5 de febrero de 2026

MINILECTURA: "EL MIEDO", de RAMÓN MARÍA DEL VALLE-INCLÁN


EL MIEDO


de Ramón María del Valle-Inclán (1866-1936)
publicado el 27 de enero de 1902 en el periódico “El Imparcial”.

(Fragmento de "Sonata de Otoño").


Ese largo y angustioso escalofrío que parece mensajero de la muerte, el verdadero escalofrío del miedo, sólo lo he sentido una vez. Fue hace muchos años, en aquel hermoso tiempo de los mayorazgos, cuando se hacía información de nobleza para ser militar. Yo acababa de obtener los cordones de Caballero Cadete. Hubiera preferido entrar en la Guardia de la Real Persona; pero mi madre se oponía, y siguiendo la tradición familiar, fui granadero en el Regimiento del Rey. No recuerdo con certeza los años que hace, pero entonces apenas me apuntaba el bozo y hoy ando cerca de ser un viejo caduco. Antes de entrar en el Regimiento mi madre quiso echarme su bendición. La pobre señora vivía retirada en el fondo de una aldea, donde estaba nuestro pazo solariego, y allá fui sumiso y obediente. La misma tarde que llegué mandó en busca del Prior de Brandeso para que viniese a confesarme en la capilla del Pazo. Mis hermanas María Isabel y María Fernanda, que eran unas niñas, bajaron a coger rosas al jardín, y mi madre llenó con ellas los floreros del altar. Después me llamó en voz baja para darme su devocionario y decirme que hiciese examen de conciencia:
-Vete a la tribuna, hijo mío. Allí estarás mejor…
La tribuna señorial estaba al lado del Evangelio y comunicaba con la biblioteca. La capilla era húmeda, tenebrosa, resonante. Sobre el retablo campeaba el escudo concedido por ejecutorias de los Reyes Católicos al señor de Bradomín, Pedro Aguiar de Tor, llamado el Chivo y también el Viejo. Aquel caballero estaba enterrado a la derecha del altar. El sepulcro tenía la estatua orante de un guerrero. La lámpara del presbiterio alumbraba día y noche ante el retablo, labrado como joyel de reyes. Los áureos racimos de la vid evangélica parecían ofrecerse cargados de fruto. El santo tutelar era aquel piadoso Rey Mago que ofreció mirra al Niño Dios. Su túnica de seda bordada de oro brillaba con el resplandor devoto de un milagro oriental. La luz de la lámpara, entre las cadenas de plata, tenía tímido aleteo de pájaro prisionero como si se afanase por volar hacia el Santo.
Mi madre quiso que fuesen sus manos las que dejasen aquella tarde a los pies del Rey Mago los floreros cargados de rosas como ofrenda de su alma devota. Después, acompañada de mis hermanas, se arrodilló ante el altar. Yo, desde la tribuna, solamente oía el murmullo de su voz, que guiaba moribunda las avemarías; pero cuando a las niñas les tocaba responder, oía todas las palabras rituales de la oración. La tarde agonizaba y los rezos resonaban en la silenciosa oscuridad de la capilla, hondos, tristes y augustos, como un eco de la Pasión. Yo me adormecía en la tribuna. Las niñas fueron a sentarse en las gradas del altar. Sus vestidos eran albos como el lino de los paños litúrgicos. Ya sólo distinguía una sombra que rezaba bajo la lámpara del presbiterio. Era mi madre, que sostenía entre sus manos un libro abierto y leía con la cabeza inclinada. De tarde en tarde, el viento mecía la cortina de un alto ventanal. Yo entonces veía en el cielo, ya oscura, la faz de la luna, pálida y sobrenatural como una diosa que tiene su altar en los bosques y en los lagos…

Mi madre cerró el libro dando un suspiro, y de nuevo llamó a las niñas. Vi pasar sus sombras blancas a través del presbiterio y columbré que se arrodillaban a los lados de mi madre. La luz de la lámpara temblaba con un débil resplandor sobre las manos que volvían a sostener abierto el libro. En el silencio la voz leía piadosa y lenta. Las niñas escuchaban. y adiviné sus cabelleras sueltas sobre la albura del ropaje y cayendo a los lados del rostro iguales, tristes, nazarenas. Habíame adormecido, y de pronto me sobresaltaron los gritos de mis hermanas. Miré y las vi en medio del presbiterio abrazadas a mi madre. Gritaban despavoridas. Mi madre las asió de la mano y huyeron las tres. Bajé presuroso. Iba a seguirlas y quedé sobrecogido de terror. En el sepulcro del guerrero se entrechocaban los huesos del esqueleto. Los cabellos se erizaron en mi frente. La capilla había quedado en el mayor silencio, y oíase distintamente el hueco y medroso rodar de la calavera sobre su almohada de piedra. Tuve miedo como no lo he tenido jamás, pero no quise que mi madre y mis hermanas me creyesen cobarde, y permanecí inmóvil en medio del presbiterio, con los ojos fijos en la puerta entreabierta. La luz de la lámpara oscilaba. En lo alto mecíase la cortina de un ventanal, y las nubes pasaban sobre la luna, y las estrellas se encendían y se apagaban como nuestras vidas. De pronto, allá lejos, resonó festivo ladrar de perros y música de cascabeles. Una voz grave y eclesiástica llamaba:
-¡Aquí, Carabel! ¡Aquí, Capitán…!
Era el Prior de Brandeso que llegaba para confesarme. Después oí la voz de mi madre trémula y asustada, y percibí distintamente la carrera retozona de los perros. La voz grave y eclesiástica se elevaba lentamente, como un canto gregoriano:
-Ahora veremos qué ha sido ello… Cosa del otro mundo no lo es, seguramente… ¡Aquí, Carabel! ¡Aquí, Capitán…!
Y el Prior de Brandeso, precedido de sus lebreles, apareció en la puerta de la capilla:
-¿Qué sucede, señor Granadero del Rey?
Yo repuse con voz ahogada:
-¡Señor Prior, he oído temblar el esqueleto dentro del sepulcro…!
El Prior atravesó lentamente la capilla. Era un hombre arrogante y erguido. En sus años juveniles también había sido Granadero del Rey. Llegó hasta mí, sin recoger el vuelo de sus hábitos blancos, y afirmándome una mano en el hombro y mirándome la faz descolorida, pronunció gravemente:
-¡Que nunca pueda decir el Prior de Brandeso que ha visto temblar a un Granadero del Rey…!
No levantó la mano de mi hombro, y permanecimos inmóviles, contemplándonos sin hablar. En aquel silencio oímos rodar la calavera del guerrero. La mano del Prior no tembló. A nuestro lado los perros enderezaban las orejas con el cuello espeluznado. De nuevo oímos rodar la calavera sobre su almohada de piedra. El Prior se sacudió:
-¡Señor Granadero del Rey, hay que saber si son trasgos o brujas!
Y se acercó al sepulcro y asió las dos anillas de bronce empotradas en una de las losas, aquella que tenía el epitafio. Me acerqué temblando. El Prior me miró sin despegar los labios. Yo puse mi mano sobre la suya en una anilla y tiré. Lentamente alzamos la piedra. El hueco, negro y frío, quedó ante nosotros. Yo vi que la árida y amarillenta calavera aún se movía. El Prior alargó un brazo dentro del sepulcro para cogerla. La recibí temblando. Yo estaba en medio del presbiterio y la luz de la lámpara caía sobre mis manos. Al fijar los ojos las sacudí con horror. Tenía entre ellas un nido de culebras que se desanillaron silbando, mientras la calavera rodaba por todas las gradas del presbiterio. El Prior me miró con sus ojos de guerrero que fulguraban bajo la capucha como bajo la visera de un casco:
-Señor Granadero del Rey, no hay absolución …¡Yo no absuelvo a los cobardes!
Y con rudo empaque salió sin recoger el vuelo de sus blancos hábitos talares. Las palabras del Prior de Brandeso resonaron mucho tiempo en mis oídos. Resuenan aún. ¡Tal vez por ellas he sabido más tarde sonreír a la muerte como a una mujer!



AUDIOLIBRO



CUESTIONARIO.

Bloque I: El léxico como marcador de época.

1.Las palabras transportan ideología y atmósfera. Busca en el diccionario los siguientes términos y clasifícalos según pertenezcan al ámbito del linaje/estamento noble, del estamento militar o de la liturgia eclesiástica: mayorazgo, presbiterio, cadete, pazo, prior, penumbra, cirios, bendición.

2. ¿Por qué crees que Valle-Inclán acumula tantos términos de estos tres ámbitos precisamente en un pazo gallego? ¿Qué tipo de sociedad nos está dibujando?

3. Morfología y léxico de terror. Localiza en el texto palabras, imágenes o expresiones que refuercen el campo semántico del “terror o miedo”. Añade al menos cinco palabras nuevas de ese mismo campo semántico, explícalas y crea cinco enunciados propios.

4. Identifica el valor estilístico de los adjetivos que utiliza el autor (¿son especificados o explicativos/epítetos?). Observa expresiones como "angustioso escalofrío", "capilla húmeda, tenebrosa, resonante" o "hueco y medroso rodar". ¿Qué función tienen en la creación del tempo narrativo?

Bloque II: Estética literaria y conexiones (Modernismo, Simbolismo y Romanticismo)

5. El cruce de caminos estético. Este fragmento de la Sonata de Otoño (1902) es un ejemplo perfecto de la convivencia de varias corrientes de fin de siglo. Analiza el texto y localiza dos ejemplos de cada una de las siguientes características, justificando tu elección:

a) El Modernismo esteticista y sensorial: mostró gusto por ambientes exquisitos, misteriosos, sensoriales, contrastes cromáticos, ambientaciones nocturnas y sugerentes. Busca 3 términos o palabras que consideres propias de este movimiento literario.
b) El Simbolismo: prefería objetos y ambientes simbólicos; lo espiritual y lo sensible, con un trasfondo de misterio, y asociación de sensaciones físicas y psicológicas. Busca 4 términos o palabras que consideres propias de este movimiento literario.
c) El Romanticismo crepuscular / Gótico: tuvo obsesión por lo oscuro, la muerte, espacios cerrados y nocturnos, emociones extremas, tristeza reflexiva. Busca 3 términos o palabras que consideres propias de este movimiento literario.
Bloque III: Comprensión, estructura e interpretación crítica.

6. Análisis de la voz y el tiempo. Determina el tipo de narrador. El relato se abre con una prolepsis (un salto al futuro) desde la vejez del protagonista: "hoy ando cerca de ser un viejo caduco". ¿Qué efecto produce en el lector saber que el narrador sobrevivió a aquella noche pero que sigue recordando ese miedo exacto?

7. El espacio de la capilla funciona como un cronotopo (unión de espacio y tiempo). Explica cómo influye la progresión del tiempo (la tarde que agoniza, la noche, el viento que mueve la cortina) en la intensificación psicológica del terror.

8. El quiebro de la lógica: ¿Terror gótico o realismo grotesco? Al final, el misterio de la calavera que se mueve se resuelve de forma física: hay un nido de culebras en su interior.
a) ¿Se produce realmente un hecho sobrenatural o estamos ante una explicación racional y naturalista?
b) Esta mezcla de la belleza de las rosas con lo repulsivo del nido de culebras anticipa lo que Valle-Inclán llamará más tarde la "estética de lo macabro". ¿Cómo reacciona el protagonista y qué nos dice esto de su educación en el honor?

9. Ideología y crítica social: El choque con el Prior. El Prior de Brandeso pronuncia una sentencia durísima: “¡Yo no absuelvo a los cobardes!”, y se marcha con “rudo empaque”.
a) Investiga o deduce el trasfondo de los personajes: tanto el Prior como el joven han sido "Granaderos del Rey". ¿Qué valores feudales, nobiliarios y de masculinidad militar representa el Prior?
b) ¿Por qué consideras que el protagonista afirma al final que esas palabras le sirvieron para "sonreír a la muerte como a una mujer"? ¿Hay ironía o aceptación del código de honor?

Bloque IV: Producción y creatividad

10. Elige UNA opción:
Opción A (Comentario filológico): Redacta un texto argumentativo (de entre 200 y 250 palabras) donde defiendas si "El miedo" debe clasificarse como un cuento de terror puramente romántico decimonónico o si la prosa rítmica y el desenlace lo convierten ya en una pieza clave del Modernismo hispánico. Fundaméntalo con citas del texto.
Opción B (Pastiche literario y reescritura): Escribe el desenlace alternativo del cuento, pero mutando la estética: haz que el encuentro con la calavera y el Prior no sea modernista, sino esperpéntico (la técnica posterior de Valle-Inclán). Utiliza la deformación grotesca, la degradación de los personajes y el lenguaje coloquial o desgarrado para reírte del miedo y del honor militar.
Opción C (Proyecto interdisciplinar - Adaptación audiovisual): Diseña el guion técnico y la banda sonora para la adaptación de este fragmento a un cortometraje cinematográfico. Debes especificar en una tabla: la escena, el tipo de plano (primer plano, plano detalle...), la iluminación (luz de la lámpara, nubes sobre la luna) y los efectos de sonido o música que usarías para emular la prosa musical de Valle-Inclán.


BIBLIOGRAFÍA.-

Alonso, Amado. Materia y forma en poesía. Madrid: Gredos, 1955.

Díaz-Plaja, Guillermo. Las estéticas de Valle-Inclán. Madrid: Gredos, 1965.

Gullón, Ricardo. "Técnicas de Valle-Inclán". Papeles de Son Armadans, 127 (1969), pp. 21-86.

Speratti-Piñero, Emma Susana. De Sonata de otoño al esperpento (Aspectos del arte de Valle-Inclán), Lobres: Tamesis Book Limited, 1968.

Valle-Inclán, R. M. del. Sonata de otoño. Sonata de invierno. Edición crítica de Leda Schiavo, J. Madrid: Cátedra (Colección Letras Hispánicas), 1988.

Zamora Vicente, A. Las Sonatas de Valle-Inclán. Madrid: Gredos, 1955.