1 de abril de 2026

La formación de palabras: procedimientos de reducción y mecanismos de préstamo.


En el estudio de la lengua, no solo analizamos la creación de términos mediante la combinación de morfemas (derivación y composición). Existe un conjunto de mecanismos, motivados principalmente por la economía del lenguaje o por el contacto entre culturas, que enriquecen nuestro léxico de forma constante: las siglas, los acrónimos, los acortamientos, las abreviaturas, los préstamos y las locuciones.

ÍNDICE DEL CONTENIDO
1. Siglas
2, Acrónimos.
3. Acortamiento.
4. Abreviatura.
5. Préstamo linguïstico.
6. Locuciones

La economía gráfica y fónica

Las siglas

Las siglas se utilizan para referirse de forma abreviada a organismos, instituciones, empresas, objetos, sistemas, asociaciones, etc. Se crean con los primeros caracteres o letras de varias palabras, organizadas en origen como un sintagma, y cuyo conjunto sirve para denominar abreviadamente una realidad: DGT (Dirección general de tráfico), PYME (Pequeñas y medianas empresas). 

Pueden a veces incorporar números, que se leen tal y como suenan. 11-M (/once eme/).

Las letras que forman siglas se escriben con mayúscula y sin puntos. 

Se pronuncian deletreándolas ((ONG sonaría /o-ene-gé/) . 

Nunca toman en cuenta los acentos de las letras iniciales de las palabras, ni añaden tildes a la sílaba tónica correspondiente cuando se las pronuncia. Así, por ejemplo, las siglas CIA (Central de Inteligencia Americana) se pronuncian /cía,/ pero no se escriben con tilde.
[Para más detalles sobre las siglas, puede leer nuestra entrada: "Algunas de las siglas más empleadas en España"].

Los acrónimos.

Se puede dar el caso de que unas siglas tengan varias letras de las palabras del elemento que se está abreviando, en este caso a esto se le denomina acrónimo: UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas). 

También se consideran acrónimos las palabras que se han formado a partir de siglas y que pueden pronunciarse: RENFE (Red Nacional de Ferrocarriles Españoles), UNED (Universidad nacional de educación a distancia), ESO (Enseñanza Secundaria Obligatoria). 

La generalización de los acrónimos puede incluso permitir escribirlos con minúscula, total o parcialmente (uvi, láser, ovni, Talgo, Ave, sida, Unesco). 

Son acrónimos las voces nuevas formadas mediante unión del comienzo y el final de de dos términos de una palabra compuesta; o mediante una palabra entera y un segmento de otra: ofimática (oficina + informática), bonobús (abono + autobús), frontenis (frontón + tenis), eurodiputado (Europa + diputado), autobús (automóvil + omnibus), motel (motor + hotel), informática (información + automática)…

27 de marzo de 2026

GARCILASO DE LA VEGA. COMENTARIO Y ANÁLISIS DEL Soneto IV: "Un rato se levanta mi esperanza".


Esta entrada realiza un exhaustivo análisis del soneto IV: "Un rato se levanta mi esperanza" de Garcilaso de la Vega, uno de los sonetos más esenciales para entender su obra y el propio Renacimiento español.
El poema es un pequeño manifiesto de lo que será este período. En apenas catorce versos, Garcilaso de la Vega logra capturar el tránsito del hombre medieval, resignado a la suerte bajo un prisma teocentrista, al hombre moderno, de filosofía antropocentrista, capaz de desafiar al mundo con su propia determinación, fruto de una introspección agónica. De esta manera, el soneto desarrolla el triunfo de la voluntad del poeta sobre el destino o Fortuna. Por eso, puede afirmarse que Garcilaso redefine aquí el amor no como un lamento, sino como un acto de resistencia absoluta.
Imagen generada con IA Gemini
Siguiendo la estructura interna del contenido, el poema podrá concebirse como un viaje psicológico, que comienza con la postración (la esperanza que "torna a caer") para culminar en una resolución heroica y afirmativa. Y en este recorrido comprenderemos que lo que separa a Garcilaso de sus antecesores es su capacidad para unir lo espiritual y lo tangible, de forma que el amor no es solo un ideal platónico de "desnudo espíritu", sino una fuerza que reside en el hombre de "carne y hueso": es la reivindicación de la humanidad completa. 
Y, fiel al ideal de su tiempo, Garcilaso escribirá su poema con una sencillez aparente que esconde un dominio técnico absoluto (ajustándose a la "sprezzatura" o elegancia natural" expuesta por Castiglione. Y, a la par, desarrollará una tensión dinámica que define el poema, pasando de la languidez inicial de los cuartetos a la energía asertiva de los tercetos, ajustando la forma al contenido. Por ejemplo, el uso del encabalgamiento (especialmente entre los versos 5 y 6) no es un adorno métrico, sino una herramienta para que el lector sienta físicamente la "áspera mudanza" del dolor, o el desarrollo de tópicos diversos no como un motivo literario recurrente más, sino como una metáfora de su pasión interna. Así, el tópico de la Fortuna (la suerte que sube y baja en un rueda de incesante movimiento), es empleado para subvertirlo, destacando la lucha del individuo (él mismo) contra los obstáculos (los "mil inconvenientes"), y terminando taxativo con la idea de que el compromiso amoroso es un desafio, es más fuerte que la "prisión", que los "montes" e incluso que la propia "muerte" (idea que evolucionará luego al "amor constante más allá de la muerte".

Leer y analizar hoy este soneto es recordar que, ante la adversidad, siempre podemos elegir ser "hombre en carne y hueso" y no solo un espíritu a la deriva.




SONETO IV: “Un rato se levanta mi esperanza”, de Garcilaso de la Vega 

 

Un rato se levanta mi esperanza;
mas, cansada de haberse levantado,
torna a caer, que deja, a mal mi grado,                                a mal mi grado = a mi pesar 
libre el lugar a la desconfianza.

¿Quién sufrirá tan áspera mudanza
del bien al mal? ¡Oh, corazón cansado,
esfuerza en la miseria de tu estado,                                      esfuerza = saca fuerzas, anímate
que tras fortuna suele haber bonanza!                                 fortuna = adversidad

Yo mismo emprenderé, a fuerza de brazos,
romper un monte que otro no rompiera,
de mil inconvenientes muy espeso.

Muerte, prisión no pueden, ni embarazos,                           embarazos = obstáculos
quitarme de ir a veros como quiera,                                      quitarme = impedirme
desnudo espíritu o hombre en carne y hueso.                Este verso es traducción de otro de Petrarca                            

  Garcilaso de la Vega

 




ÍNDICE DEL COMENTARIO DEL SONETO
1. Adecuación,
a. Localización y contexto.
b. El texto en sociedad.
I. El texto como producto de una clase social.
II. El texto como reflejo de la mentalidad y la cosmovisión (ideología).
III. El texto y su relación con el sistema de valores (éthos).
IV. El público receptor y el consumo literarios.
c. Análisis de los elementos de la comunicación.
d. Intencionalidad comunicativa y funciones del lenguaje.
2. Coherencia.
a. Tipología.
b. Resumen.
c. Argumento.
d. Tema.
e. Subtemas o motivos.
f. Estructura externa.
I. Rirmo de cantidad.
II. Ritmo de intensidad.
III. Rirmo de timbre.
IV. Ritmo de tono.
g. Estructura interna.
3 Cohesión.
a. Léxico.
b. Análisis de figuras literarias.
I. En el plano fónico-fonológico.
II.En el plano morfosintáctico
III. En el plano semántico.

1. ADECUACIÓN.

 

    a. Localización y contexto.


Este poema es un soneto de Garcilaso de la Vega (15011536), una de las figuras fundamentales del Renacimiento español. Su relevancia literaria se debe, en gran medida, a su decisiva contribución a la renovación de la lírica castellana, al incorporar de manera sistemática el endecasílabo italiano en diversas variantes y formaciones estróficas y los principios estéticos del petrarquismo, que transformaron de forma duradera la tradición poética castellana. 

Como indicó el profesor Antonio Prieto [Ferreras, Juan Ignacio (dir.) Historia crítica de la literatura hispánica. Vol. 4. La poesía en la Edad de Oro (Renacimiento). Madrid: Taurus, 1988], Garcilaso trasciende la tradición del Cancionero para instaurar una nueva sensibilidad. Garcilaso no solo copia metros (endecasílabo, soneto, lira...), sino que importa una nueva cosmovisión: el Neoplatonismo (esa visión del amor como una fuerza que eleva el alma, pero que también genera melancolía por la inalcanzabilidad del objeto amado -Isabel Freyre como trasunto poético-); junto a una conciencia de la fugacidad del tiempo (Carpe Diem) y la presencia constante de la muerte. Por eso afirma que Garcilaso es el primer poeta español que logra una lengua poética que no parece lengua de laboratorio, sino expresión natural del sentimiento: "Si con Boscán estábamos en los principios de una ejemplar aclimatación de la nueva poesía, con su amigo Garcilaso hallamos la evocación de un mundo lírico y de una lengua poética a cuyo paso caminará largamente la poesía española. Era una lengua personal (su cancionero) y que como arte podía heredarse, con lo que los poetas españoles encontraron una lengua garcilasiana que unir a la petrarquista para dar uno de los más bellos sentidos al siglo XVI" (pág. 27).

Desde el punto de vista histórico y artístico, esta composición podemos situarla en el primer tercio del siglo XVI, en el contexto del reinado de Carlos V, etapa marcada por la difusión del Humanismo y el Renacimiento. Este movimiento propició una síntesis entre determinados valores heredados de la tradición medieval y una nueva concepción neoplatónica del amor y del ser humano, plenamente asumida por la lírica renacentista.

5 de febrero de 2026

MINILECTURA: "EL MIEDO", de RAMÓN MARÍA DEL VALLE-INCLÁN


EL MIEDO


de Ramón María del Valle-Inclán (1866-1936)
publicado el 27 de enero de 1902 en el periódico “El Imparcial”.

(Fragmento de "Sonata de Otoño").


Ese largo y angustioso escalofrío que parece mensajero de la muerte, el verdadero escalofrío del miedo, sólo lo he sentido una vez. Fue hace muchos años, en aquel hermoso tiempo de los mayorazgos, cuando se hacía información de nobleza para ser militar. Yo acababa de obtener los cordones de Caballero Cadete. Hubiera preferido entrar en la Guardia de la Real Persona; pero mi madre se oponía, y siguiendo la tradición familiar, fui granadero en el Regimiento del Rey. No recuerdo con certeza los años que hace, pero entonces apenas me apuntaba el bozo y hoy ando cerca de ser un viejo caduco. Antes de entrar en el Regimiento mi madre quiso echarme su bendición. La pobre señora vivía retirada en el fondo de una aldea, donde estaba nuestro pazo solariego, y allá fui sumiso y obediente. La misma tarde que llegué mandó en busca del Prior de Brandeso para que viniese a confesarme en la capilla del Pazo. Mis hermanas María Isabel y María Fernanda, que eran unas niñas, bajaron a coger rosas al jardín, y mi madre llenó con ellas los floreros del altar. Después me llamó en voz baja para darme su devocionario y decirme que hiciese examen de conciencia:
-Vete a la tribuna, hijo mío. Allí estarás mejor…
La tribuna señorial estaba al lado del Evangelio y comunicaba con la biblioteca. La capilla era húmeda, tenebrosa, resonante. Sobre el retablo campeaba el escudo concedido por ejecutorias de los Reyes Católicos al señor de Bradomín, Pedro Aguiar de Tor, llamado el Chivo y también el Viejo. Aquel caballero estaba enterrado a la derecha del altar. El sepulcro tenía la estatua orante de un guerrero. La lámpara del presbiterio alumbraba día y noche ante el retablo, labrado como joyel de reyes. Los áureos racimos de la vid evangélica parecían ofrecerse cargados de fruto. El santo tutelar era aquel piadoso Rey Mago que ofreció mirra al Niño Dios. Su túnica de seda bordada de oro brillaba con el resplandor devoto de un milagro oriental. La luz de la lámpara, entre las cadenas de plata, tenía tímido aleteo de pájaro prisionero como si se afanase por volar hacia el Santo.
Mi madre quiso que fuesen sus manos las que dejasen aquella tarde a los pies del Rey Mago los floreros cargados de rosas como ofrenda de su alma devota. Después, acompañada de mis hermanas, se arrodilló ante el altar. Yo, desde la tribuna, solamente oía el murmullo de su voz, que guiaba moribunda las avemarías; pero cuando a las niñas les tocaba responder, oía todas las palabras rituales de la oración. La tarde agonizaba y los rezos resonaban en la silenciosa oscuridad de la capilla, hondos, tristes y augustos, como un eco de la Pasión. Yo me adormecía en la tribuna. Las niñas fueron a sentarse en las gradas del altar. Sus vestidos eran albos como el lino de los paños litúrgicos. Ya sólo distinguía una sombra que rezaba bajo la lámpara del presbiterio. Era mi madre, que sostenía entre sus manos un libro abierto y leía con la cabeza inclinada. De tarde en tarde, el viento mecía la cortina de un alto ventanal. Yo entonces veía en el cielo, ya oscura, la faz de la luna, pálida y sobrenatural como una diosa que tiene su altar en los bosques y en los lagos…