Esta entrada realizará un exhaustivo análisis del soneto IV: "Un rato se levanta mi esperanza" de Garcilaso de la Vega, uno de los sonetos más esenciales para entender su obra y el propio Renacimiento español.
En este sentido, es interesante detenerse en él porque se trata de un pequeño manifiesto de lo que será este período: en apenas catorce versos, Garcilaso de la Vega logra capturar el tránsito del hombre medieval, resignado a su suerte bajo un prisma teocentrista, al hombre moderno, de filosofía antropocentrista, capaz de desafiar al mundo con su propia determinación, fruto de una introspección agónica. Por eso la crítica establece que el soneto desarrolla el triunfo de la voluntad del poeta sobre el destino o Fortuna, es la cristalización de una subjetividad moderna que lucha entre la voluntad y el destino.
Dentro de este marco, siguiendo las tesis de Rafael Lapesa en "La trayectoria poética de Garcilaso" [Madrid: Alianza Universidad, 1986, pp. 58-63 y 172], en este soneto se observa que el poeta toledano introduce una novedad fundamental en la lírica castellana: la observación del yo, la autoscopia espiritual. Lapesa explica que Garcilaso inaugura en castellano la capacidad de dividir al "yo": uno que sufre y otro que analiza ese sufrimiento. Así es, aquí el sujeto lírico no solo padece el vaivén emocional, sino que lo razona. Esto lo toma de Francesco Petrarca, quien se examina a sí mismo, valorando su experiencia subjetiva bajo la técnica denominada "esame de conciencia" (examen de conciencia), pero eliminando la angustia religiosa y sustituyéndola por una melancolía puramente humana y laica. Y también vincula Lapesa esta observación del yo con el ideal de Castiglione en "El Cortesano", donde el dominio de uno mismo pasa por el conocimiento exhaustivo de las propias pasiones. De este modo, ese "rato" de esperanza con el que se inicia el verso y el poema es una tregua mínima que la fortuna concede al amante para reflexionar, teniendo como fruto el reconocimiento de un "cansancio" metafísico, de una fatiga del espíritu: ese "hallo luego el camino tan cansado" no se referirá a una distancia física, sino a la extenuación de una voluntad que ha repetido el mismo error demasiadas veces. Es lo que la crítica especializada define como la paradoja del amante petrarquista: la necesidad de seguir adelante sabiendo que el final es el "daño". Esta paradoja, que autores como Mario Praz [The Flaming Heart; essays on Crashaw, Machiavelli, and other studies in the relations between Italian and English literature from Chaucer to T. S. Eliot. New York: Doubleday Anchor Books, 1958] detallan como la estetización del conflicto y Rafael Lapesa como la lucha de una voluntad agotada, encuentran en el primer cuarteto del Soneto IV su expresión más depurada. No estamos ante un lamento, sino ante la exposición de una contradicción ontológica: el sujeto se sabe condenado al desengaño, pero la arquitectura de su deseo le impone un nuevo e inútil intento de ascenso.
Por otro lado, siguiendo a E. Garin, con Ficino el yo deja de ser solo introspección moral y se convierte en alma activa dentro de un cosmos vivo. El hombre participa de las fuerzas del universo; puede elevarse hacia lo divino mediante el amor y la contemplación, pues es un microcosmos que refleja el macrocosmos. De esta manera se hace un yo espiritual, mágico, simbólico, pero también profundamente activo: puede armonizarse con el cosmos y transformarse. Ficino propondrá la dignificación filosófica del individuo como ser intermedio entre lo material y lo divino. Por eso, Garcilaso beberá la idea del deseo como ascenso (Platón/Ficino), lo que le añade una capa de escepticismo vital que algunos estudiosos, como Rivers, vinculan con su propia experiencia como hombre de armas y letras: alguien que conoce la brevedad de la vida y la fragilidad de las promesas.
Recordemos que para Ficino (como para Garcilaso):
Consecuentemente, al abordar el estudio del célebre inicio «un rato se levanta mi esperanza», no deberá verse solo un verso endecasílabo, sino la representación gráfica de un movimiento anímico: la ascensión y la caída, un eje vertical que define toda la lírica amorosa del Renacimiento. Conviértese por ello el elemento temporal "rato" en el núcleo del escepticismo garcilasiano, acotando el bienestar a la insignificancia cronológica de un instante, preparando al oyente para la caída inmediata. Es la brevedad del tempus fugit aplicada al sentimiento amoroso."Sólo al hombre le es dado en suerte tomar angustiosa conciencia de su limitación, de la imposibilidad de superarla, de la miseria de su finitud. A la imbecillitas corporis, que comparte con todos los demás seres vivos, el hombre, y sólo él, añade una espasmódica inquietudo animi, una anxietas que se manifiesta como sed imposible de saciar en las fuentes terrenales. Ficino insiste sin descanso en las amenazas del dolor y la muerte, así como en algo más sutil todavía: la sensación de una vanidad radical de las cosas, la sensación de que vivimos en un mundo falaz de sombras e ilusiones, de que nos movemos por la superficie de una realidad cuyo secreto último se nos escapa.
Ahora bien, dos pueden ser las vías de salida para esta dolorosa conciencia de incompletitud propia de nuesta naturaleza, de esta necesidad de no se sabe muy bien qué, de esta punzante y amarga desesperación que nunca abandona al filósofo serio. De un lado, el reconocimiento explícito y la aceptación de una situación bloqueada, sin salida; de otro, la esperanza de que en este mundo no sea todo más que un mal sueño, que la manifiesta insignificancia de las cosas sea indicio de que por encima de estas cosas insignificantes existe el plano de los significados, la luz que no se extingue y todo lo ilumina, la fuente que puede de verdad saciar toda sed".
[Garin, Eugenio. La revolución cultural del Renacimiento. Barcelona: Crítica, 1984, pp. 143-144]
Teniendo en consideración estas cuestiones, habría que considerar que, para comentar este soneto con rigor, es imperativo aludir a la base ideológica que lo sustenta. No se entiende el conflicto de Garcilaso sin la tensión neoplatónica: el deseo como ascenso hacia la belleza y la realidad material como lastre. En efecto, Garcilaso heredó la noción petrarquista del error consentido: el amante sabe que el camino conduce al "daño", pero la inercia de su propio "cuidado" (la obsesión amorosa) le impide detenerse. Y esta lucha entre lo que el alma desea (el ascenso hacia la Belleza/Esperanza) y lo que la realidad impone (la caída/Cansancio) remite directamente a las teorías de Marsilio Ficino. Sin embargo, Garcilaso aporta un matiz de realismo psicológico propio del caballero renacentista: la aceptación de la derrota. Es lo que señala Elias Rivers: el poeta no busca una solución mística, sino que se limita a dar testimonio de su "estado", una palabra clave que define la fijeza del sufrimiento frente a la mutabilidad de la alegría.
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Y, fiel al ideal de su tiempo, Garcilaso escribirá su poema con una sencillez aparente que esconde un dominio técnico absoluto (ajustándose a la "sprezzatura" o elegancia natural" expuesta por Castiglione). Y, a la par, desarrollará una tensión dinámica que define su texto, pasando de la languidez inicial de los cuartetos a la energía asertiva de los tercetos, ajustando la forma al contenido. Ejemplo de ello es el uso del encabalgamiento (especialmente entre los versos 5 y 6), que no es un adorno métrico, sino una herramienta para que el oyente sienta físicamente la "áspera mudanza" del dolor, o el desarrollo de los tópicos formulados, no como un motivo literario recurrente más, sino como una metáfora de su pasión interna. Así, el tópico de la Fortuna (la suerte que sube y baja en un rueda de incesante movimiento) es empleado para subvertirlo, destacando la lucha del individuo (él mismo) contra los obstáculos (los "mil inconvenientes"), y terminando taxativo con la idea de que el compromiso amoroso es un desafio, es más fuerte que la "prisión", que los "montes" e incluso que la propia "muerte" (idea que evolucionará luego al "amor constante más allá de la muerte".
SONETO IV: “Un rato se levanta mi esperanza”, de Garcilaso de la Vega
Un rato se levanta mi esperanza;
mas, cansada de haberse levantado,
torna a caer, que deja, a mal mi grado, a mal mi grado = a mi pesar
libre el lugar a la desconfianza.
¿Quién sufrirá tan áspera mudanza
del bien al mal? ¡Oh, corazón cansado,
esfuerza en la miseria de tu estado, esfuerza = saca fuerzas, anímate
que tras fortuna suele haber bonanza! fortuna = adversidad
Yo mismo emprenderé, a fuerza de brazos,
romper un monte que otro no rompiera,
de mil inconvenientes muy espeso.
Muerte, prisión no pueden, ni embarazos, embarazos = obstáculos
quitarme de ir a veros como quiera, quitarme = impedirme
desnudo espíritu o hombre en carne y hueso. Este verso es traducción de otro de Petrarca
Garcilaso de la Vega
Para la realización de este comentario seguiremos el modelo establecido por José María Díez Borque [Comentario de textos literarios. Método y práctica. Madrid: Playor, 1985].
ÍNDICE DEL COMENTARIO DEL SONETO |
1. Adecuación,a. Localización y contexto.2. Coherencia. a. Tipología.3 Cohesión. a. Léxico. |
1. ADECUACIÓN.
a. Localización y contexto.
Este poema es un soneto de Garcilaso de la Vega (1501‑1536), una de las figuras fundamentales del Renacimiento español. Su relevancia literaria se debe, en gran medida, a su decisiva contribución a la renovación de la lírica castellana, al incorporar de manera sistemática el endecasílabo italiano en diversas variantes y formaciones estróficas y los principios estéticos del petrarquismo, que transformaron de forma duradera la tradición poética castellana.
Como indicó el profesor Antonio Prieto [Ferreras, Juan Ignacio (dir.) Historia crítica de la literatura hispánica. Vol. 4. La poesía en la Edad de Oro (Renacimiento). Madrid: Taurus, 1988], Garcilaso trasciende la tradición del Cancionero para instaurar una nueva sensibilidad. Garcilaso no solo copia metros (endecasílabo, soneto, lira...), sino que importa una nueva cosmovisión: el Neoplatonismo (esa visión del amor como una fuerza que eleva el alma, pero que también genera melancolía por la inalcanzabilidad del objeto amado -Isabel Freyre como trasunto poético-); junto a una conciencia de la fugacidad del tiempo (Carpe Diem) y la presencia constante de la muerte. Por eso afirma que Garcilaso es el primer poeta español que logra una lengua poética que no parece lengua de laboratorio, sino expresión natural del sentimiento:
Desde el punto de vista histórico y artístico, esta composición podemos situarla en el primer tercio del siglo XVI, en el contexto del reinado de Carlos V, etapa marcada por la difusión del Humanismo y el Renacimiento. Este movimiento propició una síntesis entre determinados valores heredados de la tradición medieval y una nueva concepción neoplatónica del amor y del ser humano, plenamente asumida por la lírica renacentista.
En cuanto a su ubicación dentro de la producción del autor, el soneto pertenece a la etapa de madurez de Garcilaso. Probablemente fue escrito tras la experiencia vital y emocional vinculada a su relación con Isabel Freyre, lo que explica la evolución hacia un tono más introspectivo, sereno y de carácter estoico, alejado del mayor artificio formal de sus composiciones iniciales. Debió de ser compuesto a raíz de su encarcelamiento en Tolosa (febrero de 1532) o de su destierro a la isla del Danubio (marzo-julio del mismo año), según parece inferirse de los «mil inconvenientes» que ha de afrontar el poeta, entre los cuales se menciona la «prisión» (v. 12). Es este un periodo en el que la herencia de Petrarca y el neoplatonismo de Bembo dejan de ser influencias externas para integrarse en una voz propia. Garcilaso supera aquí la rigidez de la lírica de cancionero del siglo XV —heredera de los modos de Jorge Manrique o el Marqués de Santillana— para adoptar el endecasílabo como el latido natural de un pensamiento culto y aristocrático. De hecho, la voz poética aparece en estos versos marcada por la introspección, el dominio formal y una actitud de firmeza ante la adversidad, rasgos que caracterizan buena parte de su lírica amorosa.
Además, el soneto muestra claramente el contexto humanista y cortesano en el que se produjo, así como los modelos italianos, petrarquistas y la sensibilidad neoplatónica. En ese marco, Garcilaso consolida una poesía íntima, refinada y profundamente moderna en su modo de expresar la experiencia amorosa.
La relevancia literaria de este soneto reside en la coherencia y profundidad con que se articula, coincidiendo la crítica especializada en afirmar que este texto no es un ejercicio retórico, sino una disección del desengaño. Y es que, como bien señaló Dámaso Alonso en sus estudios estilísticos [(Poesía española. Ensayo de métodos y límites estilísticos: Garcilaso, Fray Luis de León, San Juan de la Cruz, Góngora, Lope de Vega, Quevedo. Madrid: Gredos, 1962, págs. 78-92)], el Soneto IV es el triunfo de la 'forma interior'. Alonso nos invita a observar cómo la sintaxis de Garcilaso mimetiza el movimiento del ánimo: la esperanza no se menciona, se eleva rítmicamente en el primer verso, para colapsar en el segundo bajo el peso de un 'camino' que ya es puramente psicológico. Para el crítico, Garcilaso no narra una caída; nos hace habitar la estructura misma del desengaño. Otros, como Lapesa (op. cit. pág. 172), ponen el foco en la voluntad exhausta, o como Rivers (op. cit., pág. 38), destacan la inmediatez de la caída. En definitiva, todos ellos nos invitan a leer a Garcilaso no como un rimador de tópicos, sino como el primer exégeta de su propia contradicción interna, que goza del placer del dolor (de la "deleitosa dolencia").
Aunque este soneto no se concibió para la imprenta, sino para una circulación manuscrita entre una élite humanista capaz de decodificar sus sutiles referencias al destino y la voluntad, fue publicado de manera póstuma en 1543 por la viuda de Juan Boscán, dentro del volumen Las obras de Boscán con algunas de Garcilaso de la Vega, que consolidó definitivamente la recepción y la influencia del poeta en la lírica española.
La influencia del Soneto IV de Garcilaso en la lírica postrior del siglo XVI no fue la de una mera imitación métrica, sino la exportación de una gramática del desengaño. Si nos detenemos en los poetas pretarquistas de la primera generación, el Soneto IV se erigió en el canon de la "queja culta": autores como Cetina o Acuña encontraron en él la gramática necesaria para expresar la contradicción del 'yo' moderno. La fuerza de sus imágenes (la esperanza que asciende y el camino que agota) fue tan potente que permitió incluso su trasvase a la mística, demostrando que Garcilaso no solo inventó un estilo, sino que cartografió el mapa del desasosiego europeo en lengua castellana.
[López Bueno, Begoña. La poética de la imitación. Madrid: Gredos, 1987, pp. 45-58.]
Y si nos fijamos en fray Luis de León, esto es reconocible en la dialéctica que mantiene entre la esperanza y el cansancio, aunque con un giro hacia lo espiritual. En poemas como "Qué descansada vida...", el "camino" ya no es el del amante petrarquista, sino el del sabio que huye del "mundanal ruido", construyendo un lenguaje de paz interior que, paradójicamente, nace de la misma fatiga existencial que Garcilaso describe en sus versos. Luego, Sebastián de Córdoba, en 1575, en "Las obras de Garcilaso de la Vega a lo divino", convirtió el Soneto IV en una alegoría del alma cristiana. La "esperanza" ya no se levanta por una dama, sino por la Gracia divina, y el "camino cansado" es el tránsito por el mundo hacia la salvación. Este ejercicio de contrafactualidad literaria demuestra que la estructura del Soneto IV era tan perfecta y universal que podía soportar un cambio total de significado sin que se resintiera su fuerza poética. Esta versión fue, precisamente, la que leyó y admiró San Juan de la Cruz. Dámaso Alonso, demostró que, efectivamente, San Juan de la Cruz "vuelca a lo divino" la terminología de Garcilaso: el "camino cansado" del Soneto IV se transforma en la "noche oscura" o el "camino estrecho", donde la fatiga ya no conduce al desengaño, sino a la unión mística.
b. El texto en sociedad.
A través del análisis que vamos a realizar, vamos a poder afirmar que este soneto no es solo una confesión íntima, sino un documento social que muestra a un hombre del Renacimiento luchando por su autonomía frente al destino. Representa el momento en que la lengua española se convierte en un instrumento de expresión moderna, capaz de transmitir la complejidad del individuo integrado en la nueva sociedad imperial.
I. El texto como producto de una clase social.
El autor es un individuo inserto en una estructura social. Garcilaso representa el ideal del cortesano renacentista (el modelo de las armas y las letras). Este poema no es solo una confesión personal, sino también un producto cultural del Renacimiento cortesano. En él se reconoce el ideal del poeta noble, culto y dueño de sí mismo, capaz de transformar la experiencia interior en forma artística depurada.
Para la clase social de Garcilaso, la poesía no es un oficio, sino un atributo de la casta militar y palaciega. La literatura para esta clase social es un ejercicio de autorrepresentación. El "yo" que sufre en el soneto es un "yo" privilegiado que tiene el ocio necesario para la introspección. El "camino cansado" es una fatiga existencial permitida solo a quien no tiene que realizar un trabajo físico. Es la melancolía del privilegiado, del que vive en medio de un "ocio aristocrático" entre cortesanos, en un ambiente refinado, como explicó Arnold Hauser sobre el "Manierismo"[Historia social de la literatura y el arte. Vol. II. Barcelona: Labor, 1993, pág. 15].
La lengua utilizada es un castellano de prestigio, depurado, que busca distinguirse de lo popular. Es una comunicación "de élite" para un público que comparte los mismos códigos de refinamiento. Por eso, podemos afirmar que el uso del petrarquismo es, en sí mismo, un acto de exclusión social. Al adoptar el endecasílabo y las referencias neoplatónicas, Garcilaso crea un lenguaje que solo puede ser decodificado por su misma clase social o por una élite humanista. De este modo, el texto actúa como un signo de distinción (en términos de Pierre Bourdieu [El sentido práctico. Madrid: Taurus, 1991.]). Escribir un soneto perfecto es demostrar la pertenencia a una aristocracia cultural que se distancia de la lírica popular y del "vulgo".
II. El texto como reflejo de la mentalidad y la cosmovisión (ideología).
La cosmovisión del poema está ligada a la mentalidad de la nobleza del siglo XVI, que ve la vida como una lucha contra la Fortuna. La estructura de "caída" del soneto refleja la inestabilidad de la vida cortesana, sujeta al favor del monarca y a los vaivenes del destino. Y la resignación ante el "daño" en el poema mimetiza la ética del caballero: la aceptación del destino con dignidad. Es el estoicismo aristocrático que autores como Karl Vossler identifican como la base del carácter español de la época.
El soneto refleja una concepción del ser humano propio del Renacimiento: el sujeto no se limita a sufrir la fortuna, sino que intenta oponerse a ella mediante la voluntad. Esa tensión entre inestabilidad externa y firmeza interior es una de las claves del texto.
Las ideas dominantes de esa sociedad se ven manifiestas en el poema:
- El Antropocentrismo: El texto es un monumento al giro ideológico del Renacimiento. Frente a la mentalidad medieval (donde el hombre está a merced de Dios), aquí el hombre —aunque sufra la "Fortuna"— confía en su propia voluntad para superar obstáculos físicos y morales. El poema arranca con una afirmación de la voluntad: "mi esperanza". El posesivo no es baladí; marca la propiedad de la emoción. Como señala Hayward Keniston [Garcilaso de la Vega: A Critical Study of his Life and Works. New York: ispanic Society of America, 1922, pág. 244], Garcilaso es el primer poeta en lengua castellana que logra que el "yo" sea el eje de coordenadas del universo poético. Pero el poeta no grita, sino que observa el mecanismo de su propia caída. Esta capacidad de distanciarse de uno mismo para estudiarse es la marca del hombre del Renacimiento: un sujeto que confía en su razón incluso para certificar su derrota.
- El Neoplatonismo como moda social: La sociedad cortesana del XVI adoptó las teorías de Ficino y Bembo. El soneto proyecta esta ideología en los versos finales: la supervivencia del "espíritu" tras la muerte es una convención social y filosófica que el público de Garcilaso entendía perfectamente. Algunos han entendido el Soneto IV como la crónica de un neoplatonismo fallido. La filosofía de Marsilio Ficino y León Hebreo proponía que el amor era una escala de perfección: el amante debía ascender desde la belleza material hacia la espiritual. Así parece que se quiere exponer en "un rato se levanta mi esperanza", imitando el movimiento de la asensio neoplatónica. El alma intenta elevarse hacia la idea del Bien/Amada. Sin embargo, Garcilaso introduce un correctivo realista: la gravedad del "daño". Más aún, mientras que el neoplatonismo ortodoxo es ascendente, el Soneto IV es de geometría descendente. El "yo" reconoce la validez de la teoría (la esperanza se levanta), pero la experiencia empírica la desmiente (el camino está cansado). Es lo que Rafael Lapesa (op. cit., págs. 172-174) identifica como la tensión entre el canon literario italiano y la verdad vital del caballero español. Finalmente, en la cosmovisión neoplatónica, el "furor amoris" es una iluminación, pero en Garcilaso, se convierte en un "cuidado" (una obsesión) que agota la voluntad. La ideología del texto sugiere que el ideal platónico es inalcanzable para un espíritu lastrado por la memoria y el desengaño.
Así, pues, la relación del soneto con el neoplatonismo parece que merece un poco más de atención.
En primer lugar, el neoplatonismo entiende el amor como una fuerza espiritual que trasciende lo material y eleva al individuo por encima de las limitaciones físicas. En el soneto, el amor no se presenta como un mero sentimiento pasivo, sino como una energía moral y espiritual que impulsa al yo lírico a superar cualquier obstáculo. Esto se aprecia claramente en los versos finales, donde el hablante afirma que ni la muerte ni la prisión podrán impedirle ir al encuentro de la amada, ya sea “en espíritu” o “en carne y hueso”. La primacía del espíritu sobre el cuerpo es una idea clave del pensamiento neoplatónico.
En segundo lugar, el poema refleja la dualidad cuerpo–alma, característica del neoplatonismo. Aunque el yo poético reconoce su cansancio y su fragilidad humana, insiste en que su voluntad —entendida como facultad racional y espiritual— es capaz de dominar la inestabilidad emocional y las circunstancias externas. La exhortación al propio corazón supone un intento de control racional de las pasiones, otro rasgo esencial de la ética neoplatónica.
Además, la amada aparece idealizada y elevada, no como un ser concreto y cotidiano, sino como un ideal amoroso que orienta y da sentido a la vida del hablante. Esta idealización responde a la concepción neoplatónica del amor como un camino de perfeccionamiento interior: el amor por la amada impulsa al sujeto a la constancia, al sacrificio y a la superación personal.
Por último, el conflicto entre la Fortuna mutable y la voluntad firme del sujeto se resuelve de acuerdo con el pensamiento neoplatónico: frente al azar y la inestabilidad del mundo material, se afirma la superioridad de los valores espirituales. De este modo, el soneto defiende que la verdadera esencia del ser humano —su amor y su voluntad— no depende de las circunstancias externas, sino de una realidad interior más elevada y duradera.
Con todo, esta afirmación de la voluntad no resuelve plenamente el conflicto, sino que convive con la conciencia del fracaso. En este sentido, el poema articula una paradoja fundamental: el sujeto sabe que su esfuerzo es inútil, pero persevera en él. Como sugiere E. L. Rivers [Garcilaso de la Vega. Boston: Twayne, 1988], esta tensión constituye uno de los rasgos más modernos de Garcilaso, pues desplaza el centro del poema desde la resolución hacia la persistencia en la contradicción.
En conjunto, el poema encarna la visión neoplatónica del Renacimiento al presentar el amor como una fuerza espiritual, ennoblecedora y trascendente, capaz de vencer la materia, el destino y la muerte. No obstante, esta adscripción al neoplatonismo debe matizarse. Como ha explicado P. O. Kristeller [Renaissance Thought and Its Sources. New York: Columbia University Press, 1964], el pensamiento neoplatónico renacentista concibe el amor como un proceso ascensional hacia la Belleza ideal; sin embargo, en el Soneto IV este movimiento aparece sistemáticamente frustrado. La esperanza “se levanta”, pero inmediatamente “torna a caer”, lo que permite hablar de un neoplatonismo problematizado o fallido, donde la experiencia vital corrige continuamente la teoría. Así, Garcilaso no niega el modelo, pero lo somete a una tensión constante entre ideal y realidad.
III. El texto y su relación con el sistema de valores (éthos).
El poema exalta el valor de la constancia. El sujeto lírico no se abandona al dolor, sino que se exhorta a resistir y a actuar. Esa actitud conecta con el ideal renacentista de la fortaleza moral y con una ética del dominio de sí. Además, enfatiza el valor del sufrimiento digno. El caballero no se rinde; "emprende a fuerza de brazos". Este concepto de esfuerzo personal está ligado al ideal de la nobleza de espíritu, un valor en ascenso frente a la nobleza de sangre. Además, el tópico de la Fortuna (v. 8) es un lugar común en la sociedad del XVI, marcado por la inestabilidad de las guerras y los cambios políticos del Imperio. La mención de la Fortuna remite a una visión del mundo en la que la vida humana está expuesta a cambios bruscos, pero también a la posibilidad de respuesta activa. El poema convierte así ese conflicto en una afirmación de dignidad personal.
IV. El público receptor y el consumo literario.
Ya hemos dicho que este poema no se escribió para la imprenta masiva, sino para una circulación manuscrita en círculos cortesanos y academias. Es un "texto en sociedad" que funciona como vínculo entre una minoría culta. La poesía servía para dar prestigio al autor y a su grupo social, demostrando una sensibilidad superior y un dominio técnico (el soneto italiano) que funcionaba como signo de distinción social.
c. Análisis de los elementos de la comunicación.
En este soneto pueden analizarse con claridad los principales elementos del proceso comunicativo.
EMISOR.
En el poema puede identificarse un yo lírico que expresa una experiencia interior (autoscopia) y la convierte en materia poética. Ese yo no es solo confesional: se desdobla, se exhorta y organiza su discurso con clara intención artística. Este desdoblamiento del sujeto no es solo temático, sino también retórico. La presencia del apóstrofe (“¡oh corazón cansado!”) y del imperativo reflexivo (“esfuerza”) revela la coexistencia de varias instancias del yo: un yo que sufre, un yo que analiza y un yo que exhorta. Como ya advirtió Lapesa, esta “autoscopia espiritual” constituye una de las grandes innovaciones de Garcilaso, pero puede precisarse aún más: el poema se configura como un espacio de deliberación interior, donde la identidad aparece escindida en múltiples funciones discursivas. En todo caso, desde una perspectiva comunicativa, es posible distinguir dos niveles de emisión:
- Emisor Real (Autor): proyecta en el poema una vivencia de carácter biográfico —probablemente relacionada con su amor por Isabel Freyre—, reelaborada conforme a los códigos y convenciones estéticas del petrarquismo renacentista.
- Emisor Ficticio / Hablante Lírico: El poema presenta un yo poético que experimenta una evolución interna. En los cuartetos se manifiesta como un sujeto doliente, sometido a la inestabilidad emocional; en los tercetos, en cambio, adopta una actitud activa y resolutiva, marcada por la afirmación de la voluntad. No se limita a expresar sentimientos, sino que dialoga consigo mismo y se exhorta a la superación.
Siguiendo la metodología de José María Díez Borque en su obra de referencia “Comentario de textos literarios. Método y práctica” (Madrid: Playor, 1985), el análisis de la actitud del autor es fundamental para entender la adecuación.
Aquí, al ser una composición lírica, la actitud del autor es interna e intimista, subjetiva-afectiva. El autor actúa como protagonista que interviene en la realidad, expresando su propia intimidad y un estado de ánimo concreto. Garcilaso no observa la realidad desde fuera, sino que da cuenta de su "miseria" y su lucha interna, Además, esta actitud se ve matizada por una actitud apostrófica, al interpelar a su propio corazón (v. 6) o dirigirse directamente a la amada (v. 13).
En este soneto, la actitud del autor ante la realidad exterior es de enfrentamiento heroico y estoico ante la realidad exterior. Efectivamente, la realidad exterior se presenta como una fuerza hostil (la Fortuna), caracterizada por la "áspera mudanza", la "miseria" y los "inconvenientes". En el Renacimiento esta era concebida como una fuerza caprichosa, inestable y ciega que regía el destino humano, a menudo representada sobre una rueda o una esfera. Aunque heredada de la Edad Media, los renacentistas, influidos por el humanismo, creían que el hombre podía dominarla mediante la “virtus” (inteligencia, valor y habilidad) y aprovechando la "ocasión". Por tanto, el poeta no evade la realidad, sino que la reconoce como un obstáculo físico ("monte", "prisión") que debe ser superada mediante la voluntad consciente.
Ahora bien, como el texto nace de una vivencia interior profunda que tiñe toda la realidad, la postura de Garcilaso es totalmente subjetiva, por más que intente racionalizarla. Esto es visible en el modo de disponer el soneto: comienza como un monólogo introspectivo (exposición de la caída de la esperanza), se transforma en una transmisión apelativa (el yo se desdobla para hablarle a su propio corazón) y culmina en una proclama o manifiesto dirigido a un "vos" (la amada), con una disposición de entrega y resolución final. La transmisión es, por tanto, un proceso de comunicación interna que termina proyectándose hacia un receptor externo. Y es que Garcilaso es el primer poeta que acierta a darnos la emoción de su propia intimidad, fundida en la belleza de la forma, pues como expresó el profesor Gonzalo Sobejano [El epíteto en la lírica española. Madrid: Gredos, 1956, pp. 216-17]: “La revolución que opera la poesía renacentista estriba, por su parte, mucho más en el cambio de rumbo de lo ético, didáctico, pedagógico y pragmático hacia lo puramente estético que en la conversión a lo subjetivo” [... De modo que], "el poeta renacentista habla ya libremente de sí mismo y analiza con demora y sin recato sus sentimientos, y que esto puede considerarse, en contraste con la falta de mostración de sí que al poeta medieval caracteriza, como una revolución de la perspectiva lírica·.
Por otro lado, si evaluamos el grado de presencia del autor a través de las marcas deícticas y afectivas, podemos constatar una implicación total del mismo, con la presencia de la primera persona (mi esperanza, mi grado, yo mismo, quitarme, veros). El autor no se esconde tras una máscara genérica; hay una identificación entre el sentimiento y la expresión. La implicación es tan alta que el texto se convierte en un “juramento personal”. El uso de términos como "carne y hueso" refuerza esta implicación matérica y vital: el poeta se compromete con todo su ser, no solo con su pensamiento.
Finalmente, analizamos el tono. Este es la actitud emocional del autor ante lo que está exponiendo. El tono en este soneto es evolutivo, yendo desde el patetismo inicial a la épica personal, como detallaremos en la estructura interna más pormenorizadamente:
- Tono de fatiga y desaliento (cuarteto 1): Es un tono lánguido, marcado por términos como "cansada" y "caer". El poeta se muestra vencido por la inercia del dolor.
- Tono doctrinal y exhortativo (cuarteto 2): El tono cambia hacia una gravedad sentenciosa. Al decir "que tras fortuna suele haber bonanza", el poeta adopta el tono de la sabiduría clásica (estoicismo).
- Tono heroico y épico (tercetos): Se produce una ruptura total. El tono se vuelve enérgico. Las palabras "brazos", "romper" y "fuerza" marcan un tono de desafío. Es el tono del caballero que se reafirma en su misión.
- Tono de trascendencia (final): El cierre adquiere un tono solemne y metafísico. Ya no hay queja, sino una afirmación rotunda que desafía las leyes naturales.
RECEPTOR.
El receptor aparece en varios niveles. En primer lugar, está el lector, que reconstruye el sentido del texto. En segundo lugar, está el propio corazón del hablante, al que se dirige directamente en un gesto de autoexhortación. Y, en tercer lugar, aparece la amada como destinataria implícita del impulso amoroso. Por eso, también en el receptor pueden distinguirse varios niveles:
- Receptor Real (Lector): El poema se dirige tanto al lector contemporáneo como al lector cortesano del siglo XVI, inserto en el ambiente cultural del reinado de Carlos V. Son diferentes y serán diferentes según el momento histórico en el que se lea el soneto.
- Receptor interno o destinatario: es dual.
- El propio Yo (Monólogo): Al dirigirse al "corazón cansado" (v. 6), el emisor se convierte en su propio receptor, creando una tensión dramática de autoexhortación y dominio racional sobre la emoción.
- El "Vos" (Tú Lírico): En el v. 13 ("quitarme de ir a veros"), aparece la figura de la amada como destinataria de la promesa de fidelidad eterna.
Podemos indicar que el Lector Ideal de este poema es aquel capaz de decodificar las alusiones neoplatónicas y la tradición del tópico “omni vincit Amor”.
MENSAJE.
En literatura, el mensaje posee un carácter marcadamente autorreferencial: no solo importa el contenido (lo que se dice), sino la forma artística en que este se construye (el cómo se dice). La emoción que se muestra en este soneto no se ofrece en estado bruto, sino organizada mediante una arquitectura muy precisa que intensifica el conflicto interior y culmina en una afirmación de firmeza.
- Forma del mensaje: Es un soneto perfectamente equilibrado y estructurado, como veremos en su análisis.
- Contenido: Afirmación de la supremacía de la voluntad amorosa frente al destino adverso.
- Función Poética: El texto llama la atención sobre su propia elaboración formal mediante los diversos ritmos que analizaremos (de cantidad, intensidad, timbre y tono) y los recursos retóricos empleados.
CÓDIGO
El código lingüístico es el castellano clásico renacentista, reconocible por el empleo de arcaísmos funcionales, el léxico característico del petrarquismo (como esperanza, mudanza o bonanza) y la adopción de la métrica italiana y una sintaxis latinizada.
Este código determina:
- Registro: Culto y elegante, acorde con el ideal renacentista de naturalidad expresiva, evitando la afectación (la famosa sprezzatura de Baltasar Castigione referida en su “Il cortegiano” (1528), consistente en no manifestar el esfuerzo, la técnica o el artificio detrás de una acción, logrando que todo parezca espontáneo, natural y sin esfuerzo, incluso si está meticulosamente estudiado. En otras palabras, la "despreocupación estudiada" o la "elegancia sin esfuerzo", para no caer en la petulancia):
“Pero pensando yo mucho tiempo entre mí de dónde pueda proceder la gracia…es huir cuanto sea posible el vicio que de los latinos es llamado ‘afetación’; nosotros, aunque en esto tengamos vocablo proprio, podremos llamarle ‘curiosidad o demasiada diligencia y codicia de parecer mejor que todos’. Esta tacha es aquella que suele ser odiosa a todo el mundo; de la cual nos hemos de guardar con todas nuestras fuerzas, usando en toda cosa un cierto desprecio o descuido, con el cual se encubra el arte y se muestre que todo lo que se hace y se dice, se viene hecho de suyo sin fatiga y casi sin haberlo pensado. De esto creo yo que nace harta parte de la gracia; porque comúnmente suele haber dificultad en todas las cosas bien hechas y no comunes; y así en estas la facilidad trae gran maravilla y, por el contrario, la fuerza y el ir cuesta arriba no puede ser sin mucha pesadumbre y desgracia y hácelas ser tenidas en poco por grandes que ellas sean; por eso se puede muy bien decir que la mejor y más verdadera arte es la que no parece ser arte” (I, 26).
- Connotación: Las palabras no tienen un solo significado. Por ejemplo, "monte" (v. 10) no es solo un accidente geográfico; en este código poético, simboliza el obstáculo vital y social; “prisión” (v. 12), motivo literario recurrente de la literatura medieval y renacentista, que conceptualiza el sentimiento amoroso como una cárcel física o espiritual donde el amante se encuentra encadenado, cautivo y sometido a la voluntad de la persona amada.
CANAL
Inicialmente, este soneto circuló manuscrito en los círculos cortesanos del entorno de Carlos V, donde era recitado y comentado en reuniones literarias, antes de ser fijado por escrito y publicado junto a las obras de Juan Boscán.
CONTEXTO
El contexto remite a la realidad extratextual evocada por el poema:
- Contexto de Producción: Es visible y manifiesta la cultura humanista del siglo XVI, especialmente el neoplatonismo de Marsilio Ficino y la tradición lírica italiana representada por autores como Pietro Bembo.
- Contexto de Recepción: La vigencia actual del poema, en el que la lucha entre esperanza y desconfianza (v. 4) sigue siendo un reflejo universal de la condición humana.
- Objeto Lírico: El sentimiento de esperanza y la figura de la amada inaccesible.
REFERENTE
En este texto podemos hablar de diferentes tipos de referentes:
1. El referente interno (el mundo del "Yo"). Es el referente principal, no es un objeto físico, sino un estado de conciencia. Por eso podemos distinguir, a su vez, entre:
- La realidad psíquica: El referente es el proceso de lucha interna del poeta. Garcilaso convierte sentimientos abstractos (esperanza, desconfianza) en referentes casi tangibles mediante la personificación.
- El desdoblamiento: El autor convierte su propio "corazón" en un referente externo al que apela, creando un juego de espejos comunicativo.
2. El referente externo (realidad física y simbólica). Garcilaso utiliza elementos del mundo exterior para dar cuerpo a su mensaje, de dos maneras, también:
- Naturaleza y geografía: El "monte" (v. 10) y la "bonanza" (v. 8) actúan como referentes. No son accidentes geográficos o climáticos reales en el poema, sino referentes metafóricos. El referente real es la "dificultad" y la "tranquilidad", respectivamente.
- El cuerpo humano: En el último verso, el referente se vuelve marcadamente físico: "carne y hueso". Aquí, el referente abandona la abstracción neoplatónica para anclarse en la realidad material del ser humano.
3. El referente cultural (intertextualidad)
Para que la comunicación sea eficaz, el emisor y el receptor deben compartir el conocimiento del referente cultural. De este modo, hay alusiones directas e indirectas a:
- La mitología y el pensamiento clásico, como vemos en la "Fortuna" (la rueda que sube y baja), que es un concepto cultural que el lector de la época identificaba inmediatamente. Sin este referente compartido, el verso 8 perdería su carga comunicativa.
- El código del "amor cortés": La "prisión" o la "muerte" por amor son referentes literarios preestablecidos que el autor utiliza para situar su mensaje en una tradición específica.
4. La ambigüedad del referente literario es plurivalente: una palabra como "muerte" (v. 12) tiene un referente biológico (el fin de la vida), pero en el contexto del poema funciona como un referente hiperbólico del obstáculo insuperable que la voluntad pretende vencer; el referente "vos" (la amada) es el centro de gravedad del poema. Aunque no se describe físicamente, es el referente que justifica toda la acción comunicativa.
Por todo ello, podemos concluir que el referente no es "el amor", sino la resilencia (el soneto no habla de "estar enamorado de Isabel y sus consecuencias", el poema habla de la "capacidad del hombre para sobrellevar cuanquier fracaso y levantarse, reconstruirse".
d. Intencionalidad comunicativa y funciones del lenguaje.
Es claro que la finalidad o intencionalidad de este texto es persuasiva y catártica. No es solo expresar, informar sobre sus sentimientos, sino objetivar un conflicto interior para dominarlo. Así, el autor busca inicialmente persuadirse a sí mismo con un soliloquio (y al lector) de que la voluntad humana es superior al destino. Pero, además, busca establecer una comunión afectiva con el receptor inicial (Isabel Freyre). Y como obra literaria, el texto pretende que el lector experimente la misma "fatiga" y la misma "resolución heroica" que el yo poético.
Queda caro que la intencionalidad de Garcilaso (la tesis que defiende en este soneto) es, pues, convencer al receptor (tanto a sí mismo, como a la amada "vos", Isabel Freyre, como al lector ideal) de que la esencia del ser humano (la voluntad amorosa) es superior a las contingencias físicas (prisión) y biológicas (muerte). Para ello emplea una estructura argumentativa dentro de un marco lírico, construyéndolo bajo la base del tópico “Omnia Vincit Amor” (el amor todo lo vence). No es un lamento pasivo, sino un manifiesto de resistencia heroica donde el lenguaje poético sirve para sellar un compromiso inquebrantable que desafía las leyes de la naturaleza.
Por otro lado, podemos señalar que, analizando las funciones del lenguaje, predomina la función poética (embellecimiento mediante el ritmo y la metáfora), la función expresiva (manifestación del dolor interno) y la función apelativa (cuando el yo se dirige a su propio corazón).
- Función dominante: la poética: El texto expone unos sentimientos de manera embellecida, con voluntad de estilo, importando cómo se dice: en endecasílabos, a través de un soneto, elevando una anécdota personal a la categoría de arquetipo neoplatónico.
- Función primaria: la expresiva o emotiva: el texto está centrado en el emisor. Los rasgos lingüísticos que lo demuestran son los deícticos de primera persona (mi esperanza, yo mismo, ir a veros) y el léxico valorativo (áspera, miseria, cansado). El yo manifiesta su estado de "miseria" (v. 7), "áspera mudanza" (vv. 5-6), pasando por "mil inconvenientes" (v. 11). Si nos detenemos en los cuartetos, advertimos que el emisor busca comunicar un estado de derrota moral. La intención es testificar la inestabilidad de la condición humana mediante la antítesis entre "esperanza" y "desconfianza" (primer cuarteto).
- Función secundaria: la apelativa o Conativa): Aunque no hay un receptor externo explícito que deba actuar, el autor interpela a su propio corazón ("esfuerza", v. 7) y a la amada ("veros", v. 13). La intención es provocar una reacción: en el yo, el esfuerzo; en la amada, el reconocimiento de su fidelidad. Si atendemos a los versos 6-7, al dirigirse a su propio corazón ("¡Oh, corazón cansado! / esfuerza..."), el yo poético no solo informa de su dolor, sino que intenta modificar su propia actitud. Es un acto de voluntad racional sobre el desfallecimiento sentimental. Y si nos detenemos en los tercetos, vemos cómo se dirige a la amada.
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2. COHERENCIA.
a) Tipología.
El texto pertenece al género lírico, al subgénero de la canción amorosa, bajo la forma de un soneto (composición de catorce versos endecasílabos estructurados en dos cuartetos y dos tercetos).
b) Resumen.
Se expresa la inestabilidad emocional del hablante, cuya esperanza se eleva y cae continuamente, dando paso a la desconfianza y al cansancio interior. Ante esta situación, el yo poético se reprocha su debilidad y se exhorta a resistir, recordando que tras la adversidad suele llegar la mejora. Finalmente, afirma con firmeza que su voluntad amorosa es invencible, capaz de superar cualquier obstáculo, incluso la muerte o el encarcelamiento, con tal de alcanzar a la amada, ya sea en cuerpo o en espíritu.
c) Argumento.
En este soneto, el argumento sigue una línea de tensión ascendente: primero, se presenta la inestabilidad emocional del yo. Después, se formula una reflexión sobre la dureza del cambio y una llamada a la fortaleza. En tercer lugar, el sujeto adopta una actitud activa y decide enfrentarse a los obstáculos. Por último, declara que nada impedirá su fidelidad a la amada:
- Primer paso (vv. 1-4): El yo lírico experimenta un fracaso anímico; la esperanza se agota y es sustituida por la desconfianza.
- Segundo paso (vv. 5-8): El poeta reflexiona sobre la dureza del cambio de fortuna, pero introduce una nota de consuelo tradicional: tras la tempestad (fortuna) viene la calma (bonanza).
- Tercer paso (vv. 9-11): El autor toma una determinación activa; decide emplear su propia fuerza física y espiritual para vencer obstáculos casi imposibles ("romper un monte").
- Cuarto paso (vv. 12-14): Se declara la victoria final. Ningún impedimento físico o legal, ni siquiera la muerte, impedirá el encuentro con la amada, ya sea como ser vivo o como espíritu.
Sin duda, el yo lírico describe la oscilación de su esperanza, que se eleva y cae repetidamente hasta dejar paso a la desconfianza y al cansancio interior (v. 1-4, de evidente influencia petrarquista: «però ch'ad ora ad ora/ s'erge la speme e poi non sa star ferma;/ ma ricadendo afferma / di mai non veder lei che'l ciel onora», Canzioniere, XXXVII, vv. 107-110).
Ante esta situación, se exhorta a sí mismo a resistir y a mantener la firmeza (con ecos de Ausias March: “«Cor malastruch , enfastijat de viure../ Com soferràs los mais qui' t son devant?», XI, I, vv. 2-4), recordando que tras la adversidad suele llegar la mejora, esto es, tras la queja existencial hace una llamada al optimismo estoico (v. 5-8), también con resonancias petrarquistas («mantienti, anima trista: / che sai s'a miglior tempo anco ritorni?», Canzioniere, XXXVII, vv. 11-13).
Finalmente, afirma con determinación que su voluntad amorosa es más fuerte que cualquier obstáculo, incluso la muerte o la prisión, y que nada podrá impedirle ir al encuentro de la amada, ya sea en espíritu o en cuerpo (v. 9-14, terminando por traducir literalmente el verso de Petrarca: «o spirto ignudo od uom di carne e d'ossa»).
[cfr.: Vega, Garcilaso de la. Obra poética (ed. de Bienvenido Morros con estudio preliminar de R. Lapesa). Barcelona: Crítica, 2001].
d)Tema.
Cualquiera de esos tres sintagmas puede recoger el tema:
Persistencia de la voluntad amorosa frente a la adversidad y la muerte
Firmeza de la voluntad amorosa frente a la adversidad y la inestabilidad de la fortuna.
Decisión inquebrantable de la voluntad amorosa de sobreponerse a cualquier adversidad del destino.
Este tema es el que convierte a Garcilaso en un hombre moderno: el destino ya no es algo que se acepta (como en Edad Media: lo quiere Dios), sino algo que se combate, se lucha, se gana (propio del Renacimiento, que luego, más adelantado el siglo, con la Contrarreforma, derivará en el libre albedrío).
e) Subtemas o motivos.
Aparecen varios motivos relevantes:
El motivo de la inestabilidad de la esperanza, que provoca desconfianza: el motivo de la caída y el cansancio psicológico (vv. 1-4).
El tópico de la Fortuna mutabile, como fuerza adversaria: la idea de que tras el mal viene el bien (v. 8).
El motivo del vitalismo antropocéntrico o esfuerzo de la voluntad: el hombre como fuerza capaz de transformar la naturaleza (el motivo de "romper un monte", v. 10).
El uso del neoplatonismo, con la oposición entre materia y espíritu: la supervivencia de la esencia amorosa más allá del cuerpo físico (vv. 12-14), que conlleva el tópico Amor post mortem
f) Estructura externa
Ritmo de cantidad.
Silabeamos, haciendo la escansión de los versos:
|
versos |
sílabas |
|
un-ra-to-se-le-van-ta-mi-es-pe-ran-za |
12 |
|
mas-can-sa-da-de-ha-ber-se-le-van-ta-do |
12 |
|
tor-na-a-ca-er-que-de-ja-mal-mi-gra-do |
12 |
|
li-bre-el-lu-gar-a-la-des-con-fian-za |
11 |
|
quién-su-fri-rá-tan-ás-pe-ra-mu-dan-za |
11 |
|
del-bien-al-mal-oh-co-ra-zón-can-sa-do |
11 |
|
es-fuer-za-en-la-mi-se-ria-de-tu-es-ta-do |
13 |
|
que-tras-for-tu-na-sue-le-ha-ber-bo-nan-za |
12 |
|
yo-mis-mo-em-pren-de-ré-a-fuer-za-de-bra-zos |
13 |
|
rom-per-un-mon-te-que-o-tro-no-rom-pie-ra |
12 |
|
de-mil-in-con-ve-nien-tes-muy-es-pe-so |
11 |
|
muer-te-pri-sión-no-pue-den-ni-em-ba-ra-zos |
12 |
|
qui-tar-me-de-ir-a-ve-ros-co-mo-quie-ra |
12 |
|
des-nu-do-es-pí-ri-tu-o-hom-bre-en-car-ne-y-hue-so |
16 |
Todos los versos acaban en palabra llana, por lo que, aplicando la Ley del acento final, se quedan igual en su cómputo inicial. A aquellos versos que no tienen en su cómputo 11 sílabas debemos aplicarles diversas licencias poéticas:
|
versos |
sílabas |
|
un-ra-to-se-le-van-ta-miᴗes-pe-ran-za |
11 |
|
mas-can-sa-da-deᴗha-ber-se-le-van-ta-do |
11 |
|
tor-naᴗa-ca-er-que-de-ja-mal-mi-gra-do |
11 |
|
li-breᴗel-lu-gar-a-la-des-con-fï-an-za |
11 |
|
quién-su-fri-rá-tan-ás-pe-ra-mu-dan-za |
11 |
|
del-bien-al-mal-oh-co-ra-zón-can-sa-do |
11 |
|
es-fuer-zaᴗen-la-mi-se-ria-de-tuᴗes-ta-do |
11 |
|
que-tras-for-tu-na-sue-leᴗha-ber-bo-nan-za |
11 |
|
yo-mis-moᴗem-pren-de-réᴗa-fuer-za-de-bra-zos |
11 |
|
rom-per-un-mon-te-queᴗo-tro-no-rom-pie-ra |
11 |
|
de-mil-in-con-ve-nien-tes-muy:-es-pe-so |
11 |
|
muer-te-pri-sión-no-pue-den-niᴗem-ba-ra-zos |
11 |
|
qui-tar-me-deᴗir-a-ve-ros-co-mo-quie-ra |
11 |
|
des-nu-doᴗes-pí-ri-tuᴗoᴗhom-breᴗen-car-neᴗy-hue-so |
11 |
Ritmo de intensidad.
|
|
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
6 |
7 |
8 |
9 |
10 |
11 |
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1 |
un |
ra |
to |
se |
le |
van |
ta |
miᴗes |
pe |
ran |
za |
|
2 |
mas |
can |
sa |
da |
deᴗha |
ber |
se |
le |
van |
ta |
do |
|
3 |
tor |
naᴗa |
ca |
er |
que |
de |
ja |
mal |
mi |
gra |
do |
|
4 |
li |
breᴗel |
lu |
gar |
a |
la |
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con |
fï |
an |
za |
|
5 |
quién |
su |
fri |
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dan |
za |
|
6 |
del |
bien |
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oh |
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zón |
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|
7 |
es |
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|
8 |
que |
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bo |
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|
9 |
yo |
mis |
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|
10 |
rom |
per |
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|
11 |
de |
mil |
in |
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ve |
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muy: |
es |
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so |
|
12 |
muer |
te |
pri |
sión |
no |
pue |
den |
niᴗem |
ba |
ra |
zos |
|
13 |
qui |
tar |
me |
deᴗir |
a |
ve |
ros |
co |
mo |
quie |
ra |
|
14 |
des |
nu |
doᴗes |
pí |
ri |
tuᴗoᴗhom |
breᴗen |
car |
neᴗy |
hue |
so |
El ritmo versal es yámbico, por caer en la sílaba 10ª.
Casi todos los versos (8) son sáficos (acentos en 4ª y 6ª o en 4ª y 8ª), algunos de ellos son sáficos plenos (acento en 1ª-4ª-6ª-8-10ª), como el v. 3 y 14.
Hay tres versos heroicos (vv. 1, 7 y 11), dos enfáticos (vv. 9 y 12) y uno melódico (v. 2).
Hay un verso con acento antirrítmico en la 7ª sílaba (v. 9).
El ritmo de los sáficos es pausado, de gran musicalidad.
Ritmo de timbre.
La rima en -anza (esperanza, desconfianza, mudanza, bonanza) es grave y sonora. La recurrencia de fonemas nasales (/n/) y fricativos (/z/) crea una sensación de continuidad y pesadez, acorde con el estado de "cansancio" del alma. En los tercetos, la rima cambia a sonidos más secos y variados (-azos, -era, -eso), lo que marca fónicamente la ruptura con la melancolía de los cuartetos y el inicio de la acción.
Ritmo de tono.
Los encabalgamientos son muy significativos. Si nos fijamos en el primer cuarteto, por ejemplo, el pensamiento no se detiene en la pausa versal, sino que "cae" hacia el verso siguiente, igual que la esperanza del poeta "torna a caer" (v. 3). Es el ritmo del desaliento. Y si analizamos el segundo cuarteto, los versos 5 y 6, que están encabalgados abruptamente, generan un "puente de dolor" que une la abstracción del concepto con la crudeza de la realidad, con la fractura entre el Núcleo del Sintagma Nominal ("mudanza") y su Complemento del Nombre ("del bien al mal"). Según la clasificación de Antonio Quilis, este es un encabalgamiento de alta intensidad. Esta pausa física mimetiza la vacilación y el vértigo que produce un cambio brusco de fortuna. El lector "sufre" la espera del desenlace. Al colocar "del bien al mal" al principio del verso 6, tras el salto del encabalgamiento, estas palabras reciben un acento de posición (reforzado por ser el inicio de la unidad sintáctica recuperada). La caída "al mal" se siente más violenta y definitiva por estar desplazada. Las pausas, los encabalgamientos suaves y la disposición de los adjetivos no son accesorios; son la partitura de un suspiro. Garcilaso traslada al castellano la suavidad petrarquista, pero la dota de una gravedad castellana, una terribilitá contenida que huye de la estridencia barroca para instalarse en una elegancia dolorosa. Y en los tercetos, especialmente entre el verso 9 y 10 (...yo mismo emprenderé… / romper...), el encabalgamiento adquiere una función de acumulación de energía, que refuerza la imagen de dinamismo y potencia del Yo poético.
Por otro lado, también hay muchas las pausas mediales (/), puramente sintácticas, que cortan e interrumpen el ritmo. Por ello, encontramos varios braquistiquios, esas partes del verso delimitadas por pausas sintácticas de las que al menos alguna de las dos es medial y no comporta rotura de sinalefas ni compensación silábica (y que suelen ser de entre 2-4 sílabas).
Las pausas Estróficas (III) funcionan como silencios reflexivos que permiten el cambio de actitud (del pesimismo de los cuartetos al heroísmo de los tercetos).
Finalmente, las esticomitias o coincidencia entre la unidad sintáctica y el verso se localizan estratégicamente en los momentos de máxima reflexión.
g) Estructura interna
Si nos fijamos en el desarrollo del contenido temático, podemos dividir en soneto en cuatro partes:
Primer cuarteto (vv. 1‑4)
El yo lírico expresa la inestabilidad de su esperanza, que se eleva momentáneamente, pero vuelve a caer agotada, dejando paso a la desconfianza. Se presenta así un estado de oscilación emocional y de desaliento interior.
Segundo cuarteto (vv. 5‑8)
El hablante reflexiona sobre la dureza de ese cambio del bien al mal y se dirige a su propio corazón, al que exhorta a resistir en medio de la adversidad. Introduce una nota de esperanza racional al recordar que, tras la mala fortuna, suele llegar la bonanza.
Primer terceto (vv. 9‑11)
El yo poético adopta una actitud activa y decidida: afirma que está dispuesto a afrontar y superar obstáculos aparentemente insalvables, simbolizados en la imagen del monte espeso de inconvenientes, mediante la fuerza de su voluntad.
Segundo terceto (vv. 12‑14)
Finalmente, declara que ni la muerte, ni la prisión, ni ningún impedimento físico podrán apartarlo de su propósito de ir al encuentro de la amada. La fidelidad amorosa se presenta como absoluta y eterna, válida tanto en cuerpo como en espíritu.
Esta estructura tiene un formato de clímax ascendente (clímax progresivo), tanto temático como expresivo, que culmina en los versos finales: parte del desaliento provocado por la inestabilidad de la esperanza, progresa hacia una reacción racional y una afirmación creciente de la voluntad, y culmina en una resolución final donde el amor se impone incluso a la muerte.
No obstante, desde un punto de vista estructural, el soneto no presenta un desarrollo lineal, sino una dinámica cíclica. El movimiento de ascenso y caída descrito en los cuartetos no queda definitivamente superado en los tercetos, sino que estos introducen una reacción voluntarista que, implícitamente, está destinada a repetirse. En este sentido, según Dámaso Alonso [Poesía española: ensayo de métodos y límites estilísticos. Madrid: Gredos, 1962], la composición puede interpretarse como la representación de un ciclo emocional reiterativo, en el que la esperanza y el desengaño se suceden sin resolución definitiva.
3. COHESIÓN.
a. Léxico.
Vamos a estudiar ahora la naturaleza del léxico, las asociaciones de significado (campos semánticos) y los tropos (metáfora, metonimia, etc.) que transforman el lenguaje denotativo en connotativo.
I. Si atendemos a los rasgos léxicos, observamos que el vocabulario del poema se ha conformado en dos grandes campos semánticos que colisionan dialécticamente, estableciéndose una dialéctica de contrarios:
El campo de la inestabilidad y el sufrimiento (pasividad)
Predomina en los cuartetos. Las palabras evocan un movimiento descendente o un estado de postración.
- Sustantivos: imperan los términos abstractos y psicológicos: esperanza, desconfianza, mudanza, miseria, estado, inconvenientes.
- Adjetivos: cansada (v. 2), áspera (v. 5), cansado (v. 6), espeso (v. 11).
- Verbos de decaimiento: torna a caer (v. 3), deja (v. 3), sufrirá (v. 5).
El campo de la acción y la resistencia (actividad)
Predomina en los tercetos. El léxico se vuelve físico, casi épico.
- Sustantivos: Se produce un desplazamiento semántico hacia lo concreto y físico: fuerza, brazos, monte, espíritu, hombre, carne, hueso.
- Verbos de voluntad: esfuerza (v. 7), emprenderé (v. 9), romper (v. 10), pueden (v. 12).
Y si entramos en más detalles, se puede hablar de un campo léxico de le verticalidad, pues el poema juega con el eje arriba-abajo continuamente ("levanta-cae-monte-levantado"). Semánticamente, el éxito es "subir" y el fracaso "caer", referido siempre al estado anímico del poeta.
Además podemos establecer:
Las familias léxicas. La repetición de la raíz de "levantar" (levanta / levantado, vv. 1-2) funciona como un mecanismo de cohesión que enfatiza la fatiga. Es un léxico de esfuerzo baldío.
La sinonimia y antonimia
- Antonimia estructural: El poema se mueve en el eje de la esperanza frente a la. desconfianza y el Bien frente al Mal. Esta estructura léxica binaria es la que permite la progresión del pensamiento.
- Sinonimia “de la dificultad”: mudanza, miseria, inconvenientes, muerte, prisión, embarazos. Todos estos términos actúan como sinónimos funcionales de "obstáculo".
II. Si entramos a detallar las estructuras morfosintácticas de este soneto, en primer lugar debemos destacar que en los cuartetos detectamos un estilo nominal/estático), pues predominan los sustantivos que designan conceptos abstractos o estados (esperanza, desconfianza, mudanza, bien, mal). Los verbos que aparecen indican procesos inevitables o estados de ánimo (se levanta, torna a caer, deja). La morfosintaxis refuerza aquí la idea de un sujeto que "padece" la realidad. En cambio, en los tercetos reconocemos un estilo verbal/dinámico, pues se produce una irrupción de verbos de acción y voluntad (emprenderé, romper, quitarme, ir). El texto se vuelve dinámico. La sintaxis ya no describe un estado, sino que proyecta una acción futura.
Por tanto, podemos establecer este breve esquema:
Estilo Nominal (Cuartetos): Predominan los sustantivos abstractos (esperanza, desconfianza, mudanza). El ritmo es lento porque describe un estado de ánimo estático.
Estilo Verbal (Tercetos): El poema se "acelera" con verbos de acción y voluntad: emprenderé, romper, quitarme, ir.
El valor del nexo: El uso del nexo adversativo "mas" en el verso 2 ("mas... torna a caer") actúa como un mazo que golpea la esperanza del poeta, reforzando sintácticamente la fatalidad del destino.
- "cansada de haberse levantado",
- "áspera mudanza" (v. 5): El adjetivo "áspera" desplaza el concepto abstracto del cambio a una sensación táctil de dolor e irritación
- "corazón cansado",
- "inconvenientes muy espeso" (v. 11): Aquí hay una hipálage o un uso metafórico del léxico forestal aplicándolo a conceptos abstractos. Los problemas no son solo "muchos", son "espesos", como una selva que impide el paso ("selva selvaggia" dantesca).
No son adjetivos descriptivos externos, sino epítetos que transfieren el sentimiento del poeta al objeto. El uso de "cansado/a" repetido en los versos 2 y 6 actúa como un eje morfológico de cohesión que subraya el agotamiento.
IV. Por otro lado, el cierre léxico es magistral por su equilibrio entre lo espiritual y lo material (aunque el verso no sea suyo, como hemos visto): "desnudo espíritu o hombre en carne y hueso"
- Espíritu: Vocablo de tradición neoplatónica (lo eterno).
- Carne y hueso: Binomio léxico de gran realismo. Garcilaso huye del idealismo puro para reclamar la totalidad del ser. El uso de "hueso" aporta una dureza léxica que cierra el poema con una contundencia física innegable.
V. Igualmente el verbo actúa como motor de la voluntad. Veamos la evolución de las formas verbales:
- Presente de indicativo (vv. 1-4): Describe una situación fáctica de derrota (levanta, torna, cae, deja)., estático, describiendo una rutina de dolor.
- Imperativo (v. 7): Aparece la voz de mando (esfuerza).
- Futuro de intención (v. 9): "Yo mismo emprenderé". El futuro no es aquí un tiempo cronológico, sino un tiempo volitivo. Es la determinación del "Yo", indicando el paso del "sufrimiento pasado" a la "acción futura".
V. Finalmente, vamos a hablar del paso del léxico denotativo a connotativo:
Corazón (v. 6): No es el órgano, es el símbolo del centro de las emociones y, en este caso, de la resistencia moral.
"Espeso" (v. 11): Denotativamente refiere a la densidad de un bosque, pero aquí connota la asfixia y la imposibilidad de avanzar entre los "inconvenientes".
Prisión (v. 12): En el código del amor cortés, la prisión es tanto la cárcel real como la cárcel del amor o el propio cuerpo que limita al alma.
"Desnudo espíritu" (v. 14): Connota la pureza del amor platónico, que se despoja de lo material para alcanzar la visión de la amada.
b. Análisis de las figuras literarias.
I. En el plano fónico-fonológico.
La rima consonante, la repetición de sonidos nasales y la cadencia de los endecasílabos contribuyen a crear un tono grave y reflexivo. La música del poema acompaña la oscilación afectiva del hablante. Veámoslo:
- Aliteración (repetición de sonidos): de nasales (/n/, /m/): "Un rato se levanta mi esperanza / Tan cansada..." (vv. 1-2). La repetición de la consonante nasal sugiere un tono de queja lánguida, un murmullo de fatiga que refuerza el semantismo de la palabra "cansada". De vibrantes (/r/): "Romper un monte, que otro no rompiera" (v. 10). La reiteración del fonema vibrante múltiple y simple simula el esfuerzo físico y la dureza de la acción. Es una aliteración con valor onomatopéyico, pues evoca el sonido de la fractura o el esfuerzo de los "brazos".
- Paranomasia (proximidad de sonidos similares): "esperanza" / "Desconfianza" / "Mudanza" / "Bonanza": Aunque forman parte de la rima, su acumulación fónica en los cuartetos crea un eco constante que refuerza la obsesión del poeta por el cambio de fortuna. La similitud fonética vincula conceptos abstractos en la mente del receptor.
- Similicadencia (Rima interna y final): Se observa en la terminación de los versos de los cuartetos con el sufijo -anza. Esta repetición de sonidos graves y largos contribuye a la solemnidad del tono.
II. En el plano morfosintáctico.
La estructura latinizante y recurrente es el aspecto más significativo. Veámoslo:
- Hipérbaton (v. 1-4): "Un rato se levanta mi esperanza / Tan cansada... torna a caer". Aquí el orden sintáctico se dilata, mimetizando el esfuerzo de la esperanza por subir y su caída. También lo localizamos en los tercetos (v. 10-11): "romper un monte... de mil inconvenientes muy espeso". La separación (mediante encabalgamiento) del sustantivo ("monte") de su CN ("espeso") mediante un inciso crea una tensión sintáctica que obliga al lector a realizar un esfuerzo de comprensión, similar al esfuerzo físico de "romper" que describe el verso.
- Paralelismo y Bimembración (v. 14): "desnudo espíritu o hombre en carne y hueso". Es una estructura bimembre doble que equilibra la frase al final del poema, otorgando rotundidad y cierre a la idea principal.
- Políptoton (variación de la forma de una palabra). Recurrencia de la raíz sonora: "Levanta" / "Levantado" (vv. 1-2) y "Romper" / "Rompiera" (v. 10). La repetición de la base fonética enfatiza la acción: primero el ascenso inútil y luego la potencia de la voluntad.
- Asíndeton (omisión de conjunciones), a lo largo de todo el poema, visible, por ejemplo en el verso 12: ("Muerte, prisión... ni embarazos"), acelerando en este caso el ritmo, dando una sensación de urgencia y decisión.
- Es importante analizar la persona gramatical y los tiempos verbales: La presencia de la 1ª persona (mi esperanza, mi grado, yo mismo, quitarme) marca el carácter lírico y la implicación total del autor. Y el futuro de voluntad (v. 9): "emprenderé", que no es un futuro de probabilidad, sino un futuro de determinación es el punto donde el poema deja de ser un lamento para ser un compromiso. El Imperativo (v. 7): "esfuerza", marca el cambio de dirección sintáctica y vital del texto.
III. En el plano semántico.
Predominan la antítesis, la personificación y la hipérbole. La esperanza y la desconfianza se oponen, la Fortuna adquiere valor casi personificado y los obstáculos se magnifican para subrayar la fuerza de la resolución final. Específicamente:
- Personificación (Prosopopeya): se atribuyen cualidades humanas (cansancio físico, acción de levantarse) a un concepto abstracto (la esperanza): "Un rato se levanta mi esperanza / Tan cansada de haberse levantado" (vv. 1-2). No es solo una figura; es una esperanza que actúa como un ser físico agotado
- Metáfora (Metáfora de la dificultad): "romper un monte" (v. 10). El "monte" no es un accidente geográfico real, sino un término metafórico que sustituye a los "obstáculos", "dificultades sociales" o "impedimentos amorosos". El verbo "romper" connota una violencia y una energía que el autor opone a la pasividad del inicio.
- Metonimia: "en carne y hueso" (v. 14). Se utiliza la parte (el material biológico) para designar al todo (el hombre vivo).
- Alegoría: El poema en su conjunto puede leerse como una alegoría de la psicomaquia (lucha del alma). Los elementos (esperanza, desconfianza, fortuna, monte) se encadenan para representar el proceso de superación moral del caballero renacentista.
- Antítesis (oposición de conceptos): Es la figura constructora del poema: "del bien al mal" (v. 6); "esperanza" / "desconfianza" (vv. 1-4), "fortuna" / "bonanza" (v. 8) y "desnudo espíritu" / "hombre en carne y hueso" (v. 14). La antítesis refuerza la inestabilidad vital del poeta. El mundo de Garcilaso es un mundo de contrastes violentos donde el sentimiento nunca es estático.
- Interrogación Retórica: "¿Quién sufrirá tan áspera mudanza / del bien al mal?" (vv. 5-6).Aquí no busca respuesta, sino enfatizar la intensidad del dolor. Semánticamente, sirve para que el lector se involucre en el sufrimiento del emisor.
- Apóstrofe: "¡Oh, corazón cansado!" (v. 6). El yo se dirige a un objeto inanimado o a una parte de sí mismo como si fuera un ser capaz de responder. Esto marca el desdoblamiento del sujeto lírico y su necesidad de autoexhortación.
- Hipérbole: "Yo mismo emprenderé a fuerza de brazos / romper un monte, que otro no rompiera" (vv. 9-10). La exageración de las capacidades físicas del poeta sirve para subrayar la magnitud de su fuerza espiritual. Semánticamente, eleva al protagonista a la categoría de héroe mítico o titán.
En definitiva, podemos concluir diciendo que el Soneto IV trasciende la expresión de un conflicto amoroso para convertirse en la formulación de una tensión existencial más amplia. Como ha señalado I. Navarrete [Orphans of Petrarch: Poetry and Theory in the Spanish Renaissance. Berkeley: University of California Press, 1994], Garcilaso introduce en la tradición petrarquista una conciencia crítica que impide la plena identificación con el ideal. De este modo, el poema no ofrece una resolución, sino una ética de la persistencia: la afirmación de la voluntad frente a un destino adverso, aun cuando dicha afirmación esté condenada al fracaso.
BIBLIOGRAFÍA.-
Recomendamos visitar:
El Portal de Garcilaso de la Vega en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: https://www.cervantesvirtual.com/portales/garcilaso_de_la_vega/
Del mismo modo es necesario visitar el Portal La Web de Garcilaso: https://www.garcilaso.org/
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