28 de diciembre de 2016

USO DE LOS SIGNOS DE PUNTUACIÓN. III. EL PUNTO Y COMA. CON MÁS DE 100 EJEMPLOS.


TEMAS QUE VAMOS A DESARROLLAR
1. ¿Qué es el punto y coma?.
2. Falta de concreción de la RAE sobre el uso del punto y coma.
3. Usos recomendados del punto y coma.
1. Para separar los elementos de una enumeración, en construcciones copulativas y disyuntivas.
2. Para separar oraciones yuxtapuestas.
3. Delante de conectores de sentido adversativo.
4. Delante de conectores de sentido concesivo.
5. Delante de conectores de sentido consecutivo.
6. Al separar períodos sintácticos completos en relación explicativa.
7. Cuando se trata de ejemplificar en un período largo.
8. Tras afirmación o negación simple que requiere una explicación.
9. Entre los miembros de un período largo cuando éstos constan de más de una oración.

10. Al omitir el sujeto (o verbo o complemento) en períodos largos, para no repetirlo.
11. En una enumeración que emplee conectores ordenadores.
12. Cuando usamos deícticos espaciales del tipo "aquí...; allí...".
13. Cuando empleamos fórmulas distributivas del tipo "el uno...; el otro...".
14. Cuando empleamos conectores temporales alternativos.

¿QUÉ ES EL PUNTO Y COMA?

El punto y coma es un signo ortográfico que pertenece al conjunto de los signos de puntuación, junto al punto /./, la coma /,/, los dos puntos /:/, los paréntesis /( )/, los corchetes /[ ]/, la raya //, las comillas / « » /, los signos de interrogación / ¿ ? / y exclamación /¡ ! /, y los puntos suspensivos / ... /.

Los signos ortográficos pertenecientes al grupo de los signos de puntuación, en la "Ortografía de la Lengua" son definidos como aquellos:

«cuya función principal es delimitar las unidades del discurso, para facilitar la correcta interpretación de los textos y ofrecer ciertas informaciones adicionales sobre el carácter de esas unidades».
[RAE. Ortografía de la Lengua Española. Madrid: Espasa-Calpe, 2010, pág. 278 (nos referiremos en adelante a ella como ORAE10)].

Tanto el "Diccionario panhispánico de dudas" [RAE. Diccionario panhispánico de dudas. Madrid: RAE/Santillana, 2005 (nos referiremos a él en adelante como DPH05)] como la "Ortografía de la lengua española" [RAE. Ortografía de la lengua española. Madrid: RAE/Espasa-Calpe, 2010 (nos referiremos a él en adelante como ORAE10)] lo definen como:

Signo de puntuación (;) que indica una pausa mayor que la marcada por la coma y menor que la señalada por el punto. Se escribe pegado a la palabra o el signo que lo precede, y separado por un espacio de la palabra o el signo que lo sigue. La primera palabra que sigue al punto y coma debe escribirse siempre con minúscula (la única excepción se da en obras de contenido lingüístico, en las que es práctica común separar con este signo de puntuación los diferentes ejemplos que se ofrecen, cada uno de los cuales, cuando se trata de enunciados independientes, comienza, como es natural, con mayúscula.
[ORAE10, pág. 349, § 3.4.3.]

Es, pues un signo delimitador, ya que separa unidades textuales básicas: "delimita unidades menores que el enunciado".
[RAE. Ortografía escolar de la lengua española. Madrid: RAE/Espasa-Calpe, 2013, pág. 39 (nos refererimos a este documento como ORAE13, en adelante)].

Finalmente debemos dejar constancia de una advertencia que se nos hace desde la RAE:

El plural del nombre 'punto y coma' es invariable: "Coloque las comas y los punto y coma que considere necesarios en los siguientes enunciados". No obstante, siempre puede recurrirse, para un plural inequívoco, a la anteposición del sustantivo 'signos': "Aquel texto estaba plagado de signos de punto y coma".
[DPH05]

FALTA DE CONCRECIÓN DE LA RAE SOBRE EL USO DEL PUNTO Y COMA.

Y aunque tradicionalmente venía siendo definido por "marcar una pausa mayor que la coma", como elemento distintivo respecto a ésta, o se diga que "se elige entre coma, punto y seguido y punto y coma según la mayor o menor relación que el hablante perciba entre las unidades separadas", lo cierto es que no se ha tenido muy definido y precisado su uso.

Bástenos para sostener esta afirmación fijarnos, por un lado, en lo que expresaba la "Ortografía" de 1974 [RAE. Ortografía. Madrid: Aguilar, 1974. 2ª ed. corregida y aumentada de 1959 (refiriéndonos en adelante a ella como ORAE74)], y, por otro, en lo manifestado por la " Ortografía de la lengua española" de 1999 [RAE. Ortografía de la lengua española. Madrid: RAE/Espasa-Calpe, 1999 (aludiendo a ella en adelante como ORAE99)] , donde, como determinó Crespo, entre una y otra edición podemos observar que se ha pasado de 3 a 8 normas, de las cuales, 6 son nuevas en la última edición, pero, además:

De las seis novedades en ORAE99, cinco de ellas estipulan que se puede 'optar' entre el punto y coma y el punto y seguido; que 'sería posible' emplear también dos puntos en lugar de punto y coma; que, si los 'bloques' no son muy largos, 'se prefiere' la coma al punto y coma; o que, si los períodos son largos, 'es mejor' emplear el punto y seguido. Los fundamentos de estas normas para establecer las opciones y preferencias se basan en 'vínculo débil' [...], 'sólido', o en medidas del tipo 'cierta longitud', los bloques no son muy largos, longitud considerable'. Criterios imprecisos. (...)

En cuanto a la sexta norma nueva, la 5.4.2. [a], referida a la separación de las proposiciones yuxtapuestas, es consecuencia de las nomas § 44.4º.b; 45.1º-2º y 46.1º.2º de ORAE74, puesto que, si suprimimos 'conjunciones o locuciones conjuntivas, enlaces [...], determinados adverbios [...] que desempeñan la función de modificadores oracionales', o cualquier 'otro nexo', como es posible en la sintaxis por asíndeton, se aplican las normas § 45.1º-3º de la ORAE74.

La complicada norma § 45.3º de ORAE74 está contenida en las nuevas normas 5.4.2-3 de ORAE99, analizadas en los párrafos anteriores de este apartado.

[Crespo, Juan. "Sistemas de puntuación en las dos últimas ediciones de la ortografía académica", in Analecta Malacitana (AnMAl electrónica), 17 (2005), [in línea], pp. 4 y 8.]

En efecto, en ORAE99, el epígrafe 5.4.2. señala que se usa el punto y coma: «Para separar proposiciones yuxtapuestas, especialmente cuando en estas se ha empleado la coma (...).
En muchos de estos casos, se podría optar por separar los períodos con punto y seguido. La elección del punto y seguido o del punto y coma depende de la vinculación semántica que exista entre las oraciones o proposiciones. Si el vínculo es débil, se prefiere usar un punto y seguido; mientras que, si es más sólido, es conveniente optar por el punto y coma.
También sería posible separar los mencionados períodos con dos puntos, puesto que casi siempre subyacen las mismas relaciones expresadas en el apartado 5.3.4.».

Y que el punto 5.4.3. añade: «Se suele colocar punto y coma, en vez de coma, delante de conjunciones o locuciones conjuntivas como 'pero, mas y aunque, así como sin embargo, por tanto, por consiguiente, en fin', etc., cuando los períodos tienen cierta longitud y encabezan la proposición a la que afectan (...).
Si los bloques no son muy largos, se prefiere la coma (...).
Si los períodos tienen una longitud considerable, es mejor separarlos con punto y seguido»
.

USOS RECOMENDADOS DEL PUNTO Y COMA.

Señaladas, pues, estas circunstancias, diremos que podemos situar como usos del punto y coma, siguiendo tanto la ORAE99, como el "Diccionario panhispánico de dudas", cuyas cuestiones finalmente acaban siendo recogidas y ampliadas por la ORAE10 [pp. 351-354, § 3.4.3.2], los siguientes:

Para separar los elementos de una enumeración, en construcciones copulativas y disyuntivas, y que suelen ser complejas, incluyendo comas entre los elementos de la misma o presentando cierta longitud.
[ORAE99, § 5.4.1.; DPH05; ORAE10, § 3.4.3.2.2.]
EJEMPLO 1. Enumeración meramente aditiva.
«El profesor de literatura resultó algo desangelado —teníamos que memorizar los adjetivos con que calificaba a los clásicos: San Juan de la Cruz, «hondo y esencial»; Góngora, «barroco y clasicista»; Quevedo, «alambicado, festivo e imperecedero»; Garcilaso, «italianizante, malogrado precozmente y amigo de Juan Boscán»—, pero una buenísima persona: José Robles Rázuri».
Vargas Llosa, Mario. El pez en el agua. Memorias. Barcelona: Seix Barral, 2004.

EJEMPLO 2. Enumeración meramente aditiva.
«Se hacía pasar por una viuda atribulada por la muerte de su esposo; por una dama española alejada de su patria por motivos políticos; por una turista inglesa; por la mujer de un marino que navegaba en el mar de la China y distraía su añoranza viajando»..
Vargas Llosa, Mario. El paraíso en la otra esquina. México: Alfaguara, 2003.

EJEMPLO 3. Enumeración meramente aditiva.
«Pero la estrella era el Enano, que contaba romances con delicadeza, vehemencia, romanticismo e imaginación: el de la Princesa Magalona, hija del Rey de Nápoles, raptada por el Caballero Pierre y cuyas joyas encuentra un marinero en el vientre de un pez; el de la Bella Silvaninha, con la que quiso casarse nada menos que su propio padre; el de Carlomagno y los Doce Pares de Francia; el de la duquesa estéril fornicada por el Can y que parió a Roberto el Diablo; el de Oliveros y Fierabrás».
Vargas Llosa, Mario. La guerra del fin del mundo. Barcelona: Seix Barral, 1985.

EJEMPLO 4. Enumeración meramente aditiva.
«Cabral vio un cuadrito en la pared, entre los estantes de libros, que era una cita de Tagore: "Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora"».
Vargas Llosa, Mario. La fiesta del chivo. Madrid: Alfaguara, 2000.

EJEMPLO 5. Enumeración disyuntiva
«He intentado engañarme a mí mismo convenciéndome de que regreso a España para cuidar de mis intereses, abandonados desde la muerte de mi madre; o para hacerme catedrático de alguna universidad; o para montar una casa de locos».
Torrente Ballester, Gonzalo. Los gozos y las sombras. I. El señor llega. Madrid: Alianza, 1999.

EJEMPLO 6. Enumeración disyuntiva
«El tiempo novelesco es un artificio fabricado para conseguir ciertos efectos psicológicos. En él el pasado puede ser el presente -el efecto precede a la causa- como en ese relato de Alejo Carpentier, 'Viaje a la semilla', que comienza con la muerte de un anciano y continúa hasta su gestación, en el claustro materno; o ser sólo pasado remoto que nunca llega a disolverse en el pasado próximo desde el que narra el narrador, como en la mayoría de las novelas clásicas; o ser eterno presente sin pasado ni futuro, como en las ficciones de Samuel Beckett; o un laberinto en que pasado, presente y futuro coexisten, anulándose, como en 'El sonido y la furia', de Faulkner».
Vargas Llosa, Mario. La verdad de las mentiras. Barcelona: Seix Barral, 1990.

En los ejemplos meramente aditivos hemos observado que el último elemento enumerado no ha ido precedido de ningún tipo de nexo, siendo el punto y coma el signo de separación de cada una de las proposiciones. Ahora bien, cuando va precedido este último elemento por una conjunción copulativa o disyuntiva, delante de ésta puede usarse indistintamente o la coma, o el punto y coma o sólo el conector:

EJEMPLO 7. Sólo el conector.
«Sobre un fondo azul que sugería el firmamento pintó los elementos de la Pasión de Cristo: los clavos que trituraron sus palmas y empeines; la cruz que cargó y en la que expiró; la corona de espinas que punzó sus sienes; la túnica del martirio; la lanza del centurión que atravesó su carne; el martillo con el que fue clavado; el látigo que lo azotó; la esponja en que bebió la cicuta; los dados con que jugaron a sus pies los impíos y la bolsa en que Judas recibió las monedas de la traición.».
Vargas Llosa, Mario. La guerra del fin del mundo. Barcelona: Seix Barral, 1985.

EJEMPLO 8. El conector con coma.
«Ese cuento prefigura mucho de lo que hice después como novelista: usar una experiencia personal como punto de partida para la fantasía; emplear una forma que finge el realismo mediante precisiones geográficas y urbanas; una objetividad lograda a través de diálogos y descripciones hechas desde un punto de vista impersonal, borrando las huellas de autor y, por último, una actitud crítica de cierta problemática que es el contexto u horizonte de la anécdota».
Vargas Llosa, Mario. El pez en el agua. Memorias. Barcelona: Seix Barral, 2004.

EJEMPLO 9. El conector con punto y coma.
« Por lo demás —proseguía el otro, cambiando de latitud— las Antillas constituían un archipiélago maravilloso, donde se encontraban las cosas más raras: áncoras enormes abandonadas en playas solitarias; casas atadas a la roca por cadenas de hierro, para que los ciclones no las arrastraran hasta el mar; un vasto cementerio sefardita en Curazao; islas habitadas por mujeres que permanecían solas durante meses y años, mientras los hombres trabajaban en el Continente; galeones hundidos, árboles petrificados, peces inimaginables; y, en la Barbados, la sepultura de un nieto de Constantino XI, último emperador de Bizancio, cuyo fantasma se aparecía, en las noches ventosas, a los caminantes solitarios...».
Carpentier y Valmont, Alejo. El siglo de las luces. Madrid: Akal, 2008.

También se pone punto y coma detrás de cada uno de los elementos de una lista o relación cuando se escriben en líneas independientes y se inician con minúscula, salvo detrás del último, que se cierra con punto. No obstante, se suele preferir, y es más habitual últimamente, bien no poner ningún signo al final de línea o bien poner punto y aparte (en este último caso, al poner punto, la siguiente línea comienza por mayúscula).

EJEMPLO 10: Según el modelo académico.
«Descripción y viveza ("que entre por los ojos") son los componentes necessarios que se repiten en todas las exposiciones del término (...). Me refiero a las figuras como la 'prosopografía' o descripción de personas en el físico o aspecto externo; la 'etopeya' o descripción de personas en su carácter y costumbres; la 'cronografía' o descripción de tiempos; la 'topografía' o descripción de lugares; la 'pragmatografía' o descripción de cosas, sucesos o acciones; incluso la 'definición', o relación de las características esenciales, detalles significativos y diferenciadores que definen o delimitan el concepto o el objeto e cuestión; también sería posible distinguir otras figuras o especies de 'evidentia' de un segundo orden de importancia y que apenas voy a tratar aquí. Son la 'patopeya' o descripción de las personas en sus afectos y pasiones, o el 'caracterismo' o descripción por el habla; o la 'genealogía' o descripción por el linaje; o la 'topotesia' o descripción de lugares ficticios; o, por último, la 'somatopeya' o descripción de ficción de cuerpo en realidades incorpóreas.»
Alburquerque García, Luis. "La écfrasis en el Quijote", in Garrido Gallardo, M. A. et Alburquerque, L. (coord.). El Quijote y el pensamiento teórico-literario. Actas del Congreso Internacional celebrado en Madrid los días del 20 al 24 de junio de 2005. Madrid: CSIC, 2005, pp. 164-165.

EJEMPLO 11: Sin poner ningún signo.
«Tipos de descripción
I. Descripción de personas

- Prosopografía
- Etopeya
- Retrato
- Autorretrato
- Caricatura
- Esperpento
II. Descripción de animales
III. Descripción del mundo inanimiado
- Topogafía
IV. Descripción de una época
- Cronografía
V. Descripción del mundo psíquico»

[Onieva Morales, Juan Luis. Curso superior de redacción. Madrid: Verbum, 1995, pág. 161]

EJEMPLO 12: Poniendo punto y aparte y comenzando por mayúscula.
«Tipos de descripción.
a) Topografía (descripción de un lugar).
b) Cronografía (descripción del tiempo o época en que se realiza un hecho).
c) Paralelo (descripción comparativa de dos individuos).
d) Prosopografía (descripción física de una persona).
e) Etopeya (descripción moral de una persona).
f) Retrato (descripción física y moral de una persona).
g) Carácter (descripción de un tipo social o de una colectividad).»

Pineda Ramírez, M. I. et Lemus Hernández, F. J. Taller de lectura y redacción. I. México: Pearson Educación, 2005, pág. 48.

Finalmente, también empleamos el punto y coma en una enumeración que contiene nombres con aposición, como podemos observar en estos ejemplos:

EJEMPLO 13:
«Si no, fíjate en las personas que te han ayudado al desarrollo de tu obra: Ido del Sagrario, un flatulento; José Izquierdo, un loco de la clase de cabellerías; Guillermina, una loca santa, pero loca al fin.»
Pérez Galdós, Benito. Fortunata y Jacinta. Madrid: Cátedra, 1983.

EJEMPLO 14:
«Entre los asistentes figuraban la madre de Lalo, Mirta, una sesentona firme como una roca que se dispone a partir para un congreso internacional de mujeres en Bratislava -ella oscila entre Bratisvala, Bratislava y Brastivala, pero opta por la precisa-; Sergio, un grandote colorado, profesor de Historia y dirigente de la quema clandestina de Campana; y un morochazo irónico llamado Santiago, inventor de máquinas para moler el plástico finito.»
Dujovne Ortiz, Alicia. ¿Quién mató a Diego Duarte? Crónicas de la basura. Buenos Aires: Aguilar, 2010.

EJEMPLO 15:
«Figuraban en el mismo los siguientes personajes: Sr. Primer Ministro de la República Española y miembro del Comité Ejecutivo del Partido Socialista Dr. D. Juan Negrín; Sr. Ministro de Justicia de su Gobierno: D. Ramón González Peña; Sr. Ministro de Trabajo: D. Manuel Extremero Juan; Sr. Ministro de Hacienda: D. Juan Antonio Prieto Llaneza; Sr. Ministro de Obras Públicas: D. Enrique Largo Caballero... así hasta ocho personas más.»
García Fernández, Artemio. El laberinto de Laurent Mercier. Punto Rojo Libros, 2015.

Para separar oraciones yuxtapuestas: sintácticamente independientes pero con una estrecha relación semántica.
[ORAE99, § 5.4.2.;DPH05; ORAE10, § 3.4.3.2.1. ].

"La escritura de punto y coma indica que las oraciones independientes forman parte del mismo enunciado y que, por tanto, ambas se complementan desde el punto de vista informativo".

O en palabras de FUNDEU:

"El punto y coma (;) separa unidades con sentido autónomo, ya sean grupos de palabras u oraciones completas, que a menudo incluyen sus propias comas."
EJEMPLO 16:
«En la claridad amarillenta del recinto, Cava comprobó que el Jaguar estaba descalzo; sus pies eran grandes y lechosos, de uñas largas y sucias; olían mal» (...).
Vargas Llosa, Mario. La ciudad y los perros. Barcelona, Seix Barral, 1968.

EJEMPLO 17:
«Las literas están oxidadas y chirrían; las puertas de los armarios crujen; los tacones de los botines martillan la loza; al rozarse o chocar, los cuerpos despiden un rumor sordo; pero las blasfemias y los juramentos prevalecen sobre cualquier otro ruido, como lenguas de fuego entre el humo».
Vargas Llosa, Mario. La ciudad y los perros. Barcelona, Seix Barral, 1968.

Nos dice la RAE que en la mayor parte de estos casos podíamos haber empleado el punto y seguido, y no se habría alterado el sentido, siendo la elección de uno u otro signo una cuestión subjetiva del que escribe, que establece una vinculación semántica más o menos fuerte entre las oraciones (cuanto más fuerte se considerará más adecuado el uso del punto y coma).

EJEMPLO 18:
«Al volver, la perra se me adelantaba y me esperaba siempre junto al cruce; había allí una piedra redonda y achatada como una silla baja, de la que guardo tan grato recuerdo como de cualquier persona; mejor, seguramente, que el que guardo de muchas de ellas. Era ancha y algo hundida y cuando me sentaba se me escurría un poco el trasero (con perdón) y quedaba tan acomodado que sentía tener que dejarla; me pasaba largos ratos sentado sobre la piedra del cruce, silbando, con la escopeta entre las piernas, mirando lo que había de verse, fumando pitillos».
«Al volver, la perra se me adelantaba y me esperaba siempre junto al cruce . Había allí una piedra redonda y achatada como una silla baja, de la que guardo tan grato recuerdo como de cualquier persona . Mejor, seguramente, que el que guardo de muchas de ellas. Era ancha y algo hundida y cuando me sentaba se me escurría un poco el trasero (con perdón) y quedaba tan acomodado que sentía tener que dejarla . Me pasaba largos ratos sentado sobre la piedra del cruce, silbando, con la escopeta entre las piernas, mirando lo que había de verse, fumando pitillos».

Cela, Camilo José. La familia de Pascual Duarte. Barcelona: Destino, 2010.

EJEMPLO 19:

«Después se marchó y tardó dos días enteros en volver; cuando lo hizo venía borracho como una bota; se acercó a la cama de mi madre y la besó; mi madre se dejaba besar... Después se fue a dormir a la cuadra».
«Después se marchó y tardó dos días enteros en volver . Cuando lo hizo venía borracho como una bota. Se acercó a la cama de mi madre y la besó . Mi madre se dejaba besar... Después se fue a dormir a la cuadra».

Cela, Camilo José. La familia de Pascual Duarte. Barcelona: Destino, 2010.

Se escribe punto y coma delante de conectores de sentido adversativo (esto es, cuando se oponen dos juicios de cualidad lógica contraria), como son: por el contrario, al contrario, de lo contrario, sin embargo, no obstante, en cambio, pero, pero sí, mas, sino, más que, más bien, ahora bien, antes bien, aunque, sólo que, mientras que, en tanto que, a diferencia de, a la inversa, al revés, y viceversa, opuestamente...; y siempre que las oraciones que encabezan tengan cierta longitud.
[ORAE99, § 5.4.3.; DPH05; ORAE10, § 3.4.3.2.3. ]

EJEMPLO 20:
« La voz de mi padre apenas si era más que un penetrante susurro; por el contrario, Segundo gritaba y movía los brazos en el aire; se paseaba nerviosamente por el escenario, aunque sin perder la cara a su hermano, que le miraba recostado contra la pared del fondo.»
Montero Gayo, Rosa. Bella y oscura. Barcelona: Seix Barral, 1993.

EJEMPLO 21:
«Como era lógico, todos afirmaron que no habían notado semejante defecto; por el contrario, dijeron que jamás habían escuchado conferencia alguna con tan religiosa atención.»
Kóbor, Tomás. "Después de la conferencia", in Bioy Casares, A. et al. La cita y otros cuentos de mujeres infieles. Buenos Aires: Alfaguara, 2000.

EJEMPLO 22:
«Estas personas no le habían hecho daño alguno; al contrario, eran amigos de su padre, o de doña Lupe o de Juan Pablo.»
Pérez Galdós, Benito. Fortunata y Jacinta. Madrid: Cátedra, 1983.

EJEMPLO 23:
« Ignacio juzgó aquella visita intempestiva; por el contrario, Matías estimó que era de agradecer.»
Gironella, José María. Los cipreses creen en Dios. Barcelona: Planeta, 2006.

EJEMPLO 24:
« Gracias a ello, al llegar agosto la ciudad quedó desierta; por el contrario la costa, la Costa Brava, muchas de cuyas playas desde la creación del mundo eran privilegio de sus habitantes y de algún hacendado, recibieron las primeras oleadas de turismo popular.»
Gironella, José María. Los cipreses creen en Dios. Barcelona: Planeta, 2006.

EJEMPLO 25:
«La respuesta no podía sorprenderme; sin embargo, en aquella tarde horrible, nada me conmovió tanto como esas dos palabras.»
Bioy Casares, A. "En memoria de Paulina", in Bioy Casares, A. et al. La cita y otros cuentos de mujeres infieles. Buenos Aires: Alfaguara, 2000.

EJEMPLO 26:
«De sobra sé yo que Abraham fue un santo varón, así como también Jacob, según mi entender; sin embargo, cada uno de ellos tuvo más de dos mujeres, e igualmente otros muchos hombres santos.»
Chaucer, Geoffrey. "La mujer de Bath", in Bioy Casares, A. et al. La cita y otros cuentos de mujeres infieles. Buenos Aires: Alfaguara, 2000.

EJEMPLO 27:
«Los rebordes de la madera astillada le mordieron la piel; sin embargo, la promesa de aquella claridad espectral y de la lámina de luz que se apreciaba en la superficie le hubiera permitido cruzar un campo de cuchillos».
Ruiz Zafón. El cementerio de los libros olvidados. 4. El laberinto de los espíritus. Barcelona: Planeta, 2016.

EJEMPLO 28:
«Apenas la señora y su nuevo galán se hubieron sentado a la mesa para cenar, Vinciolo llamó a la puerta pidiendo que le abrieran: al oír la joven la voz de su marido, a quien no esperaba tan temprano, se creyó perdida; no obstante, pensó en esconder a su amante, el cual por su parte tampoco sabía qué hacer.»
Boccaccio, Giovanni. "El cornudo consolado", in Bioy Casares, A. et al. La cita y otros cuentos de mujeres infieles. Buenos Aires: Alfaguara, 2000.

EJEMPLO 29:
«Si por descuido quedaba abierta alguna, se oían todos los relojes de la población; no obstante, los Alvear sabían que en un puñado de metros podían crear un mundo íntimo y aun infranqueable.
Gironella, José María. Los cipreses creen en Dios. Barcelona: Planeta, 2006.

EJEMPLO 30:
«Jamás vi ni oí nada que no supierais vos inmediatamente; en cambio, vos me escondéis bien vuestro pensamiento.»
Anónimo. "La castellana de Vergy", in Bioy Casares, A. et al. La cita y otros cuentos de mujeres infieles. Buenos Aires: Alfaguara, 2000.

EJEMPLO 31:
«Póstranse las criaturas ante Alá de rodillas y al suelo caen los velos, no valen celosías; en cambio, si se extingue de su fuego la llama, surge el lagrimal de las lluvias.»
Anónimo. "Las mil y una noches. Cuento: 'Historia del rey Schahriar'", in Bioy Casares, A. et al. La cita y otros cuentos de mujeres infieles. Buenos Aires: Alfaguara, 2000.

EJEMPLO 32:
«Con su cara redonda y sus mejillas blandas parecía prometer un cuerpo más lleno; pero era muy frágil, huesuda, rectilínea, los hombros estrechos, las muñecas muy finas.»
Montero Gayo, Rosa. Bella y oscura. Barcelona: Seix Barral, 1993.

EJEMPLO 33:
«Y Soledad al principio pensó: ah, qué desastre, esto no pega ahora, esto es demasiado grandioso, demasiado difícil, esto nos va a sacar de situación; pero lo pensó sólo durante medio segundo, porque estaba concentrada en sus sensaciones y en su piel, indistinguible ya de la piel del otro.»
Montero Gayo, Rosa. La carne. Madrid: Alfaguara, 2016

EJEMPLO 34:
«No se puede asegurar que las letras españolas valgan hoy más que hace veinte años, y también sería aventurado sostener que valen menos; pero sí me parece indudable que ahora hay más público que entonces para la literatura; que se escribe más y se lee más; que interesan a muchos españoles asuntos de arte que no ha mucho preocupaban sólo a pocos.»
Alas, Leopoldo (Clarín). Folletos literarios. I. Un viaje a Madrid. Madrid: Fernando Fe, 1890.

EJEMPLO 35:
«Aquellas señoras desconocidas dijéronme que Lobo se había llevado a la muchacha, y como yo les manifestara mi extrañeza e indignación, llamáronme estúpido y me arrojaron de su casa. Volé a la de ese miserable ladrón; mas no le pude ver ni en todo aquel día ni en los siguientes.»
Pérez Galdós, Benito. Episodios Nacionales. 04. Bailén. Madrid: Alianza, 2005.

EJEMPLO 36:
« Hubo quien al verlas pasar preparó algún chicoleo un poco más subido de tono; mas tuvo que contenerse al tropezar con el reproche de aquellos ojos de Gertrudis, que hablaban mudamente de seriedad.»
Unamuno, Miguel de. La tía Tula. Madrid: Akal, 2012.

EJEMPLO 37:
«No sólo se trata de echar sobre sí la enorme carga de mantener, y creo que hasta vestir y calzar, a una persona que las sobrevivirá, según todas las probabilidades, carga que es de por vida o vitalicia por consiguiente; sino que además esa joven representa una abdicación, que me abstengo de calificar, una abdicación de su señor padre...»
Alas, Leopoldo (Clarín). La Regenta. Madrid: Castalia, 1981. Vol. I.

EJEMPLO 38:
«No que me sienta viejo, al contrario; más bien parecería que son los demás, las cosas mismas.»
Cortázar, Julio. "Cambio de luces", in Bioy Casares, A. et al. La cita y otros cuentos de mujeres infieles. Buenos Aires: Alfaguara, 2000.

EJEMPLO 39:
« La complacencia en lo real —mejor dicho aún, el amor de complacencia— no significa forzosamente que el hombre esté satisfecho de lo que es; más bien lo excluye; la ilusión se refiere a lo que pretende ser, más exactamente a quien pretende ser y siente que tiene que ser, aunque tenga graves dudas de llegar a serlo o incluso esté persuadido de que no llegará nunca.»
Marías, Julián. Breve tratado de la ilusión. Madrid: Alianza, 1990.

EJEMPLO 40:
«Todo ello con alegría. Falange no empleará nunca la violencia como medio de opresión; ahora bien, la considera lícita cuando el ideal lo justifique, aunque ello horrorice al profesor Civil.»
Gironella, José María. Los cipreses creen en Dios. Barcelona: Planeta, 2006.

EJEMPLO 41:
«El obispo no los casó, como había profetizado Raimundo; ahora bien, la ceremonia fue espectacular.»
Gironella, José María. Los cipreses creen en Dios. Barcelona: Planeta, 2006.

EJEMPLO 42:
«Luego notábamos que la mayor porción de nuestro mundo sensible no nos es presente; antes bien, aquella porción de él que en cada instante lo estaba, oculta el resto y lo deja como sólo compresente, como la habitación en que estamos nos tapa la ciudad y, sin embargo, vivimos esa habitación hallándose ella en la ciudad y la ciudad en la nación y la nación en la Tierra, etc., etc.»
Ortega y Gasset, José. El hombre y la gente. Madrid: Alianza, 1980.

EJEMPLO 43:
«Nada que ver con la idea de mafioso que ella tenía; aunque, claro, quizá no fuera el jefe.»
Montero Gayo, Rosa. La carne. Madrid: Alfaguara, 2016

EJEMPLO 44:
«Cómo echaba de menos a Félix; aunque no era más que un anciano, su aplomo me hacía sentirme más segura.»
Montero Gayo, Rosa. La hija del caníbal. Madrid: Espasa, 1998

EJEMPLO 45:
«Pero, no; aquella cara no debía de mentir; hablaba de veras; era verdad lo del rey Veremundo y lo de la emigración de la piña pérsica a las columnas árabes; sólo que todo aquello ¡qué le importaba a él, que era un compromisario!»
Alas, Leopoldo (Clarín). La Regenta. Vol. I. Madrid: Casatalia, 1981.

EJEMPLO 46:
«Según esto, no puede hablarse de acción sino en la medida en que va a estar regida por una previa contemplación; y viceversa, el ensimismamiento no es sino un proyectar la acción futura. »
Ortega y Gasset, José. El hombre y la gente. madrid: Alianza, 1980.

Se escribe punto y coma delante de conectores de sentido concesivo (esto es, cuando la oración subordinada expresa una objeción o dificultad para el cumplimiento de lo que se dice en la oración principal; pero este obstáculo no impide su realización), como es el caso de: aun cuando, por más que, por muy bien que, aunque, si bien, bien que, a pesar de, pese a que, mal que, y eso que, como, siquiera, ya que, y mira que, etc.; y siempre que las oraciones que encabezan tengan cierta longitud.
[ORAE99, § 5.4.3.; DPH05; ORAE10, § 3.4.3.2.3. ]

EJEMPLO 47:
«Aceptó la cena y el papel de vencedor; por más que estaba seguro de que en su casa no había diccionario.»
Alas, Leopoldo (Clarín). La regenta. Vol. I. Madrid: Castalia, 1981.

EJEMPLO 48:
«Mire usted, el tabaco de colillas siempre se nota; por más que lo laven siempre le queda un gusto un poco raro.»
Cela, Camilo José. La colmena. Madrid: Castalia, 1989.

EJEMPLO 49:
«Ana veía los renglones desiguales como si estuvieran en chino; sin saber por qué, no podía leer; no entendía nada; aunque la inercia la obligaba a pasar por allí los ojos, la atención retrocedía, y tres veces leyó los cinco primeros versos, sin saber lo que querían decir...»
Alas, Leopoldo (Clarín). La regenta. Vol. I. Madrid: Castalia, 1981.

EJEMPLO 50:
«Somoza volvió a las ocho de la noche; a pesar de la primavera médica, no estaba tranquilo; miró la lengua a la enferma, le tomó el pulso, le mandó aplicar al sobaco un termómetro que sacó él del bolsillo, y contó los grados.»
Alas, Leopoldo (Clarín). La regenta. Vol. I. Madrid: Castalia, 1981.

EJEMPLO 51:
«El tema del nacionalsocialismo, del Fascismo y, de rebote, el de la Falange, eran frecuentes, pues a causa de la guerra de Abisinia se había desencadenado la primera ofensiva seria contra Mateo y sus camaradas; si bien muchos se reían de éstos, diciendo que eran cuatro desgraciados y que ya se les iba dando su merecido, «como ocurrió en Valladolid».»
Gironella, José María. Los cipreses creen en Dios. Barcelona: Planeta, 2006.

EJEMPLO 52:
«Cármenes, que en los certámenes de Vetusta se llevaba todas las rosas naturales, no podía conseguir que sus versos tuvieran cabida en las prensas madrileñas; y eso que empleaba en las cartas con que recomendaba las composiciones, la finura del mundo.»
Alas, Leopoldo (Clarín). La regenta. Vol. I. Madrid: Castalia, 1981.

EJEMPLO 53:
« No se acercó ni más ni menos; y eso que ya no tenía allí caballo que lo estorbase.»
Alas, Leopoldo (Clarín). La regenta. Vol. I. Madrid: Castalia, 1981.

EJEMPLO 54:
« Ahora debo hacer lo que dice el Magistral; ya que las fuerzas vuelven a mi cuerpo, aprovecharlas en una actividad piadosa, que es lo que él llama higiene del espíritu.»
Alas, Leopoldo (Clarín). La regenta. Vol. I. Madrid: Castalia, 1981.

EJEMPLO 55:
« Mejor es esto; ya que él disimula, y finge no ver este cambio, y ya no se queja como al principio, dejémoslo todo así; quiero paz, paz, no más batallas aquí dentro.»
Alas, Leopoldo (Clarín). La regenta. Vol. II. Madrid: Castalia, 1981.

Se escribe punto y coma delante de conectores de sentido consecutivo (esto es, una acción es causa de otra), como ocurre con: pues, luego, con que, por consiguiente, por tanto, por lo tanto, por eso, así que, así pues...; y siempre que las oraciones que encabecen tengan cierta longitud.
[ORAE99, § 5.4.3.; DPH05; ORAE10, § 3.4.3.2.3. ]

EJEMPLO 56:
«Aventuras así las había él llevado a feliz término y no por eso se creía deshonrado; pues el amor no se anda con libros de caballerías, y unas eran las empresas del placer y otras las de la vanagloria; cuando se trataba de éstas, lo mismo él que don Juan, sabían proceder con todos los requisitos del punto de honor.»
Alas, Leopoldo (Clarín). La Regenta. Vol. I. Madrid: Castalia, 1981.

EJEMPLO 57:
«Ya ves. Me has dicho cosas muy desagradables; pues estoy dispuesto a humillarme delante de ti, delante de tus padres y de tu hermana.»
Gironella, José María. Los cipreses creen en Dios. Barcelona: Planeta, 2006.

EJEMPLO 58:
«Ana tenía celos; luego tenía amor; no hay humo sin fuego».
Alas, Leopoldo (Clarín). La Regenta. Vol. II. Madrid: Castalia, 1981.

EJEMPLO 59:
«Ella le había hecho hombre, a costa de sacrificios, de vergüenzas de que él no sabía ni la mitad, de vigilias, de sudores, de cálculos, de paciencia, de astucia, de energía y de pecados sórdidos; por consiguiente no pedía mucho si pedía intereses al resultado de sus esfuerzos, al Provisor de Vetusta.»
Alas, Leopoldo (Clarín). La Regenta. Vol. I. Madrid: Castalia, 1981.

EJEMPLO 60:
«Si, como se ha creído casi siempre -y con consecuencias prácticamente más graves en el siglo XVIII-, la sociedad es sólo una creación de los individuos que, en virtud de una voluntad deliberada, «se reúnen en sociedad»; por tanto, si la sociedad no es más que una «asociación», la sociedad no tiene propia y auténtica realidad y no hace falta una sociología.».
Ortega y Gasset, José. EL hombre y la gente. Madrid: Alianza, 1980.

EJEMPLO 61:
«Desde muy pronto, en edad increíblemente temprana, casi desde el nacimiento, el niño tiene más o menos vagos proyectos, que no puede realizar por falta de recursos —empezando por los biólogos, por las disponibilidades de su propio cuerpo—, y se aburre; por eso reclama imperiosamente la colaboración de los adultos, principalmente mediante el llanto, esa sorprendente arma del niño pequeño, para que le permitan, con sus recursos, la realización de sus proyectos propios.»
Marías, Julián. Breve tratado de la ilusión. Madrid: Alianza, 1990.

EJEMPLO 62:
«El muchacho quiere estudiar una carrera; por lo tanto, tiene que empezar el Bachillerato.»
Gironella, José María. Los cipreses creen en Dios. Barcelona: Planeta, 2006.

EJEMPLO 63:
«Es un socialismo, ¿cómo lo diría yo?, más humilde que tú y tus amigos, y que por otra parte no cree conseguir jamás que todos los habitantes de un territorio piensen de la misma manera; así que no aspira al tipo de Unidad Nacional que proclamáis; se contenta con aspirar a que a nadie le falte lo necesario, a que todo el mundo reciba una educación, a que todo el mundo encuentre un trabajo adecuado, pueda tener descendencia y la vejez asegurada.»
Gironella, José María. Los cipreses creen en Dios. Barcelona: Planeta, 2006

EJEMPLO 64:
«A mí me parece... que hay que hacer esto mientras Benito y Jorge están en el cementerio; así que la elección no es dudosa.»
Gironella, José María. Los cipreses creen en Dios. Barcelona: Planeta, 2006

Para todos los casos de los puntos 1 a 5, la RAE recomienda que si el período encabezado por la conjunción es corto, se use la coma; mas si tiene una extensión considerable es mejor utilizar el punto y seguido.

Se escribe punto y coma al separar períodos sintácticos completos en relación explicativa, mediante conectores del tipo: es decir, esto es, a saber, por consiguiente, en otras palabras, dicho de otro modo, en otros términos, o lo que es igual, mejor dicho, es más, en cualquier caso, en este caso, en efecto, pues bien...), y en períodos largos.

EJEMPLO 65:
« Y en honor de la verdad se ha de decir que un rey se le iba y otro se le venía; esto es, que los mezclaba y confundía, siendo la falda de Obdulia la causa de tales confusiones, porque el sabio no podía menos de admirar aquella atrevidísima invención, nueva en Vetusta, mediante la que aparecían ante sus ojos graciosas y significativas curvas que él nunca viera más que en sueños.»
Alas, Leopoldo (Clarín). La regenta. Vol. II. Madrid: Castalia, 1981.

EJEMPLO 66:
«La sociedad española empezaba a presumir de seria; es decir, a vestirse lúgubremente, y el alegre imperio de los colorines se derrumbaba de un modo indudable.»
Pérez Galdós, Benito. Fortunata y Jacinta. Madrid: Cátedra, 1983.

EJEMPLO 67:
«Ninguna realidad humana es plenamente entendida si no se la ve derivar de la vida como realidad radical; es decir, si no se halla su radicación, el lugar que tiene dentro de la estructura total de la vida humana, el punto por el cual se inserta en ella y, por consiguiente, se vivifica —la forma más profunda de fundamentación—. »
Marías, Julián. Breve tratado de la ilusión. Madrid: Alianza, 1990.

EJEMPLO 68:
«En este momento nos significan lo mismo; a saber, el elemento extraño al hombre, foráneo, el "fuera de sí", donde el hombre tiene que afanarse en ser. »
Ortega y Gasset, José. El hombre y la gente. Madrid: Alianza, 1980.

EJEMPLO 69:
«No todos los de la procesión entraron, sino sólo los que tenían asientos en la Suprema, bien como miembros titulares bien como teólogos invitados; o sea, consultores, y entre éstos figuraba un jesuita portugués, el padre Almeida, bastante joven aún, pero de rostro tostado por los soles brasileiros». »
Torrente Ballester, Gonzalo. Crónica del rey pasmado. Barcelona: Planeta, 1990.

EJEMPLO 70:
«Puedo repetirme mecánicamente que dos y dos son cuatro sin saber lo que me digo, simplemente porque lo he oído decir innumerables veces; pero pensarlo propiamente -esto es, adquirir la evidencia de que en verdad «dos y dos son cuatro y no son tres ni cinco»- eso tengo que hacérmelo yo, yo solo; o lo que es igual, yo en mi soledad. »
Ortega y Gasset, José. El hombre y la gente. Madrid: Alianza, 1980.

EJEMPLO 71:
«Al llegar a la esquina de la Cava de San Miguel, vio al sereno; mejor dicho, lo que vio fue el farol del sereno, que andaba hacia la rinconada de la calle de Cuchilleros»
Pérez Galdós, Benito. Fortunata y Jacinta. Madrid: Cátedra, 1983.

EJEMPLO 72:
«No creí nada de lo que me contó; o, mejor dicho, creí algunas cosas aisladas, probablemente ciertas, pero que, al formar parte de un coherente conjunto de falsedades, pierden veracidad».
Torrente Ballester, Gonzalo. Quizá nos lleve el viento al infinito. Barcelona: Plaza y Janés, 1984.

EJEMPLO 73:
«Las leyes, sagradas, debían prevalecer sobre los sentimientos; si no, no habría civilización».
Vargas Llosa, Mario. El paraíso en la otra esquina. Madrid: Alfagura, 2003.

EJEMPLO 74:
«Ya dije que el Delfín prometió pensarlo; mas esto significaba sin duda la necesidad que todos sentimos de no aparecer sin voluntad propia en los casos graves; en otros términos, su amor propio, que le gobernaba más que la conciencia, le exigía, ya que no una elección libre, el simulacro de ella.»
Pérez Galdós, Benito. Fortunata y Jacinta. Madrid: Cátedra, 1983.

EJEMPLO 75:
«Esa interna duración que pertenece al estado ilusionado introduce en él un elemento de inseguridad, excluye la tentación de la posesión —nada verdaderamente humano puede ser propiamente poseído—; en otras palabras, es un estado inestable.»
Marías, Julián. Breve tratado de la ilusión. Madrid: Alianza, 1990.

EJEMPLO 76:
«Algo común, por otra parte, en una profesión cuyo gesto habitual estando de guardia consiste en comparar a cada momento el compás giroscópico con el compás magnético; o dicho de otro modo, comprobar un falso norte mediante un norte que tampoco es el verdadero norte».
Pérez Reverte, Arturo. La carta esférica. Madrid: Alfaguara, 2000. >

EJEMPLO 77:
«Todo Madrid le conoce; pues bien, nunca ha tenido cargo en la Federación.».
Gironella, José María. Los cipreses creen en Dios. Barcelona: Planeta, 2006.

Asimismo, emplearemos el punto y coma cuando se dan explicaciones sobre algo que se acaba de decir, en períodos largos, en los que no se emplea un conector concreto:

EJEMPLO 78:
«Se me ha olvidado la fecha exacta; pero debió de ser esta hacia el 69, porque recuerdo que se habló mucho de Figuerola, de la capitación y del derribo de la torre de la iglesia de Santa Cruz.»
Pérez Galdós, Benito. Fortunata y Jacinta.

EJEMPLO 79:
«Él quería ver el cadáver de Trujillo a sus pies; lo demás, le importaba menos.»
Vargas Llosa, Mario. La fiesta del chivo. Madrid: Alfaguara, 2000.

EJEMPLO 80:
«Como Tony, Segundo que, a costa de revolcones, de trujillista entusiasta pasó a ser un desafecto y, luego, un conspirador, había llegado hacía tiempo a la conclusión de que la única manera de poner punto final a la tiranía era acabando con el tirano; todo lo demás, inútil.»
Vargas Llosa, Mario. La fiesta del chivo.Madrid: Alfaguara, 2000.

EJEMPLO 81:
«Las hermanas lo habían impresionado por su convicción y el arrojo con que se entregaban a esa lucha tan desigual e incierta; sobre todo, Minerva Mirabal.»
Vargas Llosa, Mario. La fiesta del chivo.Madrid: Alfaguara, 2000.

EJEMPLO 82:
«He estado siempre demasiado ocupada; primero estudiando y luego trabajando.»
Vargas Llosa, Mario. La fiesta del chivo.Madrid: Alfaguara, 2000.

Emplearemos punto y coma cuando se trata de ejemplificar en un período largo:
EJEMPLO 83:
«Y lo bueno de él era eso: siempre informaba de algo importante; por ejemplo, de que uno tenía sangre de primera calidad.»
Gironella, José María. Los cipreses creen en Dios. Barcelona: Planeta, 2006.

EJEMPLO 84:
«Pero, en cambio, son astutos en otros aspectos; por ejemplo, ensalzando la conquista de América, sin explicar al pueblo los... asesinatos en... masa —y perdonen ustedes la dureza de expresión— que realizaron los conquistadores.»
Gironella, José María. Los cipreses creen en Dios. Barcelona: Planeta, 2006.

Pondremos punto y coma tras afirmación o negación simple que requiere una explicación.

EJEMPLO 85:
«Eso sí; allá, cuando seminarista, había sido gran tañedor de flauta y bailarín sin pareja.»
Alas, Leopoldo (Clarín). La regenta. Vol. I. Madrid: Castalia, 1981.

EJEMPLO 86:
«Sí; me da vergüenza, ¿qué quieres? Esto debe de ser la vejez.»
Alas, Leopoldo (Clarín). La regenta. Vol. I. Madrid: Castalia, 1981.

EJEMPLO 87:
«Sí; porque me alarma el pensar que te haya dicho, sin querer, algo ofensivo.»
No; no tengas cuidado.
Baroja y Nessi, Pío. Agonías de nuestro tiempo. 1. El gran torbellino del mundo. Madrid: Rafael Caro Raggio, 1926.

EJEMPLO 88:
«Y hay quien dice que es la suya filosofía de hombre fuerte! No; no lo es. Mi salud y mi fortaleza me empujan a perpetuarme. »
Unamuno, Miguel de. Del sentimiento trágico de la vida.

EJEMPLO 89:
«No; mi pueblo no es triste; y no lo es, porque no toma el mundo no más que en espectáculo, sino que lo toma en serio; no lo es, porque estará a punto de caer en cualquier dolencia colectiva, menos en esteticismo.»
Unamuno, Miguel de. Alma vasca.

EJEMPLO 90:
«No; no ha llegado hasta mí la noticia de ese baile.»
Baroja y Nessi, Pío. Agonías de nuestro tiempo. 1. El gran torbellino del mundo. Madrid: Rafael Caro Raggio, 1926.

EJEMPLO 91:
«No; no lo digo en son de burla. Está bien que él se engañe, porque es un ser seráfico; pero yo, que soy un hombre con los defectos de la mayoría, es decir, egoísta como todos, no me debo engañar.»
Baroja y Nessi, Pío. Agonías de nuestro tiempo. 1. El gran torbellino del mundo. Madrid: Rafael Caro Raggio, 1926.

EJEMPLO 92:
«Al verlo entrar al despacho hacía un momento, balanceando su elefantiásica figura y avanzando despacito, tentando el suelo antes de asentar la planta, pensó que estaba beodo. No; debía de haber somatizado las borracheras, pues, aun sobrio, se conducía con la inseguridad y los temblores del alcohólico.»
Vargas Llosa, Mario. La fiesta del chivo.

EJEMPLO 93:
«Nada; por pronto que acudo, ya mi querida tía me ha registrado la ropa que está en el perchero y se ha llevado todo lo que había en el bolsillo del chaleco.»
Pérez Galdós, Benito. Fortunata y Jacinta. Madrid: Cátedra, 1983.

⑨ Haremos uso del punto y coma entre los miembros de un período largo cuando éstos "constan de más de una oración, por lo cual, o por otra causa, llevan ya alguna coma".
ORAE74 § 45.1.
Cfr.: Alvar Ezquerra, Manuel. Manual de redacción y estilo. Madrid: Istmo, 2003, pág. 28.

EJEMPLO 94:
«Obdulia, que había aprendido en Madrid de su prima Tarsila a premiar con sus favores a los ingenios preclaros, a los hijos ilustres del arte y de la ciencia; no de otro modo que la tarde anterior había vuelto loco de placer y voluptuosidad al señor Bermúdez, en premio de su erudición arqueológica, ahora vino a otorgar fortuitos y subrepticios favores al cocinero Vegallana con miradas ardientes, como al descuido, al oír una luminosa teoría acerca de la grasa de cerdo; un apretón de manos, al parecer casual, al remover una masa misma, al meter los dedos en el mismo recipiente, v. gr., un perol.»
Alas, Leopoldo (Clarín). La regenta. Vol. I. Madrid: Castalia, 1981.

⑩ Usaremos punto y coma al omitir el sujeto (o verbo o complemento), para no repetirlo, en períodos largos.

EJEMPLO 95:
«Era hombre que cuando se ponía a toser hacía temblar el edificio donde estaba; excelente persona, librecambista rabioso, anglómano y solterón. »
Pérez Galdós, Benito. Fortunata y Jacinta. Madrid: Cátedra, 1983.

EJEMPLO 96:
«El mantón sería una prenda vulgar si tuviera la ciencia del diseño; [el mantón] no lo es por conservar el carácter de las artes primitivas y populares; [el mantón] es como la leyenda, como los cuentos de la infancia, candoroso y rico de color, fácilmente comprensible y refractario a los cambios de la moda.»
Pérez Galdós, Benito. Fortunata y Jacinta. Madrid: Cátedra, 1983

⑪ Utilizaremos punto y coma , en una enumeración que emplee conectores ordenadores del tipo:

de un lado...; de otra...
de una parte...; de otra...
en primer lugar...; luego...
por un lado...; por otro...
por una parte...; por otra...
primeramente...; a continuación...

siempre que sus elementos sean grandes.
EJEMPLO 97:
«Doña Lupe no había simpatizado nunca con Nicolás; primero, porque las sotanas en general no la hacían feliz; segundo, porque aquel sobrino suyo no se dejaba querer.»
Pérez Galdós, Benito. Fortunata y Jacinta. Madrid: Cátedra, 1983.

EJEMPLO 98:
«Ignacio comprendió dos cosas: primera, que en el Banco había un soplón; segunda, que era lógico que el que tuviera hijos reflexionara antes de firmar.
Gironella, José María. Los cipreses creen en Dios. Barcelona: Planeta, 2006.

EJEMPLO 99:
«En el primer caso, hablaremos de opiniones reinantes; en el segundo, de opiniones particulares.»
Ortgea y Gasset, José. El hombre y la gente. Madrid: Alianza, 1980.

EJEMPLO 100:
«Formáronse en este dos grupos: de un lado, Rosita, la hija mayor de Rosa, aliada con Caridad, con su cuñada, y no con su hermano, no con Ramiro; de otro, Elvira, la segunda hija de Rosa, con Enrique, su hermanastro, el hijo de la hospiciana, y quedaban fuera Ramiro y Manolita.»
Unamuno, Miguel de. La tía Tula. Madrid: Akal, 2012.

EJEMPLO 101:
«Si en ese momento se añade la inseguridad, si el cumplimiento parece dudoso, la proyección se perturba intensamente: por una parte, se agudiza, casi angustiosamente, la expectativa ilusionada; por otra, invade el temor de proyectarse resueltamente hacia su objeto con el riesgo de que quede truncada; se siente, más o menos confusamente, que si se quiebra la proyección, no va a saber uno adonde volverse, no va a saber qué hacer.»
Marías, Julián. Breve tratado de la ilusión. Madrid: Alianza, 1990.

⑫ Y también cuando usamos los deícticos espaciales del tipo "aquí...; allí..." en períodos largos que llevan comas:

EJEMPLO 102:
«Aquí unos collares, pendientes, pulsares y otros abalorios; allí unas telas de todos los colores colgadas bajo los toldos. Aquí un muestrario de hierbas y de especias olorosas; allí una oferta de rudimentarios objetos artesanales. Aquí un mostrador con dulces caseros; allí una mesa con sanguinolentos trozos de carne y despojos de animales.»
Guillén, Rafael. "Travesía de la soledad", in Pastor Muñoz, Mauricio et Villar Raso, Manuel (ed.). Las ciudades perdidas de Mauritania. Expedición a la cuna de los almorávides. Granada: Sierra Nevada 95/ El legado andalusí, 1996.

EJEMPLO 103:
«Este, a lo mejor, le regalaba una capa ; otro un corte de vestido; aquel un sombrero o bien comestibles y golosinas.»
Pérez Galdós, Benito. Fortunata y Jacinta. Madrid: Cátedra, 1983

Cuando empleamos fórmulas distributivas del tipo el uno... ; el otro..., en períodos largos y con comas:

EJEMPLO 104:
«Unas, desengañadas de la poca sustancia que se saca al deleite, se quedan allí para siempre; otras salen ya edificadas, bien para casarse, bien para servir en casas de personas respetabilísimas.»
Pérez Galdós, Benito. Fortunata y Jacinta. Madrid: Cátedra, 1983.

EJEMPLO 105:
«(...) nótese que nos descubre la existencia de dos clases de usos: unos, que llamo "usos débiles y difusos"; otros, que llamo "usos fuertes y rígidos".»
Ortega y Gasset, José. El hombre y la gente. Madrid: Alianza, 1980.

EJEMPLO 106:
«Aquel era más alto, rubio y tenía la voz, la mirada y los gestos insolentes; el otro, bajo y grueso, de cabello moreno ensortijado, era muy ágil. El rubio hacía de arquero en un garaje; el moreno le disparaba con una pelota de fútbol flamante» (...).
[Vargas Llosa, Mario. La ciudad y los perros].

EJEMPLO 107:
«De algunos internos se hubiera dicho que no la rozaban ; de otros que se peleaban con ella.
Gironella, José María. Los cipreses creen en Dios. Barcelona: Planeta, 2006.

EJEMPLO 108:
«Algunos, de repente, se levantaban y empezaban a dar vueltas por el patio; otros permanecían sentados mirándose las manos con fijeza.
Gironella, José María. Los cipreses creen en Dios. Barcelona: Planeta, 2006.

EJEMPLO 109:
«Quité el tranco a la puerta de la calle, giré el picaporte (había días en que el picaporte estaba de mal talante y me ofrecía resistencia; otros, en cambio, se hacía dúctil y manejable, al estilo de un viejo camarada) y salí a la avenida desierta.»
[Prada, Juan Manuel. El silencio del patinador. Madrid: Valdemar, 1997].

O conectores temporales alternativos con períodos amplios:

EJEMPLO 110:
«Algunas veces contestaba ella que sí con esa facilidad mecánica y rutinaria de los niños aplicados que se saben la lección; otras veces, más sincera y reflexiva, respondía que el cariño no depende de la voluntad ni menos de la razón, y por esto acontece que una mujer, que no tiene pelo de tonta, se enamorisca de [69] cualquier pelagatos, y da calabazas a las personas decentes.»
Pérez Galdós, Benito. Fortunata y Jacinta. Madrid: Cátedra, 1983.

EJEMPLO 111:
«Unas veces era un talle de mujer; otras, una mano enorme; luego, un bigote como una manga de riego; esto vio De Pas frente al balcón del gabinete; frente a los del salón las sombras de la pared eran más pequeñas, pero muchas y confusas; y se movían y mezclaban hasta marear al canónigo. »
Alas, Leopoldo (Clarín). La regenta. Vol. I. Madrid: Castalia, 1981.




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