29 de enero de 2016

CUÁNDO SUCEDE LA HISTORIA. TIPOS DE TIEMPO EN LA NARRACIÓN.


Acerca del TIEMPO debemos indicar inicialmente que éste ES CONSUSTANCIAL AL SER HUMANO (como dijo E. Kant: "el hombre tiene una capacidad innata para percibirlo").

El tiempo se constituye en un elemento fundamental de la personalidad individual y es un aspecto esencial de la construcción social de la realidad:

"la temporalidad es una propiedad intrínseca de la conciencia. El torrente de la conciencia está siempre ordenado temporalmente. Es posible distinguir niveles diferentes de esta temporalidad que se da intrasubjetivamente. Todo individuo tiene conciencia de un fluir interior del tiempo, que a su vez se basa en los ritmos psicológicos del organismo aunque no se identifica con ellos (...)
La estructura temporal de la vida cotidiana me enfrenta a una facticidad con la que debo contar, es decir, con la que debo tratar de sincronizar mis propios proyectos. Descubro que el tiempo en la realidad cotidiana es continuo y limitado. Toda mi existencia en este mundo está ordenada continuamente por su tiempo, está verdaderamente envuelta en él. Mi propia vida es un episodio en el curso externamente artificial del tiempo. Existía antes de que yo naciera y seguirá existiendo después que yo muera. El conocimiento de mi muerte inevitable hace que este tiempo sea limitado para mí. Cuento solo con una determinada cantidad de tiempo disponible para realizar mis proyectos, y este conocimiento afecta mi actitud hacia esos proyectos. Asimismo, puesto que no quiero morir, este conocimiento inyecta una angustia subyacente en mis proyectos. De esa manera, no puedo repetir indefinidamente mi participación en acontecimientos deportivos. Sé que me estoy poniendo viejo. Tal vez sea ésta la última oportunidad en la que pueda intervenir. Mi espera se volverá ansiosa según el grado en que la finitud del tiempo gravite sobre el proyecto.
[Berger, Peter et Luckmann, Thomas.- La construcción social de la realidad. Buenos Aires, Amorrortu-Murgia, 1984, pp. 44-45].

Pero, además, el hombre "se va haciendo con el tiempo", gracias a que es un "ser de memoria" (esto es, capaz de mantener presente el pasado (selectivamente), por lo que se hace su tiempo acumulativo) y "de proyecto" (de planificación, de búsqueda de objetivos, de futuro). Es decir, el hombre es bifronte, siempre mirando al pasado y al futuro.
[Cfr.: Cruz, Manuel.- "Tiempo de la narratividad (el sujeto entre la memoria y el proyecto)", in Anàlisi, 25 (2000), pp. 23-40.
Polo, Leonardo.- Quién es el hombre. Un espíritu en el tiempo. Madrid, RIALP, 2003, pp. 42-62].

Por ello el hombre sabe claramente DISTINGUIR ENTRE EL TIEMPO COSMOLÓGICO Y EL ANTROPOLÓGICO: entre el tiempo objetivo, medido y distribuido en horas, días, meses, años, siglos..., y el tiempo subjetivo o vivido, la percepción que se tiene del paso del tiempo, apropiándonos de la terminología de Kassner.

Consecuentemente, Gérard Genette dijo que "una de las funciones del relato es transformar un tiempo en otro tiempo" (sobre todo si pensamos que deben tener verosimilitud, credibilidad, los personajes de la narración, a los que se les recrea con datos temporales físicos, de percepción mental importante -recuerdos, sensaciones, etc.-, de situaciones y ambientes...) y análogamente la filosofía antropológica suele enunciar que "vivir es construir una historia", inventar cada uno su propia historia y mostrarla (contarla) a los demás:

«porque vivimos narrativamente nuestras vidas y porque entendemos nuestras vidas en términos narrativos, la forma narrativa es la apropiada para entender las acciones de los demás. Las historias se viven antes de expresarlas en palabras, salvo en el caso de las ficciones.
Esto, por supuesto, ha sido negado en debates recientes. Louis O. Mink, combatiendo la opinión de Bárbara Hardy, ha afirmado:
"Las historias no se viven, se cuentan. La vida no tiene planteamiento, nudo y desenlace; hay encuentros, pero el comienzo de un asunto pertenece a la historia que más tarde nosotros mismos contaremos, y hay despedidas, pero las despedidas definitivas sólo existen en las narraciones. Hay esperanzas, combates, planes e ideas, pero sólo en las historias retrospectivas hay esperanzas incumplidas, planes fracasados, combates decisivos e ideas fértiles. Sólo en la narración existe América con un Colón que la descubrió y sólo en el relato existe el reino que se perdió por un clavo".
(Mink, Luis O..- "History and Fiction as Modes of Comprehension", in New Literary History. Vol. I. Newman. Óscar Defensible Space, 1970, pp. 557-558.).
¿Qué diremos a esto? Por supuesto debemos estar de acuerdo en que sólo retrospectivamente puede calificarse de incumplidas a las esperanzas, de decisivas a las batallas y así sucesivamente. Pero así las caracterizamos en la vida tanto como en el arte. Y a quien diga que en la vida no hay finales, o que las despedidas definitivas sólo tienen lugar en los relatos, se siente uno tentado de responderle si ha oído hablar de la muerte».
[MacIntyre, Alasdair.- Tras la virtud. Barcelona, Crítica, 2004, pág. 279].

Y es que,

"relatar lo que pasa" es uno de los fenómenos constitutivos y fundamentales de la existencia humana. Éste ha acompañado al hombre a lo largo de su deambular por el planeta; ha proliferado en toda época, cultura y lugar, y se ha multiplicado en una diversidad de comportamientos y manifestaciones. Su poder se despliega tanto en la oralidad cotidiana —recuperando los pequeños sucesos de cada día— como en los textos escritos que intentan consignar los grandes acontecimientos. Y lo que es más decisivo aún: opera tanto en el registro de lo "real" como en el registro de la ficción —y también en el territorio donde ambos registros se entreveran y se mezclan—. La necesidad de "narrar lo que pasa" emerge como fundamento de buena parte de la literatura, del arte y de la propia historia.
[Rioseco Perry, Virginia.- "La crónica: la narración del espacio y el tiempo", in Andamios, 5-9 (2008) pp. 25-46].

TEMPORALIDAD Y NARRATIVIDAD SON , pues, ATRIBUTOS DEL SER HUMANO, de los cuales tenemos una experiencia y una evidencia manifiesta e inmediata. O dicho en palabras de Ricoeur:

"el tiempo se hace tiempo humano en cuanto se articula de modo narrativo: a su vez, la narración es significativa en la medida en que describe los rasgos de la existencia temporal".
[Ricoeur, Paul.- Tiempo y narración. I. Configuración del tiempo en el relato histórico. México, Siglo XXI, 2004, pág. 39.]

Por otro lado, EL TIEMPO PUEDE ANALIZARSE DESDE DIVERSAS PERSPECTIVAS: tiempo físico o cósmico, tiempo cronológico, tiempo psíquico, tiempo lingüístico...; dando como resultado diferentes conceptos de tiempo. Tal es así que si los griegos relacionaron este concepto a duración, sucesión (movimiento) y cambio, Einstein nos demostrará que el tiempo es relativo e inseparable del espacio y del movimiento. Si para la concepción griega el tiempo era circular y recurrente, conscientes, empero, de la heraclitiana frase de que "no puedes bañarte dos veces en el mismo río", para la cultura juedeocristiana será lineal, orientado hacia el futuro (hacia el juicio final). Si para unos el tiempo es una sucesión cronológica para otros el tiempo es un proceso dinámico que se mueve a impulsos, por eventos o intervalos socioculturalmente significativos, con percepciones subjetivas y velocidades consecuentemente diferentes [Fabian, Johannes.- Time and the Other. Nueva York, Columbia University Press, 1983.].

Habría que recordar, además, que E. Durkheim nos propuso que el tiempo es el resultado de acuerdos sociales y de ritmos ceremoniales: el tiempo es una institución social que hace posible colocar la experiencia individual dentro de las experiencias colectivas, por lo que deberíamos hablar del tiempo como experiencia personal, del tiempo como unidades de medida, del tiempo como institución social:

"Trátese, por ejemplo, de representarse lo que sería la noción del tiempo, con abstracción de los procedimientos por los cuales lo dividimos, lo medimos, lo expresamos por medio de signos objetivos, un tiempo que no sería una sucesión de años, de meses, de semanas, de días, de horas. Sería algo casi impensable. No podemos concebir el tiempo más que a condición de distinguir en él momentos diferentes. Ahora bien, ¿cuál es el origen de esta diferenciación? Sin duda, los estados de conciencia que ya hemos experimentado pueden reproducirse en nosotros, en el mismo orden en que se han desarrollado primitivamente; y así se nos hacen presentes porciones de nuestro pasado, distinguiéndose espontáneamente del presente. Pero, por importante que sea esta distinción para nuestra experiencia privada, dista de ser suficiente para constituir la noción o categoría de tiempo. Ésta no consiste simplemente en una conmemoración, parcial o integral, de nuestra vida transcurrida. Es un cuadro abstracto e impersonal que envuelve no solamente nuestra existencia individual sino la de la humanidad. Es como un cuadro ilimitado donde toda la duración se extiende ante la mirada del espíritu y donde todos los acontecimientos posibles pueden situarse en relación con puntos de referencia fijos y determinados. No es mi tiempo que está así organizado; es el tiempo tal como objetivamente es pensado por todos los hombres de una misma civilización. Sólo esto basta ya para hacer entrever que tal organización debe ser colectiva. Y, en efecto, la observación establece que estos indispensables puntos de referencia en relación con los cuales todas las cosas están clasificadas temporalmente, están tomados de la vida social. Las divisiones en días, semanas, meses, años, etc., corresponden a la periodicidad de los ritos, de las fiestas, de las ceremonias públicas. Un calendario expresa el ritmo de la actividad colectiva al mismo tiempo que tiene por función asegurar su regularidad".
[Durkeim, E..- Las formas elementales de la vida religiosa. Madrid, Alianza, 2008, pp. 38-40.]

O que Edmund Leach llegó a la conclusión de que el tiempo "experimentado" se siente como "algo discontinuo, una repetición de una reversión repetida, una secuencia de oscilaciones entre opuestos polares: noche y día, invierno y verano, sequía e inundación, vejez y juventud, vida y muerte", esto es, no como algo circular, sino pendular o espásmico.

[Cfr., a modo de orientación, para profundizar más en el asunto, la siguiente bibliografía indicativa recogida en www.pensament.com]

En fin, a la vista de estos y otros planteamientos, podemos decir que la adquisición de la noción de tiempo en el hombre ha sido contemplada, inicialmente, bajo parámetros lineales, a modo de la narración primitiva. No en vano, "relatar", "contar" sucesos, es una de las primeras manifestaciones del hombre, y, siempre, mediante una sucesión TEMPORAL de los acontecimientos, que hacen avanzar el relato:

La capacidad narrativa puede desarrollarse en mayor o menor medida según los individuos, pudiendo manifestarse en situaciones como contar chistes, narrar anécdotas, contar películas, etc.(...)
Esta competencia narrativa parece ser ampliamente compartida por los diversos grupos humanos. En efecto, todos los pueblos construyen [y relatan] mitos, leyendas, cuentos, que en alguna medida expresan su representación del mundo.
[Álvarez, Gerardo.- Textos y discursos. Introducción a la lingüística del texto. Talcahuano, Univ. de Concepción, 2004, pág. 159].

Es, por tanto, evidente que las nociones de pasado, presente y futuro son muy importantes para organizar nuestra vida, para la forma en que pensamos sobre los sucesos, las experiencias y nosotros mismo.

Así, W. J. Friedman [Friedman, W. J. (ed.).- "Conventional time concepts and children's structuring of time", in The Developmental Psichology of Time. New Cork, Academic Press, 1982, pp. 171-208] señaló que EL TIEMPO CONVENCIONAL ES ASIMILADO EN LOS NIÑOS en base a:

① el orden de sucesión temporal, que organiza la secuencia de acontecimientos;

② el intervalo o duración de ese acontecimiento, incluso la secuencia entera;

③ el ciclo, que incluye las dos anteriores de sucesión (orden) y duración;

añadiendo Montagero ["Perspectives actuelles sur la pychogenese du temps", in L'année Psichologique, 84 (1984), pp. 433-460] añadió:

④ la irreversibilidad;

⑤ el horizonte temporal.

Para éstos, este esquema responde al de la narración primitiva.

Asimismo, Benveniste nos planteó que,

El lenguaje no dispone sino de una sola expresión temporal, el presente, y que éste, señalado por la coincidencia del acontecimiento y del discurso, es por naturaleza implícito. Cuando es explicitado formalmente, es por medio de una de esas redundancias frecuentes en el uso cotidiano. Por el contrario, los tiempos no presentes, ellos sí siempre explicitados en la lengua, a saber, el pasado y el porvenir, no están en el mismo nivel del tiempo que el presente. La lengua no los sitúa en el tiempo según su posición propia, ni en virtud de una relación que debería entonces ser otra que la de la coincidencia entre el acontecimiento y el discurso, sino solamente como puntos vistos detrás o adelante a partir del presente. (Detrás y adelante, porque el hombre va al encuentro del tiempo o el tiempo viene a él, según la imagen que anime nuestra representación). La lengua debe por necesidad ordenar el tiempo a partir de un eje, y éste es siempre y solamente la instancia de discurso.(...)
Señalaremos un hecho significativo. Se advierte que en lenguas de los más variados tipos la forma del pasado no falta jamás, y muy a menudo es doble o aun triple.(...)
Este contraste entre las formas del pasado y las del futuro es instructivo por su generalidad aun en el mundo de las lenguas. Hay evidentemente una diferencia de naturaleza entre esta temporalidad retrospectiva, que puede adoptar varias distancias en el pasado de nuestra experiencia, y la temporalidad prospectiva que no entra en el campo de nuestra experiencia y que a decir verdad no se temporaliza sino en tanto que previsión de experiencia. Aquí la lengua recalca una disimetría que reside en la naturaleza desigual de la experiencia.
Merece atención un aspecto final de esta temporalidad: el modo como se inserta en el proceso de la comunicación.
Del tiempo lingüístico, indicamos la emergencia en el seno de la instancia del discurso que lo contiene en potencia y lo actualiza en hecho. Pero el acto de palabra es necesariamente individual; la instancia específica de donde resulta el presente es nueva cada vez. En consecuencia, la temporalidad lingüística debería realizarse en el universo intrapersonal del locutor como una experiencia irremediablemente subjetiva e imposible de trasmitir. Si cuento lo que "me pasó", el pasado al que me refiero no es definido sino con respecto al presente de mi acto de palabra, pero como el acto de palabra surge de mi y nadie sino yo puede hablar por mi boca, ni más ni menos que ver por mis ojos o sentir lo que siento, es a mí solo a quien este "tiempo" se referirá, y a mi sola experiencia a la que se atendrá. Pero el razonamiento anda mal. Acontece una cosa singular, muy sencilla e infinitamente importante que logra lo que parecía lógicamente imposible: la temporalidad que es mía cuando ordena mi discurso es aceptada del todo como suya por mi interlocutor. Mi "hoy" se convierte en su "hoy", aunque no lo haya instaurado en su propio discurso, y mi "ayer" en su "ayer". Recíprocamente, cuando él hable contestando, yo convertiré, vuelto receptor, su temporalidad en la mía. Tal aparece la condición de inteligibilidad del lenguaje, revelada por el lenguaje: consiste en que la temporalidad del locutor, por mucho que sea literalmente ajena e inaccesible para el receptor, es identificada por éste con la temporalidad que informa su propia palabra cuando se hace a su vez locutor. Así el uno y el otro están afinados a la misma longitud de onda. El tiempo del discurso no es ni reducido a las divisiones del tiempo crónico ni encerrado en una subjetividad solipsista. Funciona como un factor de intersubjetividad, lo cual, de unipersonal que debía ser, lo vuelve omnipersonal. La condición de intersubjetividad es la única que permite la comunicación lingüística.
[Benveniste, Émile.- Problemas de lingüística general. II. pág. México, Siglo XXI, 1999, pp. 77-80]

Y que quedaría resumido por la profesora M. B. Bueno, diciendo que

el lenguaje es el medio a través del cual se transmiten las nociones sobre sucesos pasados y futuros, ideas que no tienen una realidad física, externa e inmediata. El lenguaje proporciona las estructuras para pensar y comunicarse. Esas estructuras linguísticas pueden influir en los procesos psicológicos involucrados en conceptualizar los sucesos pasados y futuros. Las variedades de lenguaje que codifican nociones de tiempo no-presente han variado sustancialmente en las distintas sociedades, así como dentro de cualquier comunidad lingüística particular. La mayoría de los lenguajes codifican nociones de tiempo presente, pasado y futuro, aunque los diferentes idiomas varían entre sí en las formas que ofrecen y en las distinciones que realizan.
[Bueno, María Belén.- "El desarrollo del conocimiento humano sobre el tiempo", in Infancia y Aprendizaje, 61 (1993), pág. 41]

Decimos todo esto, porque vamos a descubrir más abajo que el tiempo de la historia siempre es cronológico, de modo tal que los acontecimientos se suceden unos a otros, bien linealmente bien simultáneamente. Ahora bien, mientras que en la literatura oral la sucesión es lineal, en la literatura escrita es la verbalización del acto de narrar la que puede romper la cronología natural de los acontecimientos, la relación temporal entre la historia y su verbalización discursiva. Aunque siempre en unos parámetros de esquemas fijos:
■ Encadenamiento o yuxtaposicion de acontecimientos;

■ intercalación o subordinación de una historia, o más, a la principal;

■ alternancia de historias (dos historias, o más, se cuentan simultánemente, y se van interrumpiendo alternamente).

En efecto, vimos en nuestra anterior entrada, que Mieke Bal nos definía la fábula como "una serie de acontecimientos lógica y CRONOLÓGICAMENTE relacionados que unos actores causan o experimentan"; que un acontecimiento era "la TRANSICIÓN de un estado a otro"; que los actores eran "agentes QUE LLEVAN A CABO acciones"... Es decir, la narración está indisolublemente ligada a una noción de TIEMPO QUE AVANZA, TRANSCURRE. Y el tiempo de la narración está vinculado a la causalidad, verosimilitud y cambio.

Por eso Meir Sternberg, por su parte, distinguirá entre el tiempo del discurso, el tiempo de la acción y el tiempo del relato.

Partiendo de estos planteamientos, diremos con Genette, que el TIEMPO deberemos estudiarlo, por un lado, desde la ficcionalidad, esto es, el orden en que se narran los acontecimientos, y con él, el tiempo empleado en narrar y el tiempo de las cosas narradas; pero también teniendo en cuenta las nociones que hemos visto de punto de vista y voz narrativa: es el tiempo interno de la obra, en el que, además, cada personaje tiene su propio tiempo. Y, por otro, el tiempo real. Es decir, todo relato es dos veces temporal: el tiempo de la historia contada, y el tiempo de la enunciación.

Se colige de ello que es necesario, si afirmamos que la narración es un discurso construido sobre una línea temporal, que hablemos de acción, y, consecuentemente, de las relaciones entre la narración, los actores o personajes (Barthes define a éstos su participación en la acción) y el tiempo. Así, ATENDIENDO AL TIPO DE NARRACIÓN EN SU RELACIÓN TIEMPO – VOZ NARRATIVA, Genette y B. Gray dijeron que podemos hablar de:

(1) Narración ulterior (tiempo pasado), en la que el acto narrativo se sitúa en una posición de posterioridad con relación a la historia. Ésta es dada por terminada, por lo que el narrador, que conoce la totalidad de los hechos ya sucedidos, los relata. Por eso hay posibilidad de anticipación, porque ya conoce el resultado final, siendo su focalización natural la omnisciente.

(2) Narración simultánea (en presente), en la que el acto narrativo coincide temporalmente con el desarrollo de la historia, como es el caso del flujo de conciencia.

(3) Narración entrecruzada , en la que se dan dos tiempos combinados en una misma construcción, transgrediendo las reglas gramaticales.

(4) Narración engarzada , en la que una historia depende de la otra o se interrumpe para dar paso a otra (p. ejej., "Las mil y una noches").

(5) Narración coincidente , en la que la duración del relato se reduce a unos días u horas y se hace coincidir el tiempo de la narración con el tiempo que tarda el lector en leerla ("Cinco horas con Mario", de Miguel Delibes, por ej.).

(6) Narración anterior (relato predictivo, anticipando acontecimientos proyectados hacia el futuro, desde el presente), en la que el acto narrativo antecede a la ocurrencia de los eventos a los que se refiere.

(7) Narración intercalada, en la que el acto narrativo, sin esperar a la conclusión de la historia, resulta de la fragmentación de la narración en varias etapas interpuestas a lo largo de la historia. Suele usarse una carta, un reportaje, un informe, etc., para ello.

(8) Narración ubicua, en la que al mismo tiempo se suceden hechos diferentes. Puede ser varios hechos diferentes en diferentes lugares, pero al mismo tiempo; un sólo hecho que se repite en diversas posibilidades ("caso de "Morirás lejos", de José María Pacheco).

(9) Narración detenida , en la que el tiempo parece detenerse, bien porque los personajes aparentan estar atrapados en un lugar (p. ej., "Esperando a Godot", de Samuel Beckett), bien porque los avances conllevan retrocesos a ningún lado, bien porque se evoca un tiempo como tiempo detenido.

(10) Narración reiterada , en la que se da la repetición de una situación, como manera de crear la memoria del relato.

(11) Narración circular , en la que de forma cíclica, circular, los personajes viven acontecimientos que se repiten. Suele ponerse alguna marca textual.

[Kohan, Silvia Adela.- El tiempo en la narración. Barcelona, Alba, 2005, pp. 74-82.
Sánchez Navarro, Jordi.- Narrativa audiovisual. Barcelona, UOC, 2006, pp. 41-43.]

Pues bien, sabido esto, inicialmente podemos hacer una DISTINCIÓN ENTRE EL TIEMPO DEL AUTOR, EL DE LA NARRACIÓN Y EL DE LECTOR, que para nada son coincidentes.

T. Todorov [Ducrot, Oswald et Todorov, Tzvetan.- Diccionario enciclopédico de las ciencias del lenguaje. México, Siglo XXI, 1995, pág. 359] distinguió tres tiempos dentro del texto y tres tiempos fuera del texto:
a) INSCRITAS EN EL TEXTO.
el tiempo de la historia (o tiempo de la ficción, o tiempo narrado, o representado), temporalidad propia del universo evocado;

el tiempo de la escritura (o de la narración, o relatante), tiempo ligado al proceso de enunciación, igualmente presente en el interior del texto;

el tiempo de la lectura (mucho menos evidente), representación del tiempo necesario para que el texto sea leído.

b) FUERA DEL TEXTO.
el tiempo del escritor;

el tiempo del lector;

el tiempo histórico.

A ellos tendríamos que superponer los definidos por Ricoeur:

tiempo prefigurado o real, que conformaría la "mímesis I";

tiempo configurado o manipulado en la narración, que sería la "mímesis II";

tiempo refigurado, el del lector, o "mímesis III".

[En todo este apartado, cfr.: Garrido Domínguez, Antonio.- El texto narrativo. Madrid, Síntesis, 1996, pág. 164.
Ricoeur, Paul.- Tiempo y narración. I. Configuración del tiempo en el relato histórico. México, Siglo XXI, 2004, pp. 113-161].

Partiendo de esas distinciones, podemos ser más precisos aún, siguiendo a Gérard Genette, diciendo que LOS TIEMPOS QUE EN TODA NARRACIÓN PODEMOS ENCONTRARNOS son:

A) TIEMPOS EXTERNOS A LA NARRACIÓN.
(1) EL DEL AUTOR, al escribir la obra.

(2) EL DEL LECTOR, al leer la obra.

(3) El HISTÓRICO de cada uno de ellos, que no es coincidente nunca.

B) TIEMPOS DE LA NARRACIÓN.
(1) Tiempo EXTERNO o HISTÓRICO, se refiere a la época, período o momento real de la acción.

(2) Tiempo INTERNO NARRACIÓN, se refiere al tiempo de los acontecimientos que transcurren en la obra. A su vez, en ésta podemos encontrarnos con:

(a) TIEMPO DE LA HISTORIA es el tiempo "real" en que sucedió la historia (imaginada o no), debiendo hacerse evidente el momento o época en que suceden los hechos relatados, tiempo que dura esa historia, sucesión cronológica de sucesos según causa-efecto. Este tiempo se puede indicar de manera explícita (señalando la fecha, época, etc.) o implícita.

(b) EL TIEMPO DEL RELATO, es el orden que el autor escogió para narrar esa historia (ab ovo, in medias res...). Es la manera en que el relato da cuenta de la historia narrada, que puede respetar el orden cronológico o alterarlo.

A su vez, es importante analizar cuál es el manejo del tiempo por parte del autor, que decidirá claramente la tensión, clímax, fluidez y RITMO DEL RELATO. Éste último, según su duración, puede ser:
(1) RITMO LENTO, cuando la acción dura un instante (21"Crónica de una muerte anunciada", de Gabriel García Márquez) unas horas (“Cinco horas con Mario”, de Miguel Delibes) un día (“Ulises", de James Joyce) o poco tiempo.

(2) RITMO RÁPIDO, cuando la acción dura varios años o incluso décadas (“Guerra y Paz”).

(3) ISOCRONÍA, cuando el ritmo del relato se mantiene constante.

Hemos visto que siguiendo la reflexión llevada a cabo por Günther Müller, debemos distinguir claramente entre el tiempo narrado (que se refiere a la duración de la historia narrada) y el tiempo de la narración (que se refiere al que necesita el narrador para contar la historia, esto es, número de páginas). Este camino, condujo a Genette a considerar QUÉ RELACIÓN PODEMOS ESTABLECER ENTRE EL TIEMPO DE LA HISTORIA Y EL TIEMPO DEL DISCURSO O RELATO, según Genette [Genette, G..- Figuras. III. Barcelona, Lumen, 1989, pp. 89-218-], que establecerá bajo tres parámetros: el orden temporal, la duración y la frecuencia, en virtud de la contestación a las siguientes preguntas: ¿em qué orden?, ¿cuánto tiempo? ¿cuántas veces?:


(1) ORDEN TEMPORAL. ¿EN QUÉ ORDEN?.

Relatar es poner acciones en un orden. El orden es la relación entre la sucesión de los acontecimientos en la historia y la disposición de los mismos en el discurso. El orden en que aparecen presentados los acontecimientos depende de cuál es el foco considerado de mayor interés dentro del texto. Por eso es importante estudiar esta cuestión, puesto que mientras el orden cronológico o desarrollo lineal da más importancia al desenlace, la prospección o anticipación puede empezar por el desenlace y dar más importancia al acontecer.

a) ANACRONÍAS (discordancia entre el orden natural, cronológico, de los acontecimientos que constituyen el tiempo de la historia, y el orden en que son contados (tiempo del relato).
(i) ANALEPSIS (salto hacia el pasado) en el tiempo de la historia: retrospectiva.
También denominado retrospección, flashback o cutback, es una evocación posterior de un acontecimiento anterior al punto de la historia.
La analepsis también se produce cuando dentro de una narración se incluye otra que relata acontecimientos anteriores al tiempo de la primera (p. ej.: el relato del "cautivo" en "El Quijote").
Según el alcance (distancia temporal con respecto al momento presente de la historia), puede ser:
(a) Externa (se remonta al momento anterior al punto de partida del relato primero, aclarándolo, completándolo). Pueden ser:
Completas: aquellas que se prolongan hasta alcanzar y superar el punto de partida del relato primero. Se enlaza con el relato primero sin solución de continuidad entre los dos segmentos de la historia. La mayoría de las veces que encontramos una analepsis externa completa, ésta presenta la parte esencial del relato y el relato primero hace de desenlace anticipado.

Parciales: aquellas que no se juntan con el relato primero sino que acaban con una elipsis que nos vuelve a llevar al momento en el que el relato se hallaba en el momento de realizar la analepsis. Este tipo de analepsis sirven únicamente para darle al lector una información aislada, necesaria para la comprensión de un elemento preciso de la acción.

(b) Interna (se sitúa su alcance dentro del relato primero, pero comienzan en un momento posterior al relato primero).

Heterodiegéticas: introducido un personaje, se aclaran sus antecedentes. Narran una historia diferente a la historia que narra el relato primero.

Homodiegéticas: introducen una historia relacionada con la historia que ya estaba contando el relato primero.

o Remisiones completivas: que rellenan lagunas anteriores dejadas voluntariamente o involuntariamente.
o Retrospecciones repetitivas o evocaciones: rellenan elipsisi iterativas, es decir, silencios que hacían referencia a costumbres o acciones que se repiten en el tiempo.
Las analepsis internas también pueden ser, con relación a su amplitud:

Completas: aquellas que se prolongan hasta el “presente narrativo” sin regresar a él mediante una elipsis. Son muy poco frecuentes.

Parciales: aquellas que acaban en elipsis, ya que dan un salto hasta el “presente narrativo”, evitando de este modo repetir lo ya narrado. Tal sería el caso de un relato en el que se narra la infancia de un personaje y luego se salta su adolescencia hasta regresar a la narración de la vida adulta de dicho personaje.

(c) Mixta: empiezan en un momento anterior al inicio del relato primero, pero su alcance las hace durar hasta un momento posterior al comienzo del mismo.

(ii) PROLEPSIS (salto hacia el futuro, anticipadora).
También denominado anticipación, flashforward o cutforward, de “intriga de predestinación”.
Sirve para contar o evocar por adelantado un acontecimiento posterior.
Sus marcas de inicio son: “para anticipar…”; y de fin: “volviendo atrás…”.
(a) Externa (fuera del marco temporal del relato base). Su función suele ser de epílogo. Pueden ser:

Completas: aquellas que se prolongan en el tiempo de la historia hasta el propio momento de la narración o “o presente de la instancia narrativa”.

Parciales: aquellas que no se prolongan hasta alcanzar el presente de la instancia narrativa sino que regresan hasta el “presente” de la historia o diégesis.

(b) Interna (dentro del marco temporal del relato base). Por lo general no sobrepasan la última escena de la historia o diégesis. Pueden ser:

Heterodigéticas, si hablan de cosas diferentes a las que la historia del relato primero narrará cuando llegue a ese momento futuro.

Homodiegéticas, cuando aquello que narren esté relacionado con el relato primero cuando llegue a ese momento futuro

o Completivas, si llenan por adelantado una elipsis o paralipsis posterior.
o Repetitivas, si narran cosas que luego volverán a ser narradas.
o Iterativas, si rellenan futuras elipsis iterativas .
También pueden ser las prolepsis, atendiendo a su amplitud:
Completas, aquellas que se prolongan en el tiempo de la historia o diégesis hasta llegar al desenlace o final.

Parciales, aquellas que no se prolongan hasta el desenlace sino que regresan hasta el presente de la historia o presente diegético.

(c) Mixta.

b) ISOCRONÍA.

(2) DURACIÓN O FORMAS DE CAMBIO. ¿QUÉ DURACIÓN?

Las anisocronías o anomalías en la duración, en principio hacen referencia a la quiebra de igualdad entre el tiempo tacuido de la historia y la extensión del texto empleado para su representación: el transcurso de varios años se relata en dos páginas; quince minutos se relatan en 60 páginas.

Las formas de cambio o ANISOCRONÍAS, esas alteraciones del ritmo narrativo, ya sea para dilatarlo o para acelerarlo o velocidades del “relato”, son clasificas como:

a) DESACELERACION. Se dedican muchos folios a un período breve de la historia relatada. Se produce en los momentos de gran suspense.

(i) PAUSA, no implica ningún paso del tiempo. Es el grado máximo de desaceleración.

(a) DESCRIPTIVA, cuando el discurso se pone al servicio de la descripción, frenando el avance de la historia, que queda en suspenso.

(b) DIGRESIVA, cuando introduce comentarios o indicaciones interpretativas o ideológicas del narrador.

(ii) RALENTÍ, que es el tiempo del relato se desacelera.
b) ACELERACION.. Dedica pocos folios del relato a un período largo de la historia narrada.

(i) ELIPSIS: fragmentos o segmentos de tiempo que se han suprimido. Es el grado máximo de aceleración.
(a) EXPLÍCITAS (señalando el lapso de tiempo elidido): “largos años pasaron…”

(b) IMPLÍCITAS (no aparece declarado en el texto mediante marcas textuales).

(c) HIPOTÉTICAS, ante la imposibilidad de localizar y situar el tiempo.

(ii) RESUMEN o Sumario Diegético. Condensa días, meses, años en un breve fragmento.
c) TIEMPOS IGUALES.
(i) ESCENA. Mediante un uso casi exclusivo del diálogo, produce un ritmo equilibrado entre el desarrollo del discurso y el de la historia. Es la presentación dramatizada de los hechos. No hay ni aceleración ni desaceleración.

(3) FRECUENCIA TEMPORAL. ¿CON QUÉ FRECUENCIA?

La frecuencia temporal nos habla de la relación entre el número de veces que un acontecimiento ocurre en la historia y las veces que se narra en el relato. Atendiendo a ello, podemos clasificarlos:

a) RELATO SINGULATIVO: se cuenta lo que ha pasado una vez. La fórmula sería 1H / 1R, esto es, a un elemento de la historia le corresponde un elemento del relato.

b) RELATO ITERATIVO: un hecho ocurre varias veces (n) en la historia pero sólo se lo narra una vez en el relato o discurso narrativo. La fórmula sería nH / 1R, esto es, un hecho que ocurre "n" veces en la historia es contado una vez en el relato. Éste puede ser:

(i) ITERACIONES GENERALIZANTES O EXTERNAS, que desbordan temporalmente la escena en la que se la inscribe.
(ii) ITERACIONES INTERNAS O SINTETIZANTES, en las que los hechos a los que la iteración se refiere no desbordan temporalmente la escena en la que se la inserta.
(iii) SEUDOITERACIONES, en las que ciertas acciones particulares parecen iterativas por estar narradas en imperfecto, pero la riqueza y precisión de los detalles impiden que ningún lector pueda creer en serio que dicha acción se haya producido y reproducido en diversas ocasiones de esa misma manera, sin variación alguna.

c) RELATO REPETITIVO: un hecho ocurre un vez en la historia pero se explica varias veces (n) en el relato o discurso narrativo La fórmula sería 1H / nR, esto es, un elemento de la historia es repetido “n” veces en el relato.

d) RELATO ANAFÓRICO: se cuenta n veces lo que ha pasado n veces.

e) SILEPSIS: se cuenta una vez lo que ha pasado n veces.

[Cfr.: cfr.: Garrido Domínguez, Antonio.- El texto narrativo. Madrid, Síntesis, 1996, pp. 166.186.
Martínez, Matías et Scheffel, Michael.- Introducción a la narratología. Hacia un modelo analítico-descriptivo de la narración ficcional. Buenos Aires, Las Cuarenta, 2011, pp. 51-74].

Nos resta hablar de la forma en que a través del LENGUAJE podemos expresar el tiempo. En efecto EL LENGUAJE DESPLIEGA TODA UNA SERIE DE MARCAS a lo largo de la narración: fundamentalmente a través del verbo, pero también de los adverbios temporales, sintagmas nominales con función de complemento circunstancial de tiempo, proposiciones subordinadas adverbiales, etc. Veámoslo.


Según W. Labov y J. Waletzky [Labov, William et Joshua Waletzky. "Narrative analysis", in Helm, June (ed.).-Essays on the Verbal and Visual Arts. Seattle, Univ. of Washington Press, 1967, pp. 12-44] para reconocer como narrativo un discurso tiene que darse, al menos, la presencia de una secuencia de dos cláusulas temporalmente ordenadas, denominadas cláusulas narrativas, que se suceden lógicamente (igual que en el mundo real).

Cada cláusula narrativa hace avanzar el punto de referencia temporal que permite ubicar el evento referido por la cláusula siguiente. Soto explicó que un requisito para que esto ocurra es que las cláusulas narrativas refieran a eventos télicos, es decir, limitados, y no a estados. Estas dos cláusulas se denominan de "primer plano, o prominentes", y "de segundo plano o de trasfondo":

(a) Las cláusulas de primer plano (las realmente narrativas) son cláusulas sucesivas que designan situaciones temporalmente sucesivas y hacen avanzar el punto de referencia temporal de la narración: la relación entre el orden secuencial de las cláusulas y el orden en que ocurren los eventos en el mundo es icónica.
Las cláusulas propiamente narrativas no pueden alterar su orden sin modificar la relación temporal entre las situaciones designadas.
Las cláusulas prominentes introducen en el discurso eventos, esto es, situaciones dinámicas discretas (individuos).

(b) las cláusulas de segundo plano , no hacen avanzar el punto de referencia temporal. Su función puede ser la de entregar información textual (espacial, psicológica, eventiva, sociocultural) que permita la interpretación del primer plano.
La cláusulas de trasfondo designan situaciones estáticas homogéneas (masas): estados.


[Cfr.: Soto, Guillermo.- "Estructura narrativa y proyecciones entre situaciones homogéneas y discretas: léxico, gramática y coerción", in Lenguas Modernas, 37 (2011), pp. 109-125.]


LOS TIEMPOS VERBALES son los OPERADORES TEMPORALES que clasifican el fluir verbal en presente, pasado o futuro: la simultaneidad, anterioridad y posterioridad.



Vamos a distinguir con Benveniste y H. Weinrich [Weinrich, Harald.- "Cap. III: mundo narrado y mundo comentado", in Estructura y función de los tiempos en el lenguaje. Madrid, Gredos, 1968. ], entre LOS TIEMPOS COMENTATIVOS Y LOS TIEMPOS NARRATIVOS:

• Los tiempos del discurso o comentativos,("tiempos del mundo comentado", de H. W.), que son "LO QUE SE HABLA o COMENTA":
* el presente,
* el antepresente o pretérito perfecto compuesto
* el futuro;
Se señalan como subgéneros que emplean estos tiempos: los diálogos dramáticos, los memorándum políticos, los editoriales, los testamentos, los informes científicos, los ensayos filosóficos, los comentarios jurídicos y todas las formas del discurso ritual, codificado y performativo.

En el mundo comentado locutor y auditor se ven implicados, se modifica su situación, comprometiéndoles a los dos y se exige de ellos una cierta tensión

• Los tiempos verbales narrativos o tiempos de la historia, ("tiempos del mundo narrado", de H. W.), que son "LO QUE SE CUENTA":

* el pretérito imperfecto,
* el pretérito perfecto simple o indefinido,
* el condicional,
* el pluscuamperfecto.
Al mundo narrado le corresponden las historias de juventud, los cuentos, las leyendas, las novelas, los relatos históricos pero también las informaciones periodísticas.

Es preciso, observar que los signos lingüísticos con valor narrativo tienen como función la de advertir el auditor del hecho de que este enunciado es solamente un relato y que lo puede escuchar relajadamente.

Por otro aldo, hay que dejar claro también que no hay una línea cerrada y tajante que separe un mundo otro, sino que se da una comunicación constante entre ambos, pudiendo un mismo tiempo gramatical adquirir diferentes valores temporales en el relato, como hemos expuesto en el cuadro anterior, y que analizaremos más abajo. Es decir, se puede dar un desplazamiento metafórico, de tal manera que los tiempos del discurso se desplazan como si narraran, aportando tensión, seriedad y compromiso; y los tiempos de la historia como si comentaran, aportando relajamiento, falta de compromiso, sosiego... Veámoslos.


LOS TIEMPOS DEL DISCURSO (LO QUE SE HABLA O COMENTA).

■ El PRESENTE (HAGO), que es el tiempo de la comunicación lingüística, es el tiempo al que se tiende a atraer todas las acciones, sean pasadas o futuras, por parte del yo emisor.
Tiene un gran componente subjetivo.
El presente muestra sucesión de acontecimientos realizándose en el momento en que se habla:
María contempla la mirada triste de Enrique.

Los matices temporales específicos que puede presentar el presente son:

ACCIONES REFERIDAS AL MOMENTO DE HABLAR:
El PRESENTE PUNTUAL, que se refiere a acciones momentáneas que se desarrollan en el momento presente del hablante:
María escucha (ahora mismo) música.

El PRESENTE ACTUAL, que se refiere a acciones que se están desarrollando en el momento presente, pero que tienen un pasado común y una proyección de futuro (en principio) idéntica:

María vive en Madrid desde que nació (vive en Madrid desde hace 16 años, ahora mismo y, por lo menos, hasta mañana).

El PRESENTE HABITUAL, que se refiere a la repetición de acciones o procesos que se dan habitualmente en el hablante. Suele in acompañado de expresiones temporales que marcan la repetición:

María coge el autobús (frecuentemente, a menudo, todos los días, todos los martes, algunos lunes...) a las seis de la tarde.

El PRESENTE PERSISTENTE, que no expresa limitación temporal alguna, refiriéndose a nociones o valores universales y eternos:

El amor es un sentimiento necesario pero escaso en estos tiempos.

El PRESENTE GNÓMICO, que es propio de las frases de los refranes, proverbios máximas, etc., que tienen valor no sólo en el momento actual sino en cualquier tiempo, atemporal:

En tres tiempos se divide la vida: en presente, pasado y futuro. De éstos, el presente es brevísimo; el futuro, dudoso; el pasado, cierto (Séneca).

El PRESENTE INGRESIVO, que indica acciones que están a punto de realizarse:

Enseguida escribo (IR A + INFINITIVO: VOY A escribir) un whassap a María.
ACCIONES REFERIDAS A HECHOS PASADOS AL MOMENTO DE HABLAR:
El PRESENTE HISTÓRICO, que se refiere a hechos pasados. Su uso es común en los escritos de carácter histórico y narrativo. El hablante intenta acercar y revivir aquellos hechos ocurridos en el pasado:
Entonces, armado de valor, Miguel Hernández le escribe (escribió) una carta a Juan Ramón Jiménez pidiéndole su opinión y juicio sobre su obra literaria".

ACCIONES REFERIDAS A LO QUE HA DE SUCEDER (FUTURO) DESPUÉS DEL MOMENTO DE HABLAR:
El PRESENTE POR FUTURO, que se refiere a acciones que ocurrirán en un momento posterior al del que se habla:
Con suerte, María viene (vendrá) a casa la semana que viene.

El PRESENTE IMPERATIVO, que expresa obligatoriedad, mandato, pero con valor de futuro:

Lo quieras o no, tú te sientas (siéntate) ahora mismo.

EL PRETÉRITO PERFECTO COMPUESTO (HE HECHO) que expresa una acción pasada pero que de algún modo se prolonga en el presente del hablante:
He llegado temprano los últimos días.

EL FUTURO (HARÉ--HABRÉ HECHO). EL futuro simple expresa acciones o hechos que van a realizar después del momento del hablante. El futuro perfecto expresa acción futura y acabada, anterior a otra acción futura:

Cuando vengáis ya habré dejado ordenado todo.
Puede trasladarse al pasado, para indicar una conjetura o una probabilidad de que haya ocurrido la acción:
Supongo que María habrá llegado ya.
Los matices temporales específicos que puede presentar el futuro son:
EL FUTURO EXHORTATIVO, que expresa obligatoriedad o mandato:
Bien a las claras lo dice el Código de Circulación: no adelantarás por la derecha.

EL FUTURO DE CORTESÍA, que se utiliza para suavizar la brusquedad de una petición que está haciendo:

Ustedes me dirán (díganme)

EL FUTURO DE PROBABILIDAD, que indica duda, incertidumbre:

Llegarán (probablemente) a las cuatro de la tarde.

EL FUTURO DE SORPRESA tiene valor de presente, y sirve para expresar el asombro que produce alguna acción o comportamiento:

¡Si será manta el chaval ese, que ha fallado el gol!

EL FUTURO HISTÓRICO, que tiene valor de pasado, y lo utiliza el hablante para hacer referencia a un hecho histórico anterior del que se va a informar, y quiere adelantarlo:

El emperador Carlos, a lo largo de su reinado, nos ubicará plenamente en Europa.

LOS TIEMPOS DE LA HISTORIA (LO QUE SE CUENTA).

■ El PRETÉRITO IMPERFECTO (HACÍA) es el verbo con el que comienza a desarrollarse la acción "ERASE UNA VEZ QUE SE ERA..."): describe una acción pasada, cuya duración no nos interesa, ni su inicio ni su fin.
Es el presente inactual o presente del pasado, con una gran capacidad de movimiento hacia el pasado y hacia el futuro.
Es, además, el verbo para las acciones de segundo nivel, siendo el más apto para:
• relatar acciones en curso de realización,
• narrar circunstancias y acciones, casi siempre repetitivas y habituales.
• describir escenas, personas, cosas, costumbres, estados emocionales, etc.;
• expresar tiempo y edad en el pasado;
• para anticipar acciones mediante IR A + INFINITIVO ("iba a X");
• para llevar a cabo explicaciones, digresiones o análisis.
La acumulación de pretéritos imperfectos remansa la acción y permite la evocación.
Los matices temporales específicos que puede presentar el pretérito imperfecto son:
EL PRETÉRITO IMPERFECTO DE SIMULTANEIDAD entre dos o más acciones:
María escucha la radio mientras Marta veía la televisión

EL PRETÉRITO IMPERFECTO DE CORTESÍA, que tiene valor de presente, y se utiliza para expresar un ruego o pregunta con un cierto grado de cortesía:

Quería (quiero) pedirle disculpas por todo lo que ha sucedido.

EL PRETÉRITO IMPERFECTO DE OPINIÓN, que tiene valor de presente o de pasado, y se utiliza para matizar o suavizar una opinión:

María creía (cree) que eso no es para tanto.
María pensaba que no iba a suceder nada.

EL PRETÉRITO IMPERFECTO HIPOTÉTICO O CONDICIONAL, que se utiliza en las oraciones condicionales en lugar del condicional simple en contextos informales y expresa el deseo de realizar una acción de difícil consecución.
Así, tenemos el llamado SI condicional + IMPERFECTO de indicativo, que se usa para:

• expresar una condición que ocurría en el pasado:
- ¡Aquéllas sí que eran buenas paellas! Si las hacían al "senyoret", eran estupendas; si "a banda", sabían mejor, y no te digo nada de cómo estaban las "alicantinas";

• en las interrogativas indirectas:
le dije que si no podía venir, no pasaba nada.

Por otro lado, tenemos el COMO SI + IMPERFECTO de subjuntivo:
María vive COMO SI fuera una marquesa, desde que le tocó la lotería.

Asimismo podemos hallar este pretérito en subordinadas concesivas , temporales...

EL PRETÉRITO IMPERFECTO IMAGINATIVO U ONÍRICO, que tiene valor de presente y se refiere a hechos imaginados o soñados. El imperfecto es el tiempo que linda entre el pasado real del sueño y el no efectivo del presente del despertar.

EL PRETÉRITO IMPERFECTO DE IRREALIDAD, que es muy utilizado en el lenguaje conversacional y en el lenguaje infantil:

¿Jugamos? Vale. Tú eras el ladrón y yo el policía que te perseguía.
EL PRETÉRITO IMPERFECTO DE CONATO, que permite suspender el comienzo de la acción, como si fuera un pasado no efectivo:
Ahora mismo te daba (doy) un capón, por ser tan tontorrón.
EL PRETÉRITO IMPERFECTO DE RUPTURA, o "imperfecto narrativo de acción", llamado así porque se desarrolla en acciones de primer nivel (como si fuera un pretérito indefinido), donde en vez de relatar, describe, consiguiendo la presencia ficticia del lector en el relato, retardando la acción:
Un minuto después aparecía con una niña en brazos. Quiso poner mano a sus armas, pero en el mismo instante, obedientes a una seña, le cercaban los mastines de la guardia y le ponían preso [Valle Inclán, Ramón del.- Gerifaltes de antaño].
En este uso del imperfecto suele aparecer algún modificador adverbial (v.gr.: "en el mismo instante") que expresa sucesión rápida en el tiempo.
[Gutiérrez Asaus, María Luz.- Formas temporales del pasado en indicativo. Madrid, Arco-Libros, 1997, pp. 55-56]
EL PRETÉRITO IMPERFECTO EPISTÉMICO O DE FUTURO, que se usa para expresar una acción futura en relación a otra pasada:
María me comentó ayer que sus padres llegaban mañana por la mañana

EL PRETÉRITO PERFECTO SIMPLE O INDEFINIDO (HICE), se usa para relatar los eventos del pasado, las acciones más importantes, ocupando siempre el primer plano de la narración.
Expresa hechos terminados en el pasado, sin ninguna conexión con el presente, pero que hacen avanzar la historia.
La acumulación de pretéritos perfectos o indefinidos provoca la impresión de relato condensado, de narración sinóptica y rápida.

EL PRETÉRITO ANTERIOR (HUBE HECHO) suele considerarse una forma obsoleta, caduca y de tintes arcaicos, señalándose que puede conmutarse por el PRETÉRITO PLUSCUAMPERFECTO (HABÍA HECHO), pues ambos tiempos comunican UNA SITUACIÓN ANTERIOR A OTRA SITUACIÓN PASADA RESPECTO DEL MOMENTO DE ENUNCIACIÓN:

Apenas (cuando) hubo (había) hecho eso se marchó a su casa.
La diferencia entre estos dos pretéritos compuestos sería tan solo que mientras el anterior especifica anterioridad inmediata respecto de la situación pasada, el pluscuamperfecto no lo hace. Sin embargo, al emplearse un elemento que explicita una relación de inmediatez, como "apenas", dicha diferencia desaparecería. En consecuencia, la mayor parte de los autores sostiene que ambas construcciones son funcionalmente equivalentes en sus empleos de anterioridad inmediata en español).
[Soto, Guillermo. "Sobre la función narrativa del pretérito anterior", in Boletín de filología, 48-1 (2013), pp. 201-215, in http://www.scielo.cl/scielo.php?lng=es]

EL CONDICIONAL (HARÍA--HABRÍA HECHO).
El condicional simple indica una acción futura e hipotética respecto a otra acción que expresa posibilidad.
Es el tiempo típico de las oraciones condicionales.:

Si estudiara, aprobaría.

El condicional compuesto se emplea para indicar una acción futura respecto de un momento del pasado, pero anterior a otro momento que se señala en la oración:

Me dijo que cuando yo llegara a casa, ya me habría enviado el paquete.
Los matices temporales específicos que puede presentar el condicional son:
EL CONDICIONAL DE CORTESÍA, expresando futuro del pasado, desplaza el pasado hacia el presente:
¿Podría decirme la hora?

EL CONDICIONAL DE OPINIÓN:

Me gustaría decirle a María lo mucho que la extraño.
EL CONDICIONAL DE PROPABILIDAD:
Serían las ocho cuando María llegó a casa.

EL CONDICIONAL DE MODESTIA, que es un artificio retórico en donde el que habla muestra la dependencia de lo que está diciendo del cumplimiento de unas premisas anteriore:

A resultas de lo visto, se podría decir que María y Juan son capaces de llevarse bien.

EL CONDICIONAL POSPRETÉRITO, o de futuro de un pasado:

Esta mañana me dijo María que no iría al fútbol conmigo

EL CONDICIONAL EPISTÉMICO O DE FUTURO, por el que se señala una opción de futuro cuyo valor de verdad se pone en duda:

María me dijo que el Madrid ficharía a Neymar si todo sale bien

Por otro lado, siguiendo con la distinción de Benveniste, encontraremos también adverbios temporales del discurso, o LO QUE SE HABLA (mundo comentado), que son "el día anterior, entonces, en ese momento, al día siguiente", etc.; y los adverbios temporales de la historia o LO QUE SE CUENTA (mundo narrado), que son "ayer, ahora, hoy, mañana..."