Mostrando entradas con la etiqueta Literatura-Tema 31. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Literatura-Tema 31. Mostrar todas las entradas

1 de julio de 2020

MINILECTURA. EL PAÍS QUE NO TENÍA PÁJAROS, de CONCHA CASTROVIEJO (1913-1995 d.n.e.).


Puede escuchar el relato, pinchando aquí:

"Esta es la historia de cómo los terribles guerreros del país de Kor dejaron de hacer guerras y decidieron vivir en paz.
Los guerreros de Kor eran hombres gigantescos, tan fuertes que el brazo no se les cansaba nunca de blandir la lanza, y podían cabalgar días y noches sin sentir fatiga. Los guerreros de Kor nunca habían sido derrotados.
En aquel país todos vivían para la guerra. Los prados perdieron sus flores a fuerza de ser pisados por los cascos de los caballos. Los hombres que no combatían forjaban lanzas y espadas, y los niños se preparaban con los ejercicios más duros para convertirse en tan buenos guerreros como sus padres. Nadie cultivaba la tierra. Nadie araba, ni sembraba, ni regaba. Cada primavera, verano, otoño e invierno los guerreros realizaban sus incursiones a los países vecinos y traían un abundante botín con todo lo necesario: traían el trigo de las buenas cosechas, los tejidos, los animales y el oro. Con esto, los campos ya no producían nada y las calzadas de pizarra que cruzaban el país brillaban al contacto de los cascos y resonaban con el chocar de las lanzas.
Cuando tenían el botín asegurado, los guerreros preparaban las excursiones a los reinos lejanos para regresar con los carros cargados de trofeos y con la gloria del triunfo. El rey tenía a sueldo doce poetas que cantaban las hazañas y el coraje de los guerreros de Kor. Sabían tan bien su oficio que, cuando componían un poema de aventuras de guerra para leerlo en los grandes festines con los que se celebraban las victorias en la sala de piedra del castillo, el rey medía los pergaminos con una vara de avellano. Si el poema no era bastante largo les decía:
- Es necesario añadir otra vara de versos.
Y los poetas se ponían a componer estrofas hasta completar el número deseado por el rey.
Todo el año escribían con pluma de ave en los rollos de pergamino para tener preparados los cánticos en el momento necesario. Porque en el país de Kor, los guerreros recorrían kilómetros y dominaban países con más prisa de la que los poetas podían poner en componer estrofas. Y así, si en el invierno los guerreros descansaban esperando que la nieve se derritiese, los poetas comenzaban a preparar el poema que ensalzase la campaña de la primavera.

1 de julio de 2019

MINILECTURA. "EL REGRESO", de CARMEN LAFORET (1921-2004).


Carmen Laforet Díaz (1921-2004), española

«Era una mala idea, pensó Julián, mientras aplastaba la frente contra los cristales y sentía su frío húmedo refrescarle hasta los huesos, tan bien dibujados debajo de su piel transparente. Era una mala idea esta de mandarle a casa en la Nochebuena. Y, además, mandarle a casa para siempre, ya completamente curado. Julián era un hombre largo, enfundado en un decente abrigo negro. Era un hombre rubio, con los ojos y los pómulos salientes, como destacando en su flacura. Sin embargo, ahora Julián tenía muy buen aspecto. Su mujer se hacía cruces sobre su buen aspecto cada vez que lo veía. Hubo tiempos en que Julián fue sólo un puñado de venas azules, piernas como larguísimos palillos y unas manos grandes y sarmentosas. Fue eso, dos años atrás, cuando lo ingresaron en aquella casa de la que, aunque parezca extraño, no tenía ganas de salir.
–Muy impaciente, ¿eh?… Ya pronto vendrán a buscarle. El tren de las cuatro está a punto de llegar. Luego podrán ustedes tomar el de las cinco y media… Y esta noche, en casa, a celebrar la Nochebuena… Me gustaría, Julián, que no se olvidase de llevar a su familia a la misa del Gallo, como acción de gracias… Si esta Casa no estuviese tan alejada… Sería muy hermoso tenerlos a todos esta noche aquí… Sus niños son muy lindos, Julián… Hay uno, sobre todo el más pequeñito, que parece un Niño Jesús, o un San Juanito, con esos bucles rizados y esos ojos azules. Creo que haría un buen monaguillo, porque tiene cara de listo…
Julián escuchaba la charla de la monja muy embebido. A esta sor María de la Asunción, que era gorda y chiquita, con una cara risueña y unos carrillos como manzanas, Julián la quería mucho. No la había sentido llegar, metido en sus reflexiones, ya preparado para la marcha, instalado ya en aquella enorme y fría sala de visitas… No la había sentido llegar, porque bien sabe Dios que estas mujeres con todo su volumen de faldas y tocas caminan ligeras y silenciosas, como barcos de vela. Luego se había llevado una alegría al verla. La última alegría que podía tener en aquella temporada de su vida. Se le llenaron los ojos de lágrimas, porque siempre había tenido una gran propensión al sentimentalismo, pero que en aquella temporada era ya casi una enfermedad.
–Sor María de la Asunción… Yo, esta misa del Gallo, quisiera oírla aquí, con ustedes. Yo creo que podía quedarme aquí hasta mañana… Ya es bastante estar con mi familia el día de Navidad… Y en cierto modo ustedes también son mi familia. Yo… Yo soy un hombre agradecido.
–Pero, ¡criatura!… Vamos, vamos, no diga disparates. Su mujer vendrá a recogerle ahora mismo. En cuanto esté otra vez entre los suyos, y trabajando, olvidará todo esto, le parecerá un sueño…

MINILECTURA. Fragmento de "PARAÍSO INHABITADO", de ANA MARÍA MATUTE (1925-2014).


Ana María Matute Ausejo (1925-2014), española

Cap. 1.

Nací cuando mis padres ya no se querían. Cristina, mi hermana mayor, era por entonces una jovencita displicente, cuya sola mirada me hacía culpable de alguna misteriosa ofensa hacia su persona, que nunca conseguí descifrar. En cuanto a mis hermanos Jerónimo y Fabián, gemelos y llenos de acné, no me hacían el menor caso. De modo que los primeros años de mi vida fueron bastante solitarios.
Uno de mis recuerdos más lejanos se remonta a la noche en que vi correr al Unicornio que vivía enmarcado en la reproducción de un famoso tapiz. Con asombrosa nitidez, le vi echar a correr y desaparecer por un ángulo del marco, para reaparecer enseguida y retomar su lugar; hermoso, blanquísimo y enigmático.
Nunca supe por qué razón el Unicornio había intentado escapar del cuadro y durante mucho tiempo me intrigó, y aun me atemorizó un poco. Por aquellos días yo no debía de tener más de cinco años —quizá sólo cuatro—, pero ese recuerdo tiene un lugar relevante entre los primeros de mi vida. A veces, los recuerdos se parecen a algunos objetos, aparentemente inútiles, por los que se siente un confuso apego. Sin saber muy bien por qué razón, no nos decidimos a tirarlos y acaban amontonándose al fondo de ese cajón que evitamos abrir, como si allí fuéramos a encontrar alguna cosa que no se desea, o incluso se teme vagamente.
Más o menos por aquellos tiempos en que vi echar a correr al Unicornio, fui enterándome, poco a poco, de que había nacido a destiempo. La primera noticia concreta la tuve durante mis prolongadas escuchas bajo la mesa del cuarto de la plancha. Junto a la cocina y el antiguo cuarto de jugar —ahora convertido en cuarto de estudio, porque Jerónimo y Fabián estudiaban allí, y aparentemente ya nadie jugaba en aquella familia— eran mis espacios habituales.
Las personas más cercanas a mí eran precisamente las que los frecuentaban y ocupaban: Tata María y la cocinera Isabel. Escondida debajo de la mesa de la plancha, escuchaba sus conversaciones, a menudo tan misteriosas que, cuando hablaban del mundo y la vida en general, me despertaban innumerables preguntas, pero si se referían a mí resultaban muy claras. De este modo tuve el temprano conocimiento de que había nacido tarde y en el momento menos oportuno para la familia.

MINILECTURA. "JUBILACIÓN ANTICIPADA", de RAMÓN ASÍS ALONSO.


Siempre he tenido admiración por Chaplin. Un hombre que crea un personaje como Charlot debería haber sido indultado por Dios para que viviera siempre. Pero no hay Dios (en la mente de muchos sí) y eso Chaplin lo sabía, se le notaba. Por eso en sus películas administraba piedad, amor y patadas en el culo, para que sus personajes de ficción se fueran de esa vida con lo que habían merecido. Todo esto lo pensé después de ver su película A Dog´s Life ("Vida de perro", de 1918), sentado en mí sofá, al comenzar la noche, acompañado de una botella de Johnnie Walker etiqueta negra, medio vacía o medio llena, según se mire. Era mi primera noche después de haber dejado mi profesión por jubilación anticipada, a los cincuenta y cinco años.
Vivía por entonces solo. Fernanda, mi mujer y madre de mis dos hijos, Julio y Susana, se había cansado de mí. Eso dijo ella en la nota que dejó cuando se fue de casa. Pasaron los años y yo no experimentaba el menor deseo de tener una nueva pareja. De vez en cuando me hacía compañía, en mi cama, alguna amiga que no tuviera el peligro de quererse enredar en una madeja que luego cuesta deshacer.
El día de mi despedida de la oficina, en plenas navidades, brindamos con cava por mi futuro, futuro que a nadie importaba. La sala de reuniones estaba adornada de guirnaldas y otros adornos con motivo de las fiestas, lo que hizo el momento más alegre en general pero triste para mí en particular. El director me entregó, en nombre de la empresa, el clásico reloj de pulsera como recuerdo de mi estancia en ella. Mis compañeros me gastaron bromas dándome a entender que me iban a echar de menos. Recibí abrazos y besos. La cara de algunas compañeras, sobre todo con las que más había intimidado, trataban de disimular –sin éxito– cierta tristeza. Solo Silvia, al darme un abrazo y un beso sentido, me dijo al oído que si no había contraorden iría a mi casa a las diez, para despedirnos de verdad. Ella también se despedía de su soltería porque se iba a casar a la semana siguiente.
Y así fue.

MINILECTURA. Fragmento de "EL JARAMA", de RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO (1927-2019)


Rafael Sánchez Ferlosio (1927-2019), español.
Premio Cervantes en 2004.

Gotas de vino resbalaron del cuello de Lucita y caían en el polvo.
—Pues Lucita tampoco lo hace mal esta tarde.
—No, ¡qué va! No se nos queda atrás.
Luci movía el pelo:
—Para que no digáis.
—Di tú que sí, monada. Hay que estar preparados para la vida moderna. Arrímame la botella, haz el favor.
Tito dijo:
—Despacio, tú también. Nadie nos corre.
—A mí, sí.
—Ah, entonces no digo nada. Toma la botellita, toma. ¿Y quién te corre, si se puede saber?
Daniel sonrió mirando a Tito; se encogía de hombros:
—La vida y tal.
Embuchó un trago largo. Tito y Lucita lo miraban.
—Aquí cada uno se vive su película —dijo ella.
—Eso será. Pues lo que es yo, me comía ahora un bocadillo de lomo de los de aquí te espero. Me ponía como un tigre.
—¿Tienes hambre? Pues mira a ver si apañas algo en las tarteras.
—¡Qué va!; bien visto lo tengo. Por lo menos la mía está más limpia que en el escaparate.
—Yo me parece que debe de quedarme una empanada o dos —dijo Lucita—.Alárgame la merendera que lo veamos.
—Mucho, Lucita. ¿Cuál es la tuya?
—La otra de más allá. Ésa. Lo único, que deben de estar deshechas a estas horas.
—Como si no. Ya lo verás qué pronto se rehacen.
Abrieron la tartera. Estaban las empanadas en el fondo, un poco desmigajadas.
Tito exclamó:

MINILECTURA. Fragmento de "LOS CLARINES DEL MIEDO", de ANGEL MARÍA DE LERA (1912-1984).


Ángel María de Lera (1912-1984), español

Nadie se acordaba del toro. El animal, temeroso de las iras desencadenadas de la gente que corría hacia la presidencia por el pasillo de la barrera o saltando de carro en carro, se fue al otro extremo de la plaza. Y allí se quedó mirándolo todo como un espectador intruso, con su pitón bermejo y su media cara teñida con la sangre del «Filigranas».
Los civiles, duchos en la táctica de los alborotos, se fueron replegando hasta situarse hombro con hombro bajo el tablado de las autoridades. Las barbillas de los civiles, más agudas, parecían querer escaparse de los barboquejos; sus manos, morenas y vellosas, apretaban más fuertemente las bocas de los fusiles; los ojos, ensombrecidos por las fruncidas cejas, miraban con más recelo…
El «Aceituno», cuando desapareció el grupo que transportaba a su compañero, se dio cuenta de la terrible amenaza que se cernía sobre él. Junto a su cara, veinte rostros ceñudos, veinte pares de ojos ardiendo de alcohol y furia y, sobre él, veinte garrotes en el aire… Y, detrás, la masa borrosa, como una mole que se le venía encima. De un tirón se arrancó de las manos del «Raposo» y se fue corriendo en busca del amparo de los guardias cuyos tricornios divisó a la primera ojeada. El pobre torero trataba de reír al tiempo que le caían las lágrimas de los ojos, pero los guardias permanecieron impasibles.
—¡Señor alcalde, señor alcalde! —gritó a Román, con los brazos extendidos, implorantes.
—¡Cállate, badanas! —le gritaron.
—¡Cobarde!
—¡Capón!
Le pinchaban los silbidos por más que se tapaba las orejas. Y era una feroz pedrea de insultos mientras él seguía gritando desesperadamente:
—¡Señor alcalde, señor alcalde!
Pero su voz se perdía sin poder llegar a los oídos de Román. Ya los mozos se habían echado sobre él y más de unos puños arteros habían conseguido golpearle. Menos mal que los guardias le habían dejado colocarse entre ellos, guardándole así los flancos, y cerraron tras él los fusiles levantados para protegerle la retaguardia. Ya los civiles estaban pálidos y nerviosos. La presión física de los asaltantes había despertado en ellos todas las advertencias reglamentarias y empezaron a dar codazos y a amenazar con las culatas. Pero su actitud, en vez de calmar los ánimos, produjo una irritación más violenta en la multitud, especialmente en los que estaban más detrás y venían empujando y vociferando sin inmediato riesgo. Y las mujeres, puestas en pie, llamaban con voces histéricas a los hombres de su familia…

MINILECTURA. "LA CUCAÑA", fragmento de "EL CAMINO", de MIGUEL DELIBES (1920-2010).


Miguel Delibes Setién (1920-2010), español.

CAP. XVII.

[...] Cuando terminó la misa, la Guindilla les felicitó y les obsequió con un chupete a cada uno. Daniel, el Mochuelo, lo guardó en el bolsillo subrepticiamente, como una vergüenza.
Ya en el atrio, dos envidiosos le dijeron al pasar «niña, marica», pero Daniel, el Mochuelo, no les hizo ningún caso. Ciertamente, sin el Moñigo guardándole las espaldas, se sentía blando y como indefenso. A la puerta de la iglesia la gente hablaba del sermón de don José. Un poco apartada, a la izquierda, Daniel, el Mochuelo, divisó a la Mica. Le sonrió ella.
—Habéis cantado muy bien, muy bien —dijo, y le besó en la frente.
Los diez años del Mochuelo se pusieron ansiosamente de puntillas. Pero fue en vano. Ella ya le había besado. Ahora la Mica volvía a sonreír, pero no era a él. Se acercaba a ella un hombre joven, delgado y vestido de luto. Ambos se cogieron de las manos y se miraron de un modo que no le gustó al Mochuelo.
—¿Qué te ha parecido? —dijo ella.
—Encantador; todo encantador —dijo él.
Y entonces, Daniel, el Mochuelo, acongojado por no sabía qué extraño presentimiento, se apartó de ellos y vio que toda la gente se daba codazos y golpecitos y miraban de un lado a otro de reojo y se decían con voz queda: «Mira, es el novio de la Mica», «Mira, es el novio de la Mica», «¡Caramba! Ha venido el novio de la Mica», «Es guapo el novio de la Mica», «No está mal el novio de la Mica». Y ninguno quitaba el ojo del hombre joven delgado y vestido de luto, que tenía entre las suyas las manos de la Mica.

MINILECTURA. "TINAJILLA", de LAURO OLMO (1921-1994).


Lauro Olmo Gallego (1921-1994), español

Cuando don Ramón entraba, todos nos levantábamos y decíamos:
—¡Buenos días, don Ramón!
Aquello era la Jaula. A ninguno de los de la panda nos divertía. Por eso, casi siempre hacíamos novillos.

De lo que os voy a contar tuvo la culpa Sabañón. Aquel día solamente él y yo nos enjaulamos. Los demás desaparecieron al grito de: ¡marica el último!
Y no es que Sabañón y yo fuésemos maricas. Es que él tenía que presentarle al maestro un hermanito suyo, y yo... Bueno yo tenía que contaros esto.
Al hermanito de Sabañón le llamábamos Tinajilla. Era también menudo, muy poquita cosa, y casi tan listo como Sabañón. Cuando éste se pegaba, acudía Tinajilla con un cascote dispuesto a machacarse todas las espinillas del barrio. Esto si la cosa iba mal para Sabañón. Si no, allí lo teníamos dando saltos y animando a la familia:
—¡Duro con él Saba!. ¡Muérdele un ojo, que es tuyo!
Del mote tuvo la culpa su madre. Y es que de pequeño, si ésta salía, lo dejaba en un rincón del patio metido en una tinaja que apenas le llegaba a las tetillas. Era gracioso verlo así. Pero a veces, si la madre se retrasaba, el niño sentía ganas de eso, de eso que un niño, por muy grande que llegue a ser, nunca se ve libre, y se hacía eso en la tinaja. Pronto el aire se tornaba rancio, no había quien lo respirase. Y los chicos de la casa, husmeándolo, se asomaban a las ventanas del patio y, a grito limpio, preguntaban:

          Tinajilla,
          mierdecilla,
          ¿te measte
          o te cagaste?

MINILECTURA. "SERVANDÍN", de FRANCISCO GARCÍA PAVÓN (1919-1989).


Francisco García Pavón (1919-1989), español

Cuando me pusieron en el colegio de segunda enseñanza, alguien me dijo señalándome a Servandín:
_El papá de este niño tiene un bulto muy gordo en el cuello.
Y Servandín bajó los ojos, como si a él mismo le pesase aquel bulto.
En el primer curso no se hablaba del papá de ningún niño. Sólo del de Servandín.
Después de conocer a Servandín, a uno le entraban ganas de conocer a su papá.
A algunos niños les costó mucho trabajo ver al señor que tenía el bulto gordo en el cuello. Y cuando lo conseguían, venían haciéndose lenguas de lo gordo que era aquello.
A mí también me dieron ganas muy grandes de verle el bulto al papá de Servandín, pero no me atrevía a decírselo a su hijo, no fuera a enfadarse.
Me contentaba con imaginario y preguntaba a otros. Pero por más que me decían, no acertaba a formarme una imagen cabal.
Le dije a papá que me dibujase hombres con bultos en el cuello. Y me pintó muchos en el margen de un periódico, pero ninguno me acababa de convence... Me resultaban unos bultos muy poco naturales.
Un día Servandín me dijo:
_¿Por qué no me invitas a jugar con tu balón nuevo en el patio de tu fábrica?
_¿Y tú qué me das?

MINILECTURA. "BÁRBARA CONTRA LA MUERTE", de ALMUDENA GRANDES


Almudena Grandes Hernández (1960--), española

El tarro tenía cuerpo de vidrio esmerilado, y una tapa hermética de metal pintada de blanco. Más allá de sus paredes, marcadas por la aspereza de una pelusa grisácea —herencia de sucesivos fracasos, los lavados que no habían conseguido desprender del todo las huellas de la etiqueta adhesiva que identificó una vez su contenido—, se distinguían aún algunos restos de mermelada de moras, pequeñas gotas brillantes de color púrpura, como dicen que es la sangre de los negros, hacia las que trepaban los diminutos gusanos de cuerpo translúcido que saben caminar sobre muros de cristal.
El abuelo, que llenaba su mochila de mimbre con mucha parsimonia, levantó una esquinita de un envoltorio de papel de plata para confirmar que, en lugar del filete de ternera que había pedido, la abuela le había vuelto a preparar un bocadillo de queso, y tras emitir un templado juramento, hizo ademán de coger el tarro y reunirlo con el resto de los objetos hasta entonces desperdigados por la mesa, pero yo detuve su brazo a tiempo.
—Oye, abuelo —dije, arrebatándole suavemente el recipiente de cristal donde se agitaban los viscosos hilos vivos—, ¿por qué no has dejado que la abuela lavara el tarro por dentro? Tiene mermelada, todavía...
Él se encogió de hombros y ni siquiera me miró, como preguntándose qué demonios me importaría a mí todo aquello. Yo, al contrario que mis hermanos varones, nunca me había interesado por la pesca.
—Pues no sé... —contestó después de un rato—. Parece que les gusta. Pobrecillos, para lo que van a vivir, mejor que disfruten un poco, ¿no?
—Porque se los van a comer los peces...
—Con un poco de suerte... Eso espero.
Me besó en la sien —ese lugar tan raro donde sólo me besa él—, y giró sobre sus talones sin decir una palabra más. Estaba ya en el umbral de la puerta cuando eché a correr para alcanzarle.

15 de mayo de 2017

COMENTARIO DE TEXTO: COLUMNA DE OPINIÓN. "REAPRENDER A LEER Y ESCRIBIR EN LA ERA DIGITAL", de JAVIER CELAYA.


TEMAS QUE VAMOS A DESARROLLAR
1. Haga un comentario de texto del fragmento que se propone contestando a las preguntas siguientes:
1.a. Enuncie el tema.
1.b. Detalle las características lingüísticas y estilísticas del texto.
1.c. Indique qué tipo de texto es.
2. Redacte un resumen del contenido.
3. Elabore un texto argumentativo a favor o en contra de que los nuevos libros digitales vayan a cambiar los hábitos de lectura
4.a. Análisis sintáctico de la siguiente oración: "Los nuevos lenguajes multimedia permitirán a los nuevos escritores contar sus historias de forma muy diferente".
4.a. Explique el concepto de neologismo y ejemplifíquelo con palabras del texto.
5.a. La poesía posterior a 1939. Tendencias, autores y obras principales.
5.b. Comente los aspectos más relevantes de "La verdad sobre el caso Savolta", situándola en su contexto histórico-literario.


TEXTO.

Al igual que la era Gutemberg transformó radicalmente la manera de producir y comercializar los libros, la era digital renovará la forma en que leeremos y escribiremos en el siglo XXI. Si casi todos admitimos ya que Internet ha cambiado la manera en la que nos comunicamos y relacionamos entre sí, ¿de verdad se piensa que la lectura y la escritura van a permanecer inmunes a esta transformación social?

La rápida implantación en España de todo tipo de dispositivos inteligentes, como tabletas, móviles táctiles, netbooks, etcétera, está cambiando los hábitos de acceso a la información de muchas personas. Gracias a la tecnología, los españoles leen y escriben en pantalla más que nunca, aunque con demasiadas faltas de ortografía... Leer artículos en blogs, sitios web y en Wikipedia también es lectura.

Aunque todavía es pronto para determinar si los futuros hábitos de lectura serán mejores o peores que los anteriores, todo indica que vamos a leer de forma más interactiva y fragmentada, que no es lo mismo que superficial. Desde los códices pasando por la imprenta, cada evolución en la larga historia de la escritura ha obligado a los lectores a reaprender una nueva manera de procesar y almacenar la información.

En la era de la participación, el descubrimiento y la lectura de un libro dejarán de ser actividades solitarias para convertirse en actos sociales. Leer en la nube nos permitirá compartir la experiencia de la lectura, así como las sensaciones que genera. A través de este intercambio, siempre y cuando el lector lo consienta, la tecnología nos descubrirá nuevos libros basándose en nuestra afinidad lectora en vez de ofrecernos los más vendidos.

Así como en el siglo XX los editores fueron capaces de descubrir grandes escritores, los editores del siglo XXI tendrán que descubrir el talento oculto en el océano de Internet. Los nuevos lenguajes multimedia (sonidos, mapas interactivos, hipertexto, vídeos, imágenes dinámicas, etcétera) permitirán a los nuevos escritores contar sus historias de forma muy diferente a como lo hacían sus homólogos en la tecnología papel. Escribir en digital no significa añadir a un texto cualquier extra multimedia, como un vídeo o imágenes. Los futuros libros digitales cuestionarán la propia idea que tenemos hoy en día del libro. Algunos dirán que parecen más un videojuego que una novela, mientras que otros diremos que no dejan de ser historias en busca de lectores.

Javier Celaya .“Reaprender a leer y escribir en la era digital”, en El País, 16 de julio de 2012.


1.A. ENUNCIE EL TEMA. (0,5 PUNTOS).

(Defensa de las/ Reflesión sobre las) Nuevas maneras de leer y escribir (apostilla aclaratoria) en la era digital.

1.B. DETALLE LAS CARACTERÍSTICAS LINGÜÍSTICAS Y ESTILÍSTICAS DEL TEXTO (1,25 PUNTOS).

[1. AUTOR, TÍTULO, LOCALIZACIÓN]

El presente texto, cuyo título está tematizado, “Reaprender a leer y escribir en la era digital”, es una columna o artículo periodístico de opinión de Javier Celaya, reconocido experto sobre el uso de los medios digitales en la cultura, que fue publicado en el periódico de difusión nacional El País, el 16 de julio de 2012.

[2. TIPOLOGÍA TEXTUAL]

En correspondencia con el género señalado, la tipología textual se corresponde con la de un texto persuasivo (puesto que su finalidad es la de convencer al lector), presentándonos primero el tema de reflexión (“la era digital renovará la forma en que leeremos y escribiremos en el siglo XXI”) para después ir enriqueciéndolo con consideraciones concretas (argumentando), incluso estableciendo paralelismos con otras épocas, y concluyendo con una afirmación valorativa subjetiva, reafirmando que aunque sean diferentes las formas de escribir y leer, éstas "no dejan de ser historias en busca de lectores".

Para ello empleará...

[3. FUNCIONES LINGÜÍSTICAS PRINCIPALES]

...como funciones lingüísticas principales:

  • La función apelativa o conativa, tratando de influir en el receptor, visible en el empleo de:
    • los futuros simples exhortativos ( leeremos, escribiremos, diremos...).
    • interrogación retórica que lleva implícita la respuesta (¿de verdad se piensa que la lectura...?).
    • la deixis personal (1º persona plural, yo integrador del tú, buscando la complicidad del lector para involucrarlo en su punto de vista).
      No obstante también hallamos el plural colectivo (todos admitimos...).
    • los verbos de obligación o las perífrasis modales de obligación: “serán...; tendrán que...; dejarán de ser”,

24 de abril de 2017

RESUMEN DE "LOS GIRASOLES CIEGOS" DE ALBERTO MÉNDEZ



Variada, diferente documentación y diversos testimonios, va reconstruyendo la historia del Capitán Alegría, un narrador omnisciente parcialmente, pues según vaya encontrando nuevos datos, así va conociendo la historia ("ahora sabemos que…", "nos consta…", “sabiendo ahora lo que sabemos...”, “sabemos por los comentarios”, "todos los testimonios que hemos encontrado…")
El relato comienza cuando el capitán Alegría se entrega al bando opuesto exclamando: “¡Soy un rendido!”. Era una frase meditada porque primero se rindió y luego se entregó. Había que “elegir entre ganar una guerra o conquistar un cementerio” y él había rechazado ambas opciones (carta a su novia Inés, enero de 1938).
Sólo se escuchaba el silencio de la noche y el bombardeo a lo lejos sobre Madrid cuando cruzó entre las trincheras.
Su rendición comenzó dos meses atrás.
Pensaba que el sentido de la guerra sólo era mera supervivencia y una amalgama de crueldades tanto para la víctima como para el verdugo (carta a su profesor de Derecho Natural de Salamanca).
Había estado tres años en Intendencia controlando milimétricamente los suministros, escrutando la derrota. Al principio pensó que al enemigo le faltaba alma de ejército, pero se dio cuenta de que el problema es que era un “enemigo desarrapado y paisano” que no podía sino perder frente a los militares.