiniones sin que lleguen a ser una postura concreta del emisor (pues no se han fundamentado ni se busca convencer de nada, simplemente compartir un punto de vista). Y hay posturas, que se basan en hechos contrastables, que no son tesis, porque no son puntos de vista objetivos.
Los dos objetivos o finalidades de la argumentación, según el "Tratado de la argumentación" de Perelman y Olbrechts-Tyteca, son:
«persuadir y convencer (...). Mientras la persuasión connota la consecución de un resultdo práctico, la adopción de una actitud determinada o su puesta en práctica en la acción, el convencimiento no trasciende la esfera mental. Por otra parte, mientras la ciencia se basa en lo evidente, en precisas verdades y necesarias, en pruebas irrefutables y racionales, la filosofía y la retórica replantean siempre los problemas desde el comienzo, aportando pruebas solamente probables, razonables, preferibles, que hab de ser aceptadas responsablemente».
[Perelman, Chaïm, y Lucie Olbrechts-Tyteca. Tratado de la argumentación: la nueva retórica. Madrid: Gredos, 1989, pág. 16]
Para cumplir esa doble finalidad, el emisor aporta razones, pruebas, datos, ejemplos, comparaciones, testimonios o argumentos de autoridad con los que intenta sostener su tesis o debilitar una opinión contraria. Así, ante la tesis “conviene limitar el uso del teléfono móvil en las aulas”, podrían emplearse, por ejemplo, argumentos causales —“su uso constante dispersa la atención”—, argumentos de autoridad —“diversos informes pedagógicos advierten sobre la relación entre distracción digital y bajo rendimiento”— o argumentos por consecuencias —“si se reduce su presencia durante las clases, puede mejorar la concentración y la participación del alumnado”. La fuerza del texto argumentativo depende, por tanto, de la calidad, pertinencia y organización de esas razones.
La argumentación ha venido siendo estudiada desde dos ámbitos, el de la lógica y el de la retórica. Pero actualmente hay que añadir otros focos de interés, como el de la neoretórica, el de la teoría de la comunicación, de la pragmática, la argumentación como forma textual, como textocy como texto en situación. Vamos a exponerlo.
① Desde el punto de vista de la lógica, un argumento se concibe como un razonamiento compuesto por una o varias premisas y una conclusión. Las premisas son los enunciados que sirven de punto de partida, mientras que la conclusión es la afirmación que se pretende demostrar, justificar o inferir a partir de ellas. En este marco, lo fundamental no es tanto persuadir a un auditorio concreto como determinar si la conclusión se sigue correctamente de las premisas. Por ejemplo, en el razonamiento clásico “todos los seres humanos son mortales; Sócrates es un ser humano; por tanto, Sócrates es mortal”, la conclusión deriva necesariamente de las premisas, de modo que el argumento presenta una estructura válida.
La lógica distingue entre la verdad de los enunciados y la validez de la inferencia. Un argumento puede tener premisas verdaderas o falsas, pero será válido si la conclusión se desprende necesariamente de ellas según una forma correcta de razonamiento. Así, en los argumentos deductivos, si las premisas son verdaderas y la estructura es válida, la conclusión no puede ser falsa. En cambio, si la relación entre premisas y conclusión es defectuosa, el argumento será inválido, aunque pueda parecer convincente. Por ello, la lógica se ocupa principalmente de la coherencia interna del razonamiento y de la corrección formal del paso de unas proposiciones a otras.
Además de la deducción, la lógica y la teoría de la argumentación reconocen otros modos de razonamiento, como la inducción y la abducción. En la inducción, se parte de casos particulares para formular una conclusión general probable: “varios alumnos que leen con frecuencia obtienen mejores resultados de comprensión; por tanto, la lectura habitual favorece la competencia lectora”. En la abducción, se propone una hipótesis explicativa ante un hecho observado: “si muchos estudiantes fallan en preguntas inferenciales, quizá no se haya trabajado suficientemente la interpretación implícita”. A diferencia de la deducción, estos razonamientos no garantizan una conclusión necesaria, sino más o menos probable según la cantidad y calidad de las pruebas.
En consecuencia, desde una perspectiva lógica, un argumento se evalúa atendiendo a criterios como la validez, la consistencia, la ausencia de contradicción, la pertinencia de las premisas y la suficiencia de las pruebas. Un razonamiento es más sólido cuanto mejor conectadas están sus premisas con la conclusión y cuanto menos depende de ambigüedades, saltos injustificados o falacias. Por eso, la lógica proporciona instrumentos para analizar si un argumento está bien construido, si incurre en contradicciones o si la conclusión excede lo que las premisas permiten afirmar.
[Vega Reñón, Luis. Si de argumentar se trata. Barcelona: Montesinos, 2003.
Weston, Anthony. Las claves de la argumentación. Barcelona: Ariel, 2001].
Esta perspectiva permite establecer una primera distinción entre lógica y retórica: mientras que la lógica se centra en la corrección racional del razonamiento, la retórica atiende también a su eficacia persuasiva en una situación comunicativa concreta. Dicho de otro modo, para la lógica interesa si la conclusión se sigue adecuadamente de las premisas; para la retórica, además, importa si ese razonamiento resulta convincente para un auditorio determinado. A partir de esta diferencia puede entenderse mejor la relación, y también la tensión, entre validez lógica y fuerza persuasiva.
② Desde el punto de vista de la retórica, los argumentos no se valoran únicamente en términos de verdad o falsedad, como ocurre en la lógica formal, sino en función de su probabilidad, plausibilidad o verosimilitud dentro de un determinado contexto comunicativo. Un argumento retórico pretende obtener la adhesión de un auditorio concreto y, por ello, depende en gran medida del sistema de creencias, valores, conocimientos previos y expectativas que ese auditorio comparte —o no— con el emisor. Así, un razonamiento puede resultar convincente para un grupo de lectores/oyentes porque apela a valores que consideran legítimos, como la justicia, la utilidad, la tradición o el progreso, y ser, en cambio, poco persuasivo para otro auditorio/lector que ordena esos valores de manera distinta.
